Asturias en la España vaciada

Se ha consolidado el olvido social de las cuencas mineras, abandonadas a su suerte sin que se haya construido un tejido económico alternativo para los habitantes y las comarcas afectadas por los cierres, pero también en el resto de Asturias. Sin embargo, no debería ser así. La transición de un sistema basado en el carbón a uno basado en fuentes energéticas no contaminantes, para que sea de verdad justa, debería construir simultáneamente un tejido económico alternativo para los habitantes y las comarcas afectadas. Asturias es ya parte de la España en proceso de vaciado, y necesita con urgencia un plan concreto de regeneración económica y reindustrialización.

La primera consecuencia negativa de los cierres de minas ha sido para las regiones mineras. El progresivo cierre de las minas, y de otras industrias también ha supuesto el despoblamiento de Asturias, agudizado en las zonas mineras, que solo en los últimos 20 años ha llevado a perder un 20% de los habitantes. Incluso la población inmigrante ha descendido en los últimos años, hasta llegar al 4%, lo que representa uno de los porcentajes más bajos de España.

La segunda consecuencia ha sido la destrucción del tejido productivo en las cuencas mineras y en el resto de Asturias. Las minas asturianas llegaron a dar empleo a más de 25.000 trabajadores. En la última década, las dos comarcas mineras (la de la cuenca del Nalón y la del Caudal) han perdido un 21% del empleo, y el paro se ha incrementado un 36%. Hay que tener en cuenta que ello ha conllevado el cierre de empresas auxiliares, o dependientes de la producción minera, así como las de servicios de toda índole.

Sin la creación de nuevos puestos de trabajo en otros sectores productivos, no solo las comarcas mineras, sino toda Asturias ha perdido aproximadamente 75.000 puestos de trabajo en la última década -lo que incluye a otras ramas industriales- y el porcentaje de empleados solo llega al 44%, el segundo más bajo del país. Esta situación se ha paliado, aunque solo en parte, con las prejubilaciones tempranas, que han permitido obtener ingresos relativamente elevados durante estos años a miles de familias, actuando como colchón para amortiguar el desierto económico de estas comarcas.

El fracaso de los Fondos Mineros       

Los Fondos Mineros no han cumplido con el papel para el que fueron creados: la reindustrialización de las comarcas mineras y la creación de empleo alternativo. Se han enterrado 6.500 millones de euros en proyectos inservibles para regenerar el tejido productivo. La gestión de esos fondos por los sucesivos gobiernos centrales y autonómicos ha hecho más hincapié en garantizar las rentas pasivas –la subvención del cierre de pozos y las prejubilaciones incentivadas impuestas desde Bruselas– y en utilizar indebidamente los recursos.

La reindustrialización ha sido únicamente imaginaria; la generación de empleo, prácticamente inexistente. Las inversiones en infraestructuras de comunicaciones y parcheo de carreteras, establecimientos hosteleros, polideportivos de escaso uso, recuperación del medio ambiente, polígonos industriales huérfanos de empresas, propaganda y promoción… están a la vista, pero no han conseguido el objetivo buscado. En muchas ocasiones, dichos fondos se han utilizado para inversiones que las administraciones debieran haber hecho con sus propios presupuestos. Las consecuencias han sido devastadoras.

Sí se puede transformar la situación 

Se puede regenerar económicamente las cuencas mineras y el resto de Asturias con planes de reindustrialización y desarrollo de nuevas actividades económicas en función de las potencialidades de las comarcas, vinculando a estas nuevas actividades los planes de formación y cualificación de los trabajadores. Unos planes que tienen que plantearse dentro de un plan general de desarrollo económico de Asturias, que también promueva la diversificación de la actividad productiva ligada al desarrollo del mundo rural, con el aprovechamiento ganadero, el forestal sostenible, la apicultura…, acompañado de una política de apoyo a la creación de cooperativas en todo el sector.

Dentro de la diversificación de la actividad económica se deberían crear empresas transformadoras de los productos agrarios, como la fabricación de envases o de conservas de pescado. Y, por supuesto, potenciar la industria del sector de las energías renovables, que permitiría, por ejemplo, la producción de paneles solares para toda España.

En la actualidad, y a pesar de la situación económica, hay estructura productiva. Según un estudio del economista Juan Vázquez, en Asturias destacan las empresas de telecomunicaciones, programación informática y procesamiento de datos. Asimismo, la industria agroalimentaria mantiene su fuerza productiva y solo necesita financiación. También es significativa la fabricación de fertilizantes, plásticos, equipos electrónicos, maquinaria, material ferroviario, instrumental médico y pinturas. Esto es importante, porque son ramas de actividad industrial que utilizan conocimiento científico y nuevas tecnologías, y precisan de empleo cualificado y estable.

Eduardo Madroñal Pedraza