Adiós al chupete: Consejos útiles

(dpa) – Los bebés comienzan a succionar antes de nacer. “En las ecografías puede verse que los bebés se chupan el dedo gordo”, observa la pediatra Margret Ziegler. Y una vez que nacen buscan intuitivamente algo para succionar.

El uso del chupete influye en el desarrollo del lenguaje. Los niños que los usan todo el tiempo hablan menos y se les entiende con dificultad. Foto: Catherine Waibel/dpa

Son “reflejos arcaicos” o “primitivos” que para cualquier niño son vitales al nacer. “Por eso hay que apoyarlos en ese proceso”, explica la especialista, que dice que para los niños el reflejo de succión no sólo es fundamental para ingerir alimentos, sino también para tranquilizarse.

No utilizar el chupete todo el tiempo

Muchos padres notan enseguida los efectos tranquilizadores del chupete, y eso es precisamente lo que genera los primeros problemas: el chupete no debería utilizarse como un elemento para tapar permanentemente la boca.

“Es importante utilizarlo de un modo más diferenciado”, recomienda Ziegler, y lo que quiere decir es que una vez que el niño cumple un año, es decir, después de sus primeros doce meses de vida, los padres sólo deberían darle el chupete para calmarlo o cuando se va a dormir.

Julia Spätling, que trabaja como pedadoga terapéutica y enfermera, opina lo mismo. Julia considera que el chupete no debiera ser más que un objeto de transición.

“Por un lado, calma la necesidad de succión que tienen los lactantes en la primera etapa; por el otro, con el tiempo da seguridad y tranquilidad al bebé, como puede suceder cuando los padres tienen un momento en el que no pueden darle apoyo emocional o cuando el niño se ve en una situación que lo tensa”.

Para Ziegler está bien que los niños aprendan a “regularse” a sí mismos en ese tipo de situaciones succionando el chupete o el dedo, pero dice que es importante que el chupete no esté permanentemente presente. Su recomendación: hacerlo desaparecer por completo cuando el niño cumple tres años.

Problemas en los dientes

La odontóloga Corina Kynast no coincide con la pediatra. Para ella los niños deberían despedirse mucho antes del chupete. “El mejor momento para que un niño vaya dejando el reflejo de succionar es una vez que cumple los dos años, es decir, entre el mes 24 y el 36 de vida”, recomienda la odontóloga, que explica que en ese período salen muchos dientes de leche y que las hileras podrían verse perjudicadas.

Dependiendo de la intensidad del movimiento de succión que haga cada niño, puede pasar que los dientes se tuerzan o desplacen en la zona frontal por la presencia permanente del chupete. Lo mismo sucede cuando se chupan mucho el dedo.

“Estar todo el tiempo con el chupete estropea la posición de los dientes y genera una mordida abierta”, explica Spätling, que por eso recomienda, al igual que la pediatra, no hacer uso del chupete más allá de la siesta o del momento de ir a la cama por la noche, y de ese modo ayudar al niño a que se acerque a la despedida.

El movimiento de succión no sólo puede perjudicar la mandíbula, sino también el habla. “Un niño que tiene permanentemente algo en la boca no habla mucho o dice cosas no muy comprensibles porque la motricidad de la boca y de la lengua se ven perjudicadas”, advierte Spätling.

Pero la pregunta del millón es: ¿Cómo pueden hacer los padres para que su hijo vaya desprendiéndose de tan preciado objeto? “En líneas generales, desde el año y medio hasta los dos años es el mejor momento porque los niños aún no son conscientes de que el chupete les resulta emocionalmente importante y suelen aceptar lo que sucede, aunque no sea lo que quieren”, relata Spätling.

¡Padres, a no aflojar!

Pero hay un factor esencial para que la despedida del chupete funcione: la perseverancia de los padres. Si están decididos a que el niño se deshaga de ese hábito, lo lograrán. Como primer paso la pedagoga recomienda no colocarle el chupete al niño directamente en la boca, sino ofrecérselo en cuanto pueda tomarlo. Y en los ratos o fases en que el niño está de lo más bien, mejor sacar el chupete del horizonte visual.

Los rituales también pueden servir para terminar de cerrar ese proceso. Por ejemplo, uno puede inventar que viene “el hada del chupete” y le cambia el chupete por un regalito. La pediatra indica que no es terrible si el truco no funciona de un día para el otro. “Los niños necesitan la repetición, y en algún momento se dan cuenta de que ya son grandes para andar con chupete”, explica.

Eso sí: aunque los padres puedan decidir cuándo es el momento de que desaparezca, no deberían hacerlo o decidirlo sin tener en cuenta al niño. “Muchos niños quieren conversar este tipo de temas, y está bien darles tiempo”, dice Ziegler, que señala que es importante tomar en serio a los pequeños y permitirles participar en este tipo de procesos.

Por Suria Reiche (dpa)