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El arte de cultivar un bonsái

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cultivar un bonsái

En principio, un bonsái puede vivir tanto tiempo como la misma especie en la naturaleza. Foto: Jan Woitas/dpa

(dpa) – El bonsái es un arte en sí mismo. Básicamente puede ser tan antiguo como lo es cada especie de árbol en la naturaleza. Los árboles de hoja caduca pueden llegar a vivir 200 a 300 años. Incluso hay bonsáis de vides que son considerablemente más antiguos.

“Bonsái significa, en una traducción libre, ‘árbol en un cuenco'”, declara Martin Müller, vendedor de bonsái e integrante del Bonsái Club de Alemania. Es, entonces, un árbol leñoso formado por la mano del hombre y cultivado en un cuenco.

El profesor de bonsái Werner M. Busch, de Düsseldorf, aclara que, por supuesto no todos los árboles que se ponen en una maceta se convierten de inmediato en un bonsái.

“El arbusto debe verse como la miniatura de un árbol crecido en la naturaleza”, explica el experto. El crecimiento debe ser guiado y las ramas deben ser moldeadas de tal forma que el árbol se vaya transformando en consecuencia.

“Los árboles leñosos, ya sean de hoja caduca o perenne, van tomando forma a través de cortes y alambres”, agrega Müller.

Diez años de trabajo para obtener los primeros resultados

Según Busch, existen dos tipos de abordaje para darle forma a los árboles y arbustos.

“Se siembra un árbol y la planta joven se va podando regularmente”. Se debe esperar al menos diez años para observar de forma clara los primeros resultados.

También se puede trabajar con retoños que crecen en viveros de árboles. “Se mantienen pequeños y pueden formar un tronco grueso”, señala Busch.

Entre las especies preferidas para crear bonsáis se destacan, según Müller, árboles de hoja perennes como pinos, juníperos, abetos, alerces y tejos. Olmos y hayas son de los más elegidos entre los de hoja caduca.

Tijeras, alicates, rastrillos de raíz y… ¡a trabajar!

La lista de las herramientas de jardín para este hobby es realmente breve: una tijera afilada y puntiaguda para las ramas finas, unos alicates cóncavos para las ramas más gruesas, unas pinzas y un rastrillo de raíz.

Para el alambrado se utiliza el alambre de aluminio anodizado de diferentes grosores. El alambrado es, junto con la poda, una de las técnicas más importantes para dar forma al bonsái.

“Las ramas jóvenes son enrolladas con el alambre de aluminio para posicionarlas en la forma deseada”, explica Busch. Cuanto más años tiene el árbol, más horizontales se ponen sus ramas porque el peso propio las inclina hacia abajo. Por ello, con ayuda del alambre se puede recrear la forma de un árbol añoso.

Los brotes jóvenes se cortan con la tijera de bonsái para estimular la ramificación. La poda de las ramas más gruesas se realiza con el alicate cóncavo, así el corte cicatriza más rápido y no se ve el lugar donde se cortó.

“Esto es decisivo para valorar un árbol bonsái: las intervenciones en el crecimiento deben permanecer invisibles”, subraya el maestro de bonsái.

Mucha agua y los nutrientes adecuados

El suministro de nutrientes tiene su correspondiente importancia. Busch aconseja usar fertilizantes orgánicos en el exterior. “Los nutrientes se liberan de manera uniforme y se consumen en consecuencia”.

Las especies de árboles nativos se cultivan todo el año al aire libre. El maestro de bonsái explica que su ubicación dependerá del tipo de árbol, ya que mientras las hayas y los carpes prefieren la semisombra, los pinos, alerces y manzanos necesitan lugares soleados.

Una vez que el bonsái toma la forma deseada, el cuidado se centrará en el suministro de agua y nutrientes. En los meses de verano podría ser necesario regar dos veces por día los bonsáis.

Por Dorothée Waechter (dpa)

 

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