Los sitios arqueológicos de Italia se adaptan a la pandemia

En el Foro Romano sólo está habilitado uno de los ingresos y se limitó drásticamente la cantidad de entradas puestas a la venta, por las medidas de prevención contra el coronavirus. Foto: Petra Kaminsky/dpa

(dpa) – Entre antiguos templos y palacios en los terrenos del Foro Romano y el Monte Palatino en Roma, el cambio se percibe de inmediato. Debido a las medidas de prevención del coronavirus, la cifra de boletos de ingreso se redujo drásticamente.

Partes del circuito se encuentran cerradas, porque los visitantes deben desplazarse en una dirección y sin apretujarse al observar por ejemplo la vista del Templo de Saturno.

Y en otros sitios la situación es similar: en las excavaciones del país mediterráneo, ya sea en Roma, Ostia, Agrigento o Pompeya, la pandemia modificó enormemente la vida cotidiana, tanto para los visitantes como para los investigadores.

“La arqueología en Italia se acerca con precaución nuevamente a la normalidad”, describe la situación el director del Departamento de Roma del Instituto Arqueológico Alemán, Otwin Dally.

Parece difícil predecir hacia dónde se dirigirá la arqueología en su conjunto en 2020 y más allá. Porque muchas cosas presentan actualmente dos aristas.

“Los sitios arqueológicos como el Coliseo están muy vacíos, al igual que antes. Esto por un lado es lindo, los propios italianos están redescubriendo en parte sus tesoros culturales. Tampoco se vio nunca tan vacía Pompeya”, apunta Dally.

“Por otro lado este vacío sorprendente también es señal de que los ingresos se desplomaron dramáticamente”, admite.

En un gesto simbólico, la presidenta del Senado, Elisabetta Casellati, visitó el Foro Romano a fines de julio. La parlamentaria llamó a sus compatriotas a visitar más frecuentemente este patrimonio. Castellati añadió que el orgullo por la grandeza de la Antigüedad podría brindar energía para enfrentar la crisis actual.

Massimo Osanna, en tanto, conduce las excavaciones de Pompeya, mundialmente famosas, al pie del Vesubio. Casi cuatro millones de visitantes recorrieron en 2019 esta ciudad antigua, que quedó sepultada bajo la lava y las cenizas por una gran erupción del volcán.

“Ahora las cifras se redujeron de forma marcada”, informa Osanna. “Se trata de un cambio histórico”, añade. Desde marzo hasta mayo los museos italianos se vieron afectados por la paralización total de actividades.

Sin embargo, al igual que otros directores de museos, Osanna destaca los aspectos positivos y apunta que la labor de numerosos colaboradores continuó incluso durante el cierre.

Debido a la caída de los ingresos, el Gobierno italiano puso a disposición cuantiosos millones de euros. Los turistas entusiastas de la cultura constatan que para prevenir la propagación del coronavirus en Pompeya deben seguir rutas fijas por el lugar.

Osanna puntualizó que algunas ruinas debieron ser cerradas, porque la entrada y la salida eran las mismas. “Debimos repensar nuestros sitios. Dos rutas de acceso se volvieron obligatorias. Por eso abrimos otros sitios que antes estaban cerrados”, explica el director general.

Osanna tuvo la idea de promover yacimientos que hasta ahora no despertaban gran atracción del público. Por ejemplo las excavaciones en Oplontis, cerca de la localidad costera Torre Annunziata. Osanna asegura que el sitio de 2.000 años de antigüedad de Villa Popea, con sus paredes maravillosamente pintadas, constituye una joya.

El arqueólogo alemán y especialista en Italia Dally no se preocupa tanto por los grandes museos públicos. “La falta de ingresos es particularmente notable en sitios como el Parco Archeologico di Agrigento, que dependen obligadamente de ellos y no son financiados en 100 por ciento por el Estado”, explica.

Otras dos cuestiones inquietan al experto: la investigación y las excavaciones. “La investigación siguió. Pero hay grandes restricciones. Continúa siendo muy difícil el acceso a bibliotecas y revistas donde figuran las obras”.

“Pero los investigadores de la Antigüedad continúan dependiendo de que realmente puedan ver delante de ellos los objetos, como por ejemplo las cerámicas. Todo esto es prácticamente imposible en la fase del coronavirus. Esto obstaculiza la investigación”, advierte.

Dally señala que las excavaciones fueron posibles en diferentes grados según cada región. “En la Toscana y en el Capitolio en Roma no pudimos seguir demasiado. En cambio en Sicilia pudimos seguir trabajando”.

Tanto las universidades cerradas como menos becarios de todo el mundo podrían hacer mella en el estudio de la Antigüedad. “Desde mi punto de vista personal, los problemas para reclutar nuevos especialistas son uno de los desafíos centrales para superar esta crisis”, estima Dally.

Por Petra Kaminsky (dpa)