Con la edad llegan cataratas, glaucoma y degeneración macular

Foto: Mascha Brichta/dpa-mag

(dpa) – La vista no se mantiene siempre igual a lo largo de toda la vida. “Es normal que la agudeza visual disminuya con la edad”, señala Angelika Ostrowski, miembro de la Asociación Alemana de Ciegos y Deficientes Visuales (DBSV) en Berlín.

La sensibilidad de la retina también disminuye un poco, añade el director de la Clínica y Policlínica de Oftalmología del Centro Médico Universitario Hamburgo-Eppendorf, Martin Spitzer. “El ojo pierde su capacidad de hacer zoom, es decir, la capacidad de ver con nitidez tanto de lejos como de cerca”, explica.

Sin embargo, muchas enfermedades relacionadas con la edad comienzan con síntomas similares que apenas se distinguen. Es por ello que los chequeos regulares con un oftalmólogo son aún más importantes a partir de cierta edad.

De las cataratas no se libra nadie

“Todos tenemos cataratas, sólo tenemos que envejecer lo suficiente”, afirma Spitzer, que describe el síntoma de las cataratas como tener delante de los ojos una lente empañada.

Esta visión borrosa o con niebla suele desarrollarse a partir de los sesenta años, añade el director del Departamento de Oftalmología del Centro Médico Universitario de Gotinga, Hans Hoerauf. Pero también puede afectar a personas más jóvenes, a las que tienen miopía o a las diabéticas, así como a las que tienen que tomar cortisona regularmente, entre otras.

Las personas que tienen cataratas dejan de percibir bien los contrastes, porque se reduce la nitidez. La lente se nubla y la agudeza visual disminuye. Esto se debe a que la lente se vuelve más firme y se forman depósitos.

Si los ojos están sanos, a menudo una operación comporta una mejora. Esta operación puede realizarse normalmente de forma ambulatoria y con anestesia local, explica Hoerauf. Las infecciones rara vez suceden.

Sin embargo, especialmente en los pacientes más jóvenes y en los miopes aumenta el riesgo de desprendimiento de retina, según el experto.

El glaucoma: el ladrón silencioso de la vista

El oculista Spitzer describe el glaucoma como el “ladrón silencioso de la vista”. Tener una presión intraocular alta es un factor de riesgo en el caso de esta enfermedad. “Los pacientes no suelen mostrar síntomas de esta dolencia, lo cual también lo hace peligroso”, indica el oftalmólogo Hoerauf.

No hay cura para el glaucoma, tan solo se puede actuar limitando el daño que puede causar. Para mantener la presión a raya se suelen utilizar gotas, aunque en algunos casos también se recurre a terapias con láser o se opera el ojo. Sin embargo, no hay una única cirugía que lo hace todo como sí ocurre en el caso de las cataratas, señala Martin Spitzer.

Para las personas sanas de más de 40 años sin enfermedades previas, se recomienda un diagnóstico precoz de glaucoma cada cinco años, un reconocimiento que muchos seguros de salud no cubren, por lo que el paciente tiene que pagarlo de su bolsillo.

A partir de los 60 años, el paciente debería someterse a un chequeo cada dos o tres años. Cuanto antes se diagnostique el glaucoma, más se puede salvar el nervio óptico.

Cuando la retina cambia

En la degeneración macular asociada a edad, la mácula, ubicada en el centro de la retina, sufre cambios. Lo complicado es que “en la fase inicial de la enfermedad es imperceptible”, señala el especialista Spitzer.

El oculista Hoerauf aconseja realizar de vez en cuando comprobaciones a través de un autodiagnóstico consistente en: o bien mirar regularmente una rejilla especial (rejilla de Amsler) o, por ejemplo, mirar las juntas entre los azulejos del baño con un ojo cada vez y ver si parecen rectas. Si las líneas rectas están distorsionadas, se debe consultar rápidamente a un médico.

Seco o húmedo: Las dos formas de degeneración macular

Según Spitzer, la forma seca de la degeneración macular lleva lentamente a una pérdida de la capacidad de lectura. Aquí se forman desechos, también llamados drusas, bajo la mácula. El resultado es que resulta difícil reconocer una cara, por ejemplo. Todavía no hay una terapia para curar la forma seca, explica la especialista Ostrowski.

“La degeneración macular húmeda progresa más rápidamente y si no se trata causa un daño mucho mayor”, señala Hoerauf. Explicado de una forma simplificada es como si crecieran vasos bajo la retina.

La terapia consiste en inyecciones de medicamentos inhibidores del crecimiento. Esto virtualmente drena la degeneración macular aunque no la cura, sino que retrasa el proceso. Sin embargo, permite que se mantenga la visión durante un período de tiempo más largo.

Por Bernadette Winter (dpa)