Del Cantábrico a dos mares: “Georgia, contrastes y pueblos inalcanzables”

Una vez que hemos pasado la frontera de Georgia, aparece un paisaje salpicado de vacas sueltas por la carretera que me recuerdan a mi anterior viaje a la India, solo que aquí, no son sagradas y nadie las respeta, por lo que más vale que salgan “por patas”.

Agustí, el otro viajero continúa su ruta hacia los países del “TAN” y una Georgia entera está por descubrir, con sus grandes contrastes entre la antigua Unión Soviética y su “europeidad”.

Y nos fuimos a más de 1500 metros en Mestia

Mestia, región de Svaneti, en plena cordillera del Cáucaso, llegar es más o menos fácil, aunque la carretera tiene muchas irregularidades y de vez en cuando alguna pista que otra. Es una región con lengua e historia propia que vivió completamente aislada hasta hace poco más de de veinte años ya que apenas llegaban turistas.

Es una región salpicada de torres medievales en las que se venían a refugiar y defender familias cuando tenían enfrentamientos entre ellas o los saqueadores árabes cruzaban puntualmente las montañas para robar a sus habitantes y esto sucede en todas las poblaciones de los SUANS que así se les conoce, pero en Mestia el número de torres supera las treinta entre montañas de más de 4000 y 5000 metros. Svaneti presume de de tener en su territorio los cuatro picos más altos de la cordillera del Cáucaso, siendo el pico Ushba uno de los más ingobernables de los escaladores de medio mundo.

Allí en esta zona está USHGULI, el pueblo más alto de “Europa” habitado.

Llegamos a Mestia por sinuosas carreteras esquivando vacas y cerdos que pacen y se tumban a sus anchas, entre un paisaje salpicado de casas georgianas y una mezcla de edificios de la antigua Unión Soviética y carreteras que en cuanto dejan de ser principales se convierten en pistas de off orad.

Es una carretera estrecha, hemos de ir con cuidado por la conducción a “la georgiana”, que toma las curvas rectas y van como si no hubiese un mañana. Un gran lago aparece bordeando la carretera durante muchos kilómetros y en medio un peculiar bar donde todos los viajeros dejan su firma, y como no podíamos ser menos, allí quedó España en el muro.

De vez en cuando la deteriorada carretera se transforma en pistas de off road, y la verdad ¡cómo disfrutamos del día!, el paisaje, las pistas, el entorno, todo hacia que fuese especial para todos los sentidos., hasta el punto de olvidarnos de que casi no teníamos gasolina y menos mal que al final Lusi aguanto bien, porque la reserva me dura 75 kilómetros y conseguí estirarla hasta 79 ¡ buff!

Uplistsikhe o pequeña Capadocia turca

A catorce kilómetros de Gori; tenemos que deshacer parte de la ruta de montaña que nos había llevado a Mestia, no había otra carretera, así que siguiendo ésta y paralela al río Mtkvaria, llegamos a Uplistisikhe que significa “FORTALEZA DEL SEÑOR”.

Habitada desde hace ya 4000 años y calculando que tuvo una población de más de 20.000 personas se parece (para los que conocéis Turquía) a Capadocia, pero pequeña. La moldeabilidad de las rocas permitió construir graneros, bodegas, iglesias, así como casas de personas que vinieron de otros lugares a buscar la prosperidad que ofrecía este sitio.

Era el centro de muchas rutas comerciales con Irán, de hecho en la carretera, aparece “IRAN MIL CIENTO Y PICO KILÓMETROS”, y además una ruta secundaria de la seda.

Se divisa el pueblo a lo lejos, entre una especie de desierto, un meandro y una zona absolutamente verde ¡todo un contraste!, las motos, en un camino empedrado encuentran sitio para esperarnos a la sombra.

Es cierto que se parece a Capadocia, aunque desde luego más, mucho más pequeña, pero de gran encanto, con una especie de bodegas enterradas para el vino; Georgia sobre todo en esta zona, es famosa por sus preciados vinos, que dicho sea de paso ESTÁN MUY BUENOS.

En aquella cima de Uplistskhe, al lado de aquella pequeña iglesia ortodoxa, siento paz, tranquilidad, sosiego, bienestar; estas sensaciones que son difíciles de describir y plasmar en un papel, ¡Hay que estar allí!. El viento sopla fuerte, y la temperatura es de 42 grados que soporto perfectamente (los que me conocéis sabéis que por debajo de 25 grados tengo frío jejejej).

Una vez realizada la visita, comemos en un bar lleno de fotos y recuerdos de Stalin, donde el dueño nos cuenta toda su historia y nos saca vino de esas bodegas que tiene excavadas en las rocas, bajo el suelo. La comida georgiana es muy saludable, mucha verdura, fruta, y mucho pollo…Todo muy rico.

