¿Quién se queda con el perro después del divorcio?

Foto: Christin Klose/dpa-tmn

Múnich (dpa/tmn) – El perro y el gato, los mejores y más leales amigos del hombre, son queridos miembros de la familia. Pero cuando un matrimonio se separa, las mascotas tienen el mismo estatus que los coches o las lavadoras: según el artículo 90a del Código Civil alemán, los animales “no son cosas”, pero, “salvo disposición en contrario, se les aplican las mismas normas que rigen para los bienes”.

De acuerdo a esto, la legislación en materia de divorcio determina que los animales domésticos adquiridos durante el matrimonio, “forman parte de los efectos domésticos que se comparten entre los miembros de la pareja”, señala Undine Krebs, abogada especialista en derecho de familia. Por lo tanto, la cesta del perro, el poste para rascar del gato y la jaula de los loros deberán ser negociados entre los cónyuges antes de la disolución del matrimonio.

En el mejor de los casos, estos pueden llegar a un acuerdo amistoso: tú te llevas la lavadora, yo me quedo con el perro. En el peor de los casos, la discusión sobre el animal hace que la separación sea aún más dolorosa. La abogada de Múnich explica que para los animales no existe un derecho de custodia o visita como en el caso de los niños.

Tras la disolución del matrimonio, el perro, el gato o el conejillo de Indias pertenecen a uno de los dos miembros de la pareja. El otro no tiene derechos, pero tampoco obligaciones: no podrá exigir el derecho de sacar a pasear al perro, pero tampoco tiene la obligación de cofinanciar la alimentación o las consultas veterinarias.

“El aspecto financiero es la principal manzana de la discordia”, observa la especialista en divorcios, y explica que muchos temen que las mascotas les generen gastos, especialmente en el caso de los animales más viejos. La abogada señala que, en este caso, los cónyuges pueden llegar a un acuerdo sobre cómo compartir estos desembolsos. Añade que, a veces, los animales también se convierten en un medio de presión a la hora de tomar otras decisiones, por ejemplo, aquellas que afectan la custodia los niños.

“Cuando hay resentimientos de por medio, por ejemplo, porque uno de los miembros de la pareja ha sido infiel, siempre hay uno que quiere vengarse del otro”, observa Andreas Ackenheil, abogado especializado en derecho de los animales.

Ackenheil manifiesta que, cuando hay una disputa sobre la custodia de los animales, el bienestar de estos deja de tener prioridad, siendo que, en realidad, debería ser lo más importante a la hora de decidir su futuro domicilio: “Lo ideal es que los miembros de la pareja lleguen a un acuerdo amistoso basado en quién puede ofrecer a la mascota las mejores condiciones”. ¿Hay suficiente espacio en el nuevo apartamento? ¿Es bueno para el gato quedarse solo en la casa todo el día?

Si no hay acuerdo posible, el juez de familia comprobará si el animal puede ser asignado a uno u otro cónyuge. El nombre en el contrato de compra no es decisivo, ya que siempre depende de quién es la persona de referencia o que se ha ocupado más del animal. Tal vez tenga incluso más sentido considerar si es bueno, por ejemplo, sacar de su entorno a un gato ya entrado en años.

Cuando se trata de varios animales, estos normalmente no se dividen automáticamente entre ambos miembros de la pareja: en 2016, el Tribunal Regional Superior de Nuremberg dictaminó, en el caso de una pareja con cuatro perros, que estos debían permanecer juntos, argumentando que los animales ya habían sufrido demasiado durante la separación. Ackenheil acota que, sin embargo, un dictamen de este tipo no puede ser utilizado como precedente: “Siempre se trata de decisiones individuales”.

Quien pueda probar la propiedad del animal con facturas o recibos, tiene la suerte de su lado, más aún cuando se trata de la separación de parejas que no están casadas. En este caso los documentos son decisivos: el que pueda probar que es el propietario se queda con el animal.

Por otro lado, también sucede con frecuencia que un animal se quede sin dueño porque ninguno de los miembros de la pareja puede ocuparse de él, ya sea porque en el nuevo apartamento no se permiten perros o porque la nueva pareja de uno de los ex tiene alergia al pelo de gato.

No se puede cuantificar cuántos de los casi 350.000 animales que se admiten cada año en un refugio de animales en Alemania son “animales de parejas divorciadas”, explica Lea Schmitz, de la asociación alemana de protección al animal: “Sin embargo, es algo que ocurre a menudo”.

Schmitz enfatiza que dejar la mascota en un refugio de animales siempre es mejor que venderlo a través de un anuncio clasificado, ya que, después de todo, no se sabe “si el nuevo propietario es realmente adecuado o si, en el peor de los casos, revenderá o regalará el animal”.

Por Eva Dignös (dpa)