Elecciones parlamentarias en Irán

Foto: Arash Khamooshi / Europa Press

(Europa Press) – La población de Irán está llamada este viernes a las urnas para unas elecciones parlamentarias marcadas por el incremento de las tensiones internas y en la región durante los últimos meses y en medio del malestar entre los reformistas por un proceso de veto de candidatos que ha dejado a la mayoría de ellos fuera de las papeletas.

La votación llega en un momento de inestabilidad interna y externa para la cúpula gobernante en Teherán, que ha tenido que hacer frente durante los últimos dos años a un aumento de las protestas internas por la crisis económica y a un repunte del enfrentamiento con Estados Unidos y otros rivales regionales.

La retirada de Estados Unidos en 2018 del acuerdo nuclear firmado en 2015 y la reimpoisición de sanciones por parte de Washington, en una campaña que ha descrito como de “máxima presión”, han golpeado duramente al Gobierno iraní a nivel económico, sin que los intentos para salvaguardar el pacto hayan dado frutos hasta ahora.

Esta presión económica sobre el país ha provocado un empeoramiento de las condiciones de vida de la población y ha reducido la capacidad de las autoridades para dar respuesta a las demandas de sus ciudadanos, en medio de las denuncias de Irán sobre el impacto de las medidas punitivas contra sectores civiles.

En este contexto se han producido varias oleadas de movilizaciones antigubernamentales, la última de ellas a causa del aumento de los precios del combustible, que se saldaron con una intensa represión que habría dejado cientos de muertos, según el balance de Amnistía Internacional, rechazado desde Irán.

Asimismo, las tensiones bilaterales han aumentado desde entonces también en el plano militar, haciendo planear el temor de un conflicto abierto, especialmente tras la muerte en enero del jefe de la Fuerza Quds de la Guardia Revolucionaria, Qasem Soleimani, en un bombardeo estadounidense en la capital de Irak, Bagdad.

Ante esta situación, el ala dura de las autoridades ha llevado a cabo un proceso destinado a eliminar las candidaturas de los candidatos reformistas, tal y como se ha denunciado desde diversos sectores del país, unas críticas a las que se ha sumado incluso el presidente, Hasán Rohani, considerado un moderado.

EL CONSEJO DE GUARDIANES

El Consejo de Guardianes, un organismo integrado por doce clérigos elegidos por el líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei, y el aparato judicial ha eliminado a cerca de la mitad de las 15.000 personas que presentaron su candidatura a los comicios, incluida la gran mayoría de los reformistas, además de a 80 políticos que actualmente ocupan escaño.

El propio Jamenei se ha pronunciado en el pasado en contra de candidatos reformistas o moderados, como Rohani –en las elecciones de 2013 y 2017–, y en las últimas presidenciales apoyó abiertamente al ultraconservador Ebrahim Raisi, al que posteriormente nombró como jefe del aparato judicial.

De hecho, y tras el proceso de veto del Consejo de Guardianes, el Alto Consejo Político de los Reformistas, que representa a la mayoría de los políticos de esta corriente, dijo que no apoyaría a candidatos en Teherán y otras provincias, mientras que Rohani criticó el elevado número de candidatos eliminados, según recoge The Atlantic Council.

Sin embargo, el portavoz del Consejo de Guardianes, Abbas Alí Kadjodaei, negó el miércoles que se haya actuado específicamente contra los candidatos reformistas y agregó que el organismo “sólo tiene como función aplicar la ley aprobada por el Parlamento”, según la agencia iraní de noticias Tasnim.

LA PARTICIPACIÓN

Por ello, la participación se ha convertido en uno de los principales caballos de batalla para el ala dura, al considerar que una tasa elevada supondría un respaldo de la población a sus políticas que autorizaría un continuismo político, también en asuntos de agenda exterior como la retirada de los compromisos del acuerdo nuclear o la posición respecto a Estados Unidos, Arabia Saudí e Israel.

En este sentido, Jamenei subrayó el martes que la participación en las parlamentarias “es un deber religioso, nacional y revolucionario” y describió las elecciones como “una lucha colectiva que puede fortalecer el país y mejorar la reputación de la institución islámica”.

El líder supremo sostuvo además que los iraníes deben demostrar que “pese a la persistencia de los intentos para dividir a la población y las autoridades, la gente recibe bien las elecciones”, antes de rechazar las críticas vertidas por Estados Unidos sobre el papel del Consejo de Guardianes en el proceso.

Así, Jamenei manifestó que las declaraciones del representante especial de Estados Unidos para Irán, Brian Hook, sobre el asunto intentan “afectar” la participación” y agregó que “los idiotas de primera línea en Estados Unidos hacen fila otra vez para decir estupideces” sobre el país asiático.

Hook había indicado días antes que “el régimen celebrará lo que llama elecciones el 21 de febrero” e incidió en que Teherán “quiere que se crea que son libres y justas, pero el voto real tiene lugar en secreto y mucho antes”, en referencia al proceso de veto de candidaturas.

“Los clérigos eligen a ganadores y perdedores antes de que se depositen los votos. Muchos iraníes quieren presentarse a las elecciones, muchos quieren un gobierno representativo, pero el régimen les bloquea”, argumentó, en un vídeo publicado por el Departamento de Estado en su cuenta en la red social Twitter.

A pesar de las críticas al proceso de veto, Rohani ha hecho en los últimos días un llamamiento a una alta participación y ha argüido que ello supondría un varapalo para Washington. “Debemos permanecer juntos. Debemos resolver juntos los problemas”, dijo.

“El día en el que Estados Unidos desfallezca, su campaña de ‘máxima presión’ no tendrá efecto. Se rendirá, vendrá a la mesa de negociaciones y aceptará la voz de la verdad”, afirmó el miércoles, según la cadena de televisión iraní Press TV.

Estados Unidos ha criticado históricamente el papel del Consejo de Guardianes y considera que una baja participación en las parlamentarias podría suponer un golpe para la credibilidad de las autoridades y una muestra de un creciente rechazo popular al ‘establishment’ religioso vigente desde la Revolución Islámica de 1979.

EL REPARTO DE LOS ESCAÑOS

La ley electoral iraní divide las circunscripciones en únicas y múltiples, siendo la más importante de todas la capital, donde se eligen 30 de los 290 escaños. Del total, cinco están reservados a minorías religiosas –dos para cristianos armenios, uno para judíos, zoroastras y uno compartido para asirios y caldeos–.

Al margen de la provincia de Teherán –donde se disputan 35 escaños–, en las de Isfahán y Azerbayán Oriental se elige a 19 parlamentarios en cada una, mientras que las que cuentan con menos representantes –tres– son las de Alborz, Ilam, Kohgiluyé y Boyer-Ahmad y Qom.

A pesar de que en el país hay numerosos partidos, los candidatos no se presentan por sus listas y concurren de forma independiente. En las últimas parlamentarias se impusieron los reformistas, algo que podría cambiar en esta ocasión, devolviendo el control de la cámara a los conservadores.

De esta forma, si los conservadores y miembros del ala dura se hacen con el control del Parlamento, Rohani tendría que lidiar con esta situación durante lo que queda de su mandato, que concluye en 2021, lo que limitaría además la capacidad de su Ejecutivo para hacer frente a las crisis en las que está sumido el país.

En total, cerca de 58 millones de iraníes tienen derecho a votar en los comicios, según datos del Ministerio del Interior recogidos por la agencia alemana de noticias DPA.