Nos aventuramos por unas pistas y Lusi, mi BMW F 700 GS se fue al suelo, toqué demasiado el freno delantero y …¡¡¡¡ CAIDA TONTA!!!, pero no pasó nada, más que la anécdota de preguntarnos si fue la PIBA (cerveza en georgiano) la que tiró a Lusi jejejejej.

Nos alojamos en una Guest House, muy recomendable que nos acercó más a la vida georgiana; sus dueños afables nos querían ayudar y facilitar todo, nos encontramos tan bien que decidimos quedarnos una noche más; la mujer cocinaba para nosotros cada día algo diferente y todos los huéspedes que llegaban querían fotos con las motos.

Tbilisi, la capital de Georgia

Tbilis o Tiflis, significa lugar de aguas termales; cuenta la leyenda que el rey Vakhtangi estaba en el bosque mientras su halcón perseguía a un faisán, éste cayó a un manantial de agua y vieron salir vapor, así que sorprendidos por la abundancia de agua caliente construyeron una ciudad en este sitio. En el casco antiguo de la ciudad se puede ver una estatua ecuestre de este rey.

Ha sido una ciudad que ha estado en manos de persas, árabes, mongoles, timúridas y rusos, y en medio algún que otro rey georgiano, pero siempre interrumpido por invasiones de los citados anteriormente; supongo que todo esto hace de esta ciudad una extraña pero bonita mezcla de diferentes culturas que se nota a cada paso que das por su casco antiguo, un verdadera joya de callejuelas por las que merece la pena perderse; casas antiguas con preciosas blasonadas de lo que en su día fue la época próspera y que ahora se entremezclan con enormes edificios. Es curioso pasear y ver barrios donde vive gente en un estado de absoluto abandono, pero con coches de alta gama a la puerta, y es que al georgiano le gusta presumir, nos dice Lukas, un chico de 21 años que había estado trabajando en valencia y hablaba muy bien español.

Tbilisi es el paraíso de los rusos para sus vacaciones, es muy barata para ellos, y les encanta ostentar de su poder económico, ante el saber de los georgianos sobre la necesidad de divisas que son traídas por éstos.

Paseando por su casco antiguo se ven como citaba antes muchos edificios destruidos por la salida poco pacifica de Georgia de Rusia y en la década de los 90 sufrieron mucho; ahora desde la “Revolución rosa de noviembre de 2003” todo ha cambiado y se nota la prosperidad de la ciudad, donde un turismo rejuvenecido da paso a noches de fiesta que bien pudieran simular a Ibiza.

Pateamos toda la ciudad, y cuando digo toda es toda, cogimos los medios de transporte urbanos, bus, metro y taxi para comprobar lo que nos temíamos, que había otra Tbilisi, la de la gente trabajadora que acude al casco urbano para su jornada laboral; edificios de la era soviética viejos y calles con infraestructuras nefastas que contrastan con la modernidad del centro.

Los georgianos son PRO EUROPA, y cualquiera diría muchas veces paseando entre sus callejuelas arregladas del centro que estamos en una ciudad europea con terrazas perfectamente arregladas, las calles limpias, muchas flores…La verdad que enamora, esta ciudad guarda una parte de esa nostalgia de la antigua era con muchos locales alternativos, tiendas pequeñas de todo tipo y es una extraña mezcla que funciona, con sus termas en medio de la ciudad, esas tiendas donde cuelgan una especie de chorizos que resultan ser un exquisito manjar hecho de frutos secos y especias, zumos naturales por las calles y música, mucha música por la noche y sobre todo JAZZ.

Subimos al teleférico para admirar la ciudad desde arriba y sus famosos tubos y puente de cristal, paseamos por la hermosa catedral ortodoxa de la Santísima Trinidad, una maravilla…una joya dorada puesta en medio de esta gran urbe.

Ya el último día y antes de coger las motos para emprender ruta hacia Armenia, decidimos subir al famoso parque de atracciones en el funicular, donde cenamos con la ciudad a nuestros pies mientras caía la noche y delante teníamos una de esas vistas que quizás la cámara no capte pero que no se olvidan de lo bonitas que son.

En definitiva, nos da pena irnos, creo que le hemos cogido el gusto a esta ciudad nada caótica, por cierto, sino fácilmente transitable, con muchos turistas de Arabia Saudita, que visitan las iglesias ortodoxas sin mayor problema, y con gente autóctona sencilla y agradable que para nada se acerca a la imagen de secos y mafiosos.

Mañana, toca Armenia y su paso fronterizo, cuna del cristianismo, siendo el primer país del mundo en declararla oficial, donde atravesaremos paisajes de belleza extrema y conoceremos a sus gentes, humildes y sencillas, más bien lejos de la ostentosidad georgiana.

Elsi Rider

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