Las normas ISO son normativas de regulación y estandarización aprobadas por ISO, una palabra que responde a las siglas en inglés de International Standarization Organization, es decir, Organización Nacional de Estandarización.
El objetivo de esta organización es favorecer normas de fabricación, comercio y comunicación en todo el mundo. Tiene su sede en Ginebra a agrupa a decenas de organismos nacionales que mantienen el mismo objetivo en sus territorios. En España, AENOR es la Asociación Española de Normalización y Certificación.
Existen centenares de normas ISO, aunque las más conocidas quizá sean las referentes a las medidas de papel, la ISO 216; los nombres de lenguas, ISO 639; los sistemas de calidad, ISO 9000, 9001 y 9004, la gestión medioambiental, ISO 14000; y otras muchas.
En todos los sectores de negocio, la certificación acreditada de un producto o servicio funciona como garantía de un estándar que va más allá del simple cumplimiento de la ley. En el ámbito internacional, donde el mercado ofrece cada vez una rentabilidad menor de productos y servicios, que una empresa integre normas ISO en la cadena de suministros le hace ganar enteros en la optimización de procesos.
¿Cómo afectan las normas ISO en los procesos y productos industriales?
Un claro ejemplo de la mejoría que supone adoptar las normas ISO en el mundo de la industria lo vemos en algunos productos industriales, como es el caso de los insertos torneados o roscados.
Los insertos roscados son dispositivos que permiten reforzar todo tipo de toscas en materiales blancos: aluminio, magnesio, etc. Además, los insertos sirven para reparar roscas gastadas o deterioradas y ofrecen una unión resistente y segura. En el ámbito industrial se utilizan para dar solución a problemas térmicos, corrosivos y mecánicos. En la web de Böllhoff encontramos amplia información sobre insertos metálicos para colocar en plásticos después del moldeo.
Como ocurre con las medidas de papel, con los insertos metálicos existen también dos normas ISO que lo regulan. La primera de ella es la norma ISO 1832, que agrupa en 10 categorías estos dispositivos y cada una de ellas presenta numerosos insertos que se designan con símbolos compuestos por letras mayúsculas y/o números.
Las categorías incluyen variables como la forma del inserto, el ángulo de incidencia, la tolerancia en las dimensiones, el espesor, el sistema de sujeción y otros parámetros a controlar para controlar los niveles de calidad de estos dispositivos.
La otra norma a tener en cuenta en el proceso de fabricación y utilización de estos productos es la ISO 513, que controla características como el tipo de material que conforma la pieza, el tipo de corte, la capacidad del torno, el material, el tamaño y el espesor del injerto, como puntos más destacados.
La utilidad de los insertos roscados
El uso de insertos es bastante popular desde hace décadas, de ahí que sea bienvenida la aparición de normas ISO que estandarizan o normalizan este tipo de dispositivos.
Por sus propiedades, son muy apreciados en el ámbito industrial, especialmente en sectores como la automoción, la climatización o el mobiliario de oficina. En todos estos sectores, su utilidad es la misma, ofrecer resistencia en elementos plásticos y darle consistencia a la unión de materiales.
Algunas de las características que hacen de estos dispositivos piezas industriales exitosas es que su diámetro no puede desajustarse, pues su diámetro en estado libre es mayor al de la rosca destinada.
Son dispositivos muy resistentes que ganan espacio y peso por la disminución del tamaño del tornillo y los puntos de fijación. Ofrecen mucha resistencia al desgaste y el reparto de tensiones es muy adecuado. Por último, ofrece alta resistencia a ambientes corrosivos o a químicos y temperatura elevadas, de ahí que sean tan útiles en sectores industriales tan diferentes como la fabricación de mobiliario de oficina o la automoción.
Las ventajas de adoptar las normas ISO en las empresas
La estandarización de los procesos y productos industriales es ya una ventaja en sí para el mercado, pero que sean las propias empresas las que adoptan estos sistemas normativos les ofrece amplios aspectos positivos.
La aplicación de estos sistemas hacen que las empresas ganen reconocimiento industrial y proporcionan un fuerte impulso para emprender un crecimiento continuo, pues uno de los principios básicos de las normas ISO es el de la mejora continua.