Por desgracia, muchas veces nos vemos en la tesitura de que las cosas, simplemente, no salen como planeamos. A mucha gente le cuesta admitir, y a veces tolerar, que se pueden tomar malas decisiones o que simplemente no tenemos el control absoluto de todo lo que nos rodea. Y no debería suponer un estigma encontrarse en una situación en la que una decisión en el pasado no ha sido la correcta, o simplemente ha dejado de serlo.
Cuando se trata de dinero, esas decisiones pueden ser cruciales. Y como indicamos, no siempre significa que hayamos cometido una mala elección. Prueba de ello es la crisis de 2008, que aunque en retorspectiva es sencillo decir la mala idea que era adquirir o ceder una hipoteca, nadie realmente supo prever que aquellas condiciones dracónicas, que eran las normales, harían desmoronarse toda la economía del país.
Así pues, son muchísimos los factores que nos pueden haber hecho contraer una deuda cuyas condiciones se nos hagan difíciles de asumir. Desde que nuestra situación financiera ha cambiado, las condiciones del mismo banco o hasta simplemente haber encontrado un producto más favorable o cómodo.
¿Cuándo deberíamos reunificar la deuda?
La reunificación de una deuda es una opción totalmente lícita y beneficiosa siempre que tengamos claro que salimos ganando con sus condiciones. Esto no solo significa pagar un TAE más bajo que nuestras otras deudas o disponer de más plazos. Tenemos que entender que los bancos ganan dinero cuanto más tiempo tardemos en pagar. Esto significa que si nuestra situación laboral es inestable y prolongamos nuestra deuda por una mensualidad más baja, corremos el riesgo de que siga siendo inasumible y además la deuda aumente. Pero si por ejemplo tenemos una situación estable, pero por cualquier motivo nuestros ingresos disminuyen, rebajar el importe de la mensualidad puede ser una buena idea.
Otra posibilidad es que descubramos que el producto que contratamos tiene unas condiciones nefastas, con grandes intereses. Tocará hacer matemáticas y calcular si nos conviene liquidar la deuda con ellos pagando posibles costes de cancelación y meternos en un nuevo crédito. Tomes la decisión que tomes, asegurate de que contratas un crédito que puedes asumir.
¿Cómo reunificar la deuda?
No siempre tendrás que contratar un producto específico para reunificar tu deuda. En primer lugar, tienes que tener en cuenta cuánto es el importe de tu deuda. Si hablamos de pequeños importes de menos de 1.000€, podrías incluso acudir a un minicrédito con una oferta inicial al 0% TAE, donde probablemente salgas ganando. En este tipo de productos la burocracia es mínima y no se suelen pedir explicaciones al ser importes pequeños.
Si la deuda contraída es mayor, tendrás que acudir a los préstamos personales. Aquí tienes también dos opciones, ya que muchas entidades permiten solicitar cuantiosas cantidades a intereses bastante competitivos sin dar demasiadas explicaciones. No obstante, podemos vernos en el caso de que se trate de una deuda acumulada bastante grande. En estos casos, sí puedes necesitar los servicios de productos especiales para la reunificación de deudas como el de Cetelem, donde los intereses son mayores que un préstamo personal, pero por contra tanto las cantidades como los plazos se aumentan considerablemente.
En todas las circunstancias, tendrías que asegurarte de adquirir un préstamo que puedas asumir, y no lanzarte de cabeza a la primera promoción que te ofrezcan. Puedes acceder a comparadores de préstamos como Top5Credits.com, hasta encontrar con el préstamo que necesitas, ya que no tendría sentido reunificar tu deuda para simplemente contraer otra peor.
