Vainilla de Madagascar: la codiciada especia se encarece

Planta de vainilla. Foto: Oliver Berg/dpa

Antananarivo (Madagascar) (dpa) – Malas noticias para los amantes de la vainilla: los precios de este importante ingrediente del helado vuelven a mostrar una ligera tendencia al alza.

En Madagascar, isla situada frente a la costa sureste del continente africano, ya hay claros indicios que apuntan a una escasez de vainilla cruda y, por lo tanto, a precios de producción más altos.

“Esperamos que la cosecha sea entre un 20 y un 25 por ciento inferior a la del año pasado”, comenta Georges Geeraerts, director de la asociación de exportadores de vainilla de Madagascar.

El directivo se abstiene de hacer comentarios acerca de la calidad que tendrá la cosecha actual. Debido al aumento del precio de las codiciadas vainas, los campesinos cosechan la vainilla antes de que se cumplan sus meses de maduración para evitar los robos y asegurar así su propia subsistencia.

El país insular, que se estima cubre casi las cuatro quintas partes de la demanda mundial, determina con su producción la evolución de los precios.

La vainilla, planta perteneciente al género de las orquídeas y originaria de América Central, es considerada la especia más popular para postres de todo tipo.

Sin embargo, no sólo se utiliza para productos como helados, budines, pasteles, galletas, yogures y dulces, sino también para fragancias, jabones, lociones corporales, champús, aditivos para el baño y perfumes de ambiente.

Especialmente la llamada vainilla Bourbon, que sólo puede proceder de las zonas de cultivo de Madagascar, de la Reunión o de las Comoras, es cada vez más rara y, por lo tanto, codiciada.

El importador de vainilla Berend Hachmann, de Hamburgo, no cree que la cosecha relativamente pequeña de vainilla de Madagascar este año tenga un impacto importante en los precios en Alemania.

Tal vez un diez por ciento más o un diez por ciento menos“, estima argumentado que los precios, ya altos de por sí, nunca han llegado a amedrentar a los consumidores. “Los clientes se han acostumbrado a los altos precios. La demanda sigue siendo alta”, enfatiza.

La empresa alemana Symrise es un fabricante de fragancias y aromas de Baja Sajonia que está presente en la región de Sava, costa este de Madagascar.

Allí cuenta con cinco sedes y una plantilla de alrededor 200 personas, a las que se suman 150 más como trabajadores estacionales.

Symrise trabaja con 7.000 cultivadores de vainilla en 84 pueblos de la isla. La empresa procesa alrededor del diez por ciento de la vainilla producida en Madagascar.

El constante aumento del precio que ha experimentado la especia en los últimos cinco años la ha llevado a convertirse en una de las más caras del mundo después del azafrán.

La firma Symrise apuesta exclusivamente por mercancía de excelente calidad. “Por lo tanto, pagamos una prima sobre el precio actual del mercado por productos de buena calidad”, explica el gerente de Symrise, Alban Bonnet, en una de sus sedes.

En la actualidad, los precios de las vainas verdes están ligeramente por encima del nivel del año anterior, una evolución que la asociación de exportadores observa con sentimientos dispares.

“Con precios más bajos, posiblemente disminuirían los robos y, sobre todo, volveríamos a obtener una mejor calidad, lo que también nos permitiría ampliar la producción y la demanda”, admite Geeraerts, que preferiría un precio de 200 dólares por kilo de vainas negras.

Impulsado por la tendencia hacia una alimentación más natural, el precio por kilo de vainilla se situó recientemente en torno a los 600 euros, muy por encima del precio de un kilogramo de plata.

Sin embargo, agricultores como Judio Beanona, propietario de una empresa exportadora en la región de Sava, no están tan seguros de que los precios de la vainilla puedan caer a corto plazo.

El precio de este año es más alto que el del año pasado“, señala, al tiempo que hace alusión a un ligero deterioro de la calidad.

Al mismo tiempo, Beanona destaca que 2018 fue un año excepcional: “Obtuvimos la mejor calidad de los últimos diez años, fue realmente extraordinaria”.

Por Ralf E. Krüger y Laetitia Bezain (dpa)