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Mascotas

Cómo quitar al perro el miedo a nadar

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(dpa) – Cuando el asfalto quema y el termómetro se dispara, muchas personas buscan refrescarse dándose un baño en lagos, ríos y playas. También muchos perros lo pasan bien en el agua.

Pero no todos los canes se muestran encantados en un inicio con la idea de nadar. Para despertar su interés, los dueños pueden ayudarlos con un par de horas de clases de natación.

Al contrario que en el caso de las personas, por lo general los perros no necesitan aprender a nadar.

“Saben hacerlo por instinto”, dice la entrenadora canina Nicole Hofmann, de la ciudad alemana de Arnsberg. En su escuela canina se enseña a nadar.

No a todos los perros les gusta dar el salto al agua. “A este tipo de canes hay que tratarlos con cuidado”, indica. O lo intenta el propio dueño, acompañando al perro y atrayéndolo lentamente al agua, o se acude a una escuela, en la que el can es entrenado inicialmente en una piscina para perros.

En ningún caso hay que obligar al perro a meterse en el agua. “El mayor error que se puede cometer es lanzar al animal al agua para que empiece a nadar”, dice la terapeuta canina Petra Zweifel, de Schorndorf, donde tiene una consulta en la que enseña también a perros a nadar.

“Eso desencadena estrés en el animal y provoca pánico”, dice. Si se tiene la sensación de el perro no quiere entrar en el agua bajo ningún concepto, hay que poner fin a las clases de natación.

Lo mejor es acostumbra al animal lo antes posible a nadar. “Se puede comenzar con el cachorro a partir del mes 12 de vida”, explica. El tiempo necesario para ello varía según cada animal. Muchos precisan solo una hora de clase de natación, otros necesitan más.

“Por experiencia, se sabe que hay razas como el dálmata, el doberman y el crestado rodesiano a los que les cuesta bastante”, apunta Zweifel. Otros como el labrador, el golden retriever o el pastor alemán que lo hacen rápidamente.

El pelaje puede jugar un papel en ello. “Los perros con pelo largo y tupido tienen más desventajas”, explica Udo Kopernik, de la asociación canina alemana VDH.

“Absorbe agua, pesa y no se seca tan fácilmente como el pelo corto”, señala. En esos casos, el perro el suele querer abandonar el agua rápidamente.

Antes de dejar que el perro se meta en el agua durante el paseo, hay que informarse sobre si está permitido que lo haga en el lago o la playa en cuestión.

Además es importante ver el estado de las aguas en las que se va a meter el perro para preservar su seguridad.

“El dueño debe asegurarse de que no hay cristales rotos, piedras afiladas, astillas u otros objetos que puedan herir al can”, aconseja la entrenadora canina Hofmann. “Además, debe haber un acceso seguro al agua y, si se trata de un arroyo o un río, hay que ver que no haya corriente fuerte”, añade.

El tiempo que un perro puede estar nadando depende de su edad, su salud y su condición física. “Pero por lo general no se quedan demasiado tiempo en el agua”, explica Kopernik. “Suelen nadar un poco y atrapar algún juguete que les hayan lanzado antes”.

Nadar no solo es una distracción durante eel paseo. “Es bueno para la salud del can, sobre todo para los viejos y los enfermos”, explica la terapeuta canina Zweifel. Ayuda, por ejemplo, al desarrollo muscular tras una operación. También con problemas en la columna, artrosis o parálisis.

“Las articulaciones no sufren sobrecarga en el agua, trabaja el corazón y la circulación, además se reduce el estrés”, añade.

En el caso de algunas enfermedades, nadar no es recomendable. “Un perro que sufra epilepsia no debería entrar en el agua, al menos no él solo y sin chaleco salvavidas”, apunta Zweifel. “Tampoco en el caso de enfermedades circulatorias y de corazón se debe hacer sin consultar antes con el veterinario”, añade.

Si la temperatura es fresca fuera del agua, hay que secar rápidamente al perro con una toalla para que no se enfríe. “Pero si la temperatura es normal y agradable, no es necesario. El perro se sacudirá al salir del agua y se secará por sí mismo”.

Cuando el agua es salada, será necesario un cuidado especial del pelo. “En ese caso, hay que aclarar con agua el pelo del animal tras el baño”, señala.

Si los dueños van al mar con el can, debe llevar siempre agua fresca con ellos. Porque si no, el perro beberá agua salada para saciar su sed y podría deshidratarse, apunta Kopernik.

En los estanques, es importante que no coma restos de patos, sobre todo los sesos. “Los perros tienen un aparato digestivo muy fuerte en el que muere la mayoría de las bacterias pero los sesos de pato pueden provocar infecciones”, explica.

Los perros no solo pueden nadar. “También saben bucear y cuando meten la cabeza bajo el agua, cierran los ojos”, cuenta Kopernik.

En Estados Unidos existe incluso una disciplina deportiva para perros en el agua: el “dog diving”.

El nombre, no obstante, conduce a error. “Los perros no bucean, sino que saltan al agua desde una rampa tomando carrerilla”, explica el portavoz de la asociación VDH.

Por Sascha Rettig (dpa)

Foto: Hendrik Schmidt/dpa

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