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Destacadas - Negocios y Empresas - 16 julio, 2019

“Trash to cash”: una empresa saca diésel del plástico

Rossendorf (dpa) – Para el empresario Oliver Riedel; su “proyecto del alma” es un gran contenedor gris, dotado de una instalación con decenas de tuberías, contenedores y mucha tecnología. En ese gran habitáculo se escuchan zumbidos, traqueteos y en el aire se siente el pesado olor del combustible.

El “WASTX Plastic” es el prototipo que se ha conseguido completar tras muchos años de investigación y que consigue que residuos plásticos que ya no pueden reciclarse se conviertan en combustible. En total procesa unos 250 kilogramos al día.

“Un kilo de plástico produce alrededor de un litro de combustible”, afirma Riedel, fundador y director general del grupo de empresarial Biofabrik con sede en Rossendorf, cerca de Dresde.

En la visión de Riedel municipios y hoteles instalarán su invento para acabar con las playas llenas de basura. Además se podrá compensar económicamente, por ejemplo a través del servicio de pago Paypal, a turistas y locales que se deshagan de esta forma de sus residuos plásticos.

Los pescadores que tiran la basura de sus redes podrían contar con uno de estos equipos a bordo de su barco, según Riedel. “Entonces tal vez se recoja más plástico en la playa o en el mar”, señala el empresario de 43 años.

De esta forma no sólo se reduciría la montaña de basura, sino que también se produciría combustible, que puede ser utilizado para barcos o generadores de energía. “Muchas islas que tienen un problema con los residuos plásticos también tienen un problema energético”, señala.

El proceso en el que se basa Riedel no es nuevo, se trata de la pirólisis, que convierte los plásticos en gas o líquido a altas temperaturas.

El empresario y su equipo han desarrollado reactores especiales en el que los residuos plásticos más pequeños se calientan en estos reactores a 500 grados centígrados para eliminar el oxígeno, y los residuos como la arena y la sal se filtran y quedan apartados.

Al final gotea un líquido oscuro y viscoso con propiedades de diésel. “Jalea real”, dice Riedel con una sonrisa.

Esta instalación puede convertir en aceite tapas de aluminio impresas, envases con restos de comida, tela asfáltica o redes de pesca, cosas que no se pueden reciclar y que, por lo tanto, se incineran en gran parte.

Las cifras publicadas recientemente en el denominado “Atlas del Plástico”, de la organización medioambiental BUND, son palmarias: cada año se producen en todo el mundo más de 400 millones de toneladas de plásticos.

Entre 1950 y 2015 se generó un total de 8.300 millones de toneladas plástico y no se ha reciclado ni siquiera una décima parte. En Alemania, por ejemplo, cada ciudadano generó en 2016 una media de 38 kilogramos de residuos plásticos.

Riedel trabaja con un equipo de 25 científicos, ingenieros mecatrónicos e ingenieros. En Asia vio montañas de residuos plásticos y tuvo la idea de convertirlos en combustible. El empresario explica que recorrió el mundo durante un año para ver varias plantas.

Lo que veía era normalmente demasiado caro o no lo suficientemente eficiente. “Queríamos plantas pequeñas y descentralizadas que cualquiera pudiera operar con la tableta, que fueran rentables y que cumplieran con las normas ambientales alemanas”, dice. Riedel y su equipo pasaron seis años investigando, con muchos contratiempos.

Roman Maletz, que lleva a cabo una investigación sobre el reciclaje de plásticos y la economía circular en el Instituto de Gestión de Residuos y Reciclaje de la Universidad Técnica de Dresde, considera que la transformación de plásticos en materias primas es el enfoque adecuado para el uso sostenible de los residuos plásticos.

Sin embargo, la experiencia ha demostrado que la aplicación técnica es difícil. Desde un punto de vista económico, el proceso sólo tiene sentido si se explotan grandes instalaciones.

Sin embargo, estas, a su vez, son a menudo susceptibles a fallas debido a los muy diferentes tipos de residuos. “Si se tratase de una tecnología competitiva, se habría extendido mucho más”, señala Maletz.

Además, el proceso de reciclaje consume mucha energía. Maletz, por lo tanto, ve potencial sobre todo en las grandes empresas de energía que podrían integrar plantas en sus procesos.

Con su proyecto “ChemCycling”, la empresa química BASF quiere utilizar plásticos para producir gas de síntesis o aceites que puedan sustituir parcialmente a las materias primas fósiles en la producción.

El grupo energético austriaco OMV también ha desarrollado un proceso para extraer combustible de los residuos plásticos. Los envases de plástico y el plástico para envolver usados se convierten en petróleo crudo sintético por calor y presión.

De esta manera, se pueden extraer 100 litros de combustible líquido por hora de unos 100 kilogramos de residuos de envases.

En los últimos dos años han cambiado muchas cosas en la transformación de plásticos, comenta Maletz. “Pero apenas puedo imaginarme una máquina milagrosa donde se ponen todos los residuos de plástico y con un buen equilibrio energético sale un combustible estupendo”, agrega.

Sin embargo, el jefe de la Biofabrik, Riedel, se muestra optimista con la valía de su planta. El primer “WASTX Plastic” pronto estará en funcionamiento en la empresa Schur Star Systems de la ciudad de Flensburg, especializada en embalajes. Puede procesar 1.000 kilogramos de residuos plásticos al día.

Riedel está en conversaciones con distribuidores locales en 35 países, y hay contratos con distribuidores en Australia, Japón, Estados Unidos, Corea y Turquía. Para finales de año quiere trabajar con distribuidores locales en los 20 países industrializados más grandes – bajo el lema: “Trash to cash” (Convertir basura en dinero).

Por Christiane Raatz (dpa)

Foto: Robert Michael/dpa-Zentralbild/dpa

 

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