Los días de oscuridad en el Ártico para un joven físico alemán

Foto: Stefanie Arndt/Alfred-Wegener-Institut/dpa

Bremerhaven (Alemania), 10 feb (dpa) – Cuando el investigador alemán Christian Katlein y sus colegas salen al exterior todo está oscuro, no importa si son las doce del mediodía o la medianoche.

“Sólo podemos visualizar los alrededores con la ayuda de reflectores, cámaras infrarrojas, dispositivos de visión nocturna y escáneres láser”, describe el joven físico de 33 años su entorno en un correo electrónico.

Además, se suma el frío, con temperaturas que en los últimos días llegaron a 35 grados bajo cero, agrega el especialista en hielo marino del Instituto alemán Alfred Wegener en Bremerhaven.

Katlein se encuentra desde hace dos meses en el rompehielos “Polarstern”, que pasará un año a la deriva en el Océano Ártico con el objetivo de analizar los efectos del cambio climático en esta región. Se tomarán muestras del hielo, el océano, la atmósfera, incluso de la vida silvestre.

El buque científico alemán se encuentra atrapado voluntariamente en un enorme témpano de hielo sobre el cual se ha instalado un campamento con numerosos instrumentos de investigación.

La gigantesca expedición, que comenzó en septiembre de 2019 con equipos rotativos, deberá trabajar continuamente a oscuras durante 150 días.

Para Katlein, la noche polar es soportable. “Como está continuamente oscuro el cuerpo ni siquiera recuerda que existe algo como el sol”, escribe.

El joven físico y otros científicos serán llevados pronto de vuelta a tierra firme en Noruega por un rompehielos ruso. Se espera que el buque “Kapitan Dranitsyn” llegue al témpano a mediados de febrero con otro grupo de investigadores que continuarán el trabajo. Será el segundo intercambio de científicos.

Katlein tiene a su cargo la supervisión de un robot submarino a control remoto. “Dos veces por semana medimos la parte inferior del hielo marino”, explica, al tiempo que relata una dramática experiencia vivida justo al principio de su estancia en el Ártico.

“Descubrí cómo se estaba formando una grieta de medio metro de ancho justo debajo de la carpa donde nuestro robot de buceo estaba esperando su próxima misión”, comenta. El joven físico agrega que gracias a la rápida reacción del equipo se pudo poner a salvo el equipamiento. Al día siguiente la grieta tenía varios metros de ancho.

Posteriormente se pudieron instalar los aparatos en otro lugar del témpano de hielo. “Fue una experiencia muy impresionante”, asegura.

En general, se trabaja hasta altas horas de la noche. “El tiempo de investigación en un rompehielos es muy valioso, y queremos hacer el mejor uso posible de esta oportunidad única”, enfatiza Katlein, que vive en la ciudad de Bremen.

Sin embargo, cuenta que también disfruta de las horas de ocio a bordo del rompehielos, de la piscina y el sauna o de las noches de cine los domingos y de la oferta culinaria.

“Si trabajas en el hielo todo el día a temperaturas por debajo de los 30 grados bajo cero necesitas suministrarle a tu cuerpo el combustible que necesita para calentarse”, explica el científico.

La convivencia no le ha planteado problemas. Hay que llegar a compromisos en las cabinas de dos camas. “En general, sin embargo, la atmósfera a bordo es extremadamente buena, ya que todos estamos contentos de poder hacer nuestro trabajo en estas condiciones”, destaca.

No obstante, Katlein tiene un deseo: “Me gustaría mucho que saliera el sol por un instante para ver realmente cómo se ve todo esto”.

Para ello tendrá otra oportunidad. El investigador alemán regresará al “Polarstern” en la penúltima etapa de la investigación, entre mediados de junio y mediados de agosto, cuando la noche polar ya habrá llegado a su fin.

Por Janet Binder (dpa)