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Ciencia

El jardín invisible de Estambul

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Estambul (dpa) – El añejo ginkgo yace con sus raíces expuestas al sol en medio de un jardín poblado de zanjas abiertas y montículos de piedras y arena. Lo que antes fuera un jardín botánico dedicado al estudio y a la investigación, parece ahora una obra en construcción.

En pleno corazón de la ciudad de Estambul, un espacio natural cargado de historia desaparece silenciosamente de la vista del público. Se trata del primer jardín botánico de la República de Turquía, creado hace 84 años por un profesor judío alemán.

En 2014, el gobierno turco había quitado el terreno al Instituto Botánico de la Universidad de Estambul para traspasarlo a la Dirección de Asuntos Religiosos de Turquía. La máxima autoridad religiosa del país, el “gran muftí”, quiere la parcela para edificar, censuran los botánicos.

Hasta hace poco, estos continuaban cuidando del jardín, pero desde hace algunas semanas ya no se les permite la entrada, que también ha quedado vedada a turistas y estudiantes, explican los científicos.

La única excepción es un jardinero: “El hombre tiene más de 60 años”, dice un empleado del instituto. Un pánico silencioso se apodera de su voz. Piensa en los 10.000 metros cuadrados con 178 árboles e innumerables macetas y arbustos que hay que regar y cuidar.

El jardín alberga, aún, alrededor de 3.500 especies de plantas. El botánico, que no quiere que se mencione su nombre por temor a represalias, es el que más se preocupa por la añeja vegetación.

En peligro está, por ejemplo, la “Dracaena umbraculifera”, similar a una palmera y en la lista de especies en peligro de extinción. “Es muy probable que la haya plantado el profesor mismo”, dice.

El “profesor” fue el fundador del jardín y cofundador de todo el Instituto Botánico. Alfred Heilbronn, docente de la cátedra de botánica en la Universidad de Münster, había huido de la Alemania nazi en 1933.

Bajo el gobierno del fundador de la República de Turquía, Mustafá Kemal Atatürk, de orientación laica y occidental, el país había acogido en la década de 1930 a muchos académicos judíos alemanes y los había reclutado para su importante reforma universitaria.

“Mi padre había sido suspendido por los nazis en 1933”, dice su hijo, Kurt Heilbronn, de 67 años, durante una visita a Estambul en abril. Primero, Alfred Heilbronn se marchó a Suiza.

Allí, una organización creada para facilitar la reincorporación laboral de científicos alemanes en el extranjero, “Notgemeinschaft deutscher Wissenschaftler im Ausland”, le ayudó a encontrar trabajo en Turquía.

“En Estambul ganaba cuatro veces más que en Alemania y le dieron un apartamento, en un momento en que los judíos eran perseguidos en casi toda Europa”, dice su hijo. Allí, el catedrático alemán planificó, fundó y dirigió el jardín botánico que llevaba su nombre: “Alred Heilbronn Botany Bahcesi”.

El jardín botánico de Heilbronn, estructurado en terrazas escalonadas, está situado en el corazón de Estambul, detrás de la famosa mezquita de Solimán del siglo XVI y con vistas a la Torre Gálata y al Cuerno de Oro, histórico estuario del estrecho del Bósforo.

Quizás sea esta privilegiada ubicación el verdadero motivo de la “expropiación”, tal como llaman los botánicos al traspaso. “¿A quién no le gustaría disfrutarla a diario?”, dice uno de ellos, señalando el Bósforo.

Para este académico, lo que sucede con el jardín es una metáfora de la situación por la que atraviesa el país. “Es una especie de contrarrevolución”, dice. En el marco de su campaña de laicismo y modernización, Kemal Atatürk había puesto el terreno al servicio de la investigación y la enseñanza, explica el botánico.

Ahora el jardín vuelve a manos de las autoridades religiosas, dice. “Se está revirtiendo todo lo que ha hecho Atatürk”. Esta opinión está muy generalizada entre los opositores de la política islámica conservadora del presidente Erdogan.

No está claro qué quedará exactamente del trabajo del profesor alemán, ya que la Dirección de Asuntos Religiosos no ha reaccionado hasta ahora a los intentos de establecer contacto.

Los botánicos, sin embargo, dicen haber visto planos. De acuerdo a estos, la parte delantera del jardín, donde ya han comenzado los trabajos de excavación, seguramente desaparecerá. Lo mismo sucederá con el edificio del instituto, que ya había sido desalojado en 2018.

En esta área crecen, entre otras plantas, una secuoya gigante y una “sequoia sempervirens” o secuoya roja, que en otras condiciones podría alcanzar siglos de antigüedad.

Kurt Heilbronn dice, sin embargo, que la parte trasera del jardín, más amplia, será preservada incluso después de la construcción del nuevo edificio: al menos eso es lo que le ha asegurado un miembro de la instancia religiosa.

Esto no alcanza a tranquilizar a los botánicos, ya que temen que en el transcurso de las obras, la suciedad y los vehículos signifiquen el fin de muchas plantas.

El embajador alemán en Turquía, Martin Erdmann, ha intervenido enviando una misiva al ministro de Cultura del país. El jardín es un símbolo especial de la solidaridad germano-turca, escribió, su pérdida sería lamentable.

Hasta ahora no ha obtenido respuesta. “En última instancia, se trata de un asunto interno turco”, dice Erdmann. “No hay nada más que podamos hacer”.

El jardín ya tiene un aspecto descuidado. El letrero con el nombre ha desaparecido dejando sólo un espacio oxidado con agujeros donde antes estaban los tornillos.

Las malas hierbas proliferan, las hojas secas forman alfombras que crujen en los senderos, los carteles que identifican las plantas están rotos.

Los más antiguos, de porcelana, los había hecho traer Alfred Heilbronn del entonces Reich alemán. “Lo que me entristece es que Turquía actúe de manera tan negligente con su patrimonio científico”, asevera su hijo.

Por Christine-Felice Röhrs y Linda Say (dpa)

Foto: Christine-Felice Röhrs/dpa

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