Piano, guitarra y cia.: cómo es aprender siendo adulto

Carola Misgeld toma clases de clarinete a sus 50 años. Comenzó unos años atrás. Foto: Robert Günther/dpa-tmn

(dpa) – Muchas personas creen que sólo se puede aprender a tocar un instrumento siendo niño. ¿Pero es realmente así? Más de uno se ha aventurado a hacerlo pasados los 50. O atravesando la tercera edad. ¿El resultado? “Es una sensación única”, cuenta Carola Misgeld, médica y madre de tres niños.

Uno tendería a pensar que esta mujer no tiene tiempo para nada. “De hecho, no tengo mucho tiempo”, comenta Carola, pero justamente por eso tenía tantas ganas de aprender a tocar. “Pensar en la música, en notas, hace que todo el resto de cosas desaparezca al menos por media hora”, explica. Carola buscaba algo que le permitiera generar un equilibrio, que le posibilitara descansar la mente, dejar de pensar en las mil y una cosas y la “apartara de las tareas cotidianas”.

“Ella no es una excepción”, observa Matthias Pannes, que trabaja para una asociación de escuelas de música en Alemania. “Mi experiencia me indica que son cada vez más las personas que empiezan teniendo 50 o más. Algunos ya tocaban algo y deciden tocar un instrumento nuevo, otros quieren aprender a tocar algo por primera vez”, asegura el maestro de cello y contrabajo Marcus Löffler de Stuttgart. Su alumno de más edad tiene 70 años.

Algunos adultos puede que tengan experiencia. Tal vez dejaron de tocar en la etapa familiar y ahora que los hijos se fueron de casa quieren retomarlo. Otros se acercan a esta experiencia por primera vez en sus vidas. ¿Tienen que saber leer partituras? No necesariamente. Cada uno requerirá un tipo de clase diferente. Pannes dice que da igual si saben leer o no, lo principal es que el instrumento genere una alegría.

Así es como lo ve Carola, que cuando era niña tomó algunas clases de piano pero lo sintió como una obligación. “No quería volver a caer en esa frustración”, dice. Por eso eligió un instrumento totalmente nuevo, el clarinete de su hermano, ya fallecido.

El profesor Löffler dice que para aprender un instrumento nuevo habría que tomar al menos una clase cada 15 días y tocar con cierta regularidad. “30 minutos por día estaría bastante bien. Si sólo son 10 minutos los progresos serán muy lentos”, observa.

Cada maestro puede decidir con su alumno cuáles son los objetivos que se quieren alcanzar. ¿Qué género le gusta más? ¿Lo clásico, el jazz, el pop? ¿Le gustaría tocar con otros o su deseo principal es poder despejarse tocando de vez en cuando? Esa conversación le permitirá al maestro determinar rápidamente cómo avanzar.

Al igual que sucede con los niños, entre los adultos también hay distintas predisposiciones para el aprendizaje. Algunos prefieren aprender de un modo sistemático, otros se aproximan de un modo más azaroso y caótico. “Alguien que tiene buenas destrezas motrices aprenderá de un modo muy diferente a quien tiene aptitudes lingüísticas”, comenta Pannes.

Carola se pone metas musicales, por ejemplo. Si comienza con una partitura nueva, se propone saberla hasta determinada fecha, aunque sea difícil por su carga de trabajo. Ese es su modo de aprender.

En líneas generales puede decirse que nunca es tarde. “Vale la pena aprender un instrumento de 50 para arriba”, asegura Löffler. Entrenando el cerebro y la motricidad se pueden obtener beneficios a la hora de mantener ciertas destrezas hasta avanzada edad.

Incluso hay instrumentos adecuados para personas más mayores, como un arpa que tiene cierto parentesco con una cítara y se toca por cifras y tablas que se colocan en papel debajo de las cuerdas. De ese modo, el músico sabe qué cuerda tocar.

“La clave está en tener un método adecuado para cada edad y diagramarlo según las posibilidades de cada uno”, explica Pannes. Claro, intentar aprender violín a los 70 no tendría tanto sentido, pero el piano se presta para un hermoso proceso de aprendizaje siempre y cuando el adulto tenga las facultades mentales y motrices necesarias.

Carola ya no puede imaginar una vida sin clarinete. Ahora está practicando “Tin Roof Blues” de los New Orleans Rythm Kings. Una de las cosas que más disfruta en la vida es cuando tocan con su marido, que domina la guitarra y la trompeta, y otros amigos. Ahí el tiempo se detiene.

Por Annette Meinke-Carstanjen (dpa)