La Organización Mundial de la Salud (OMS) define la medicina tradicional como “el conjunto de conocimientos, aptitudes y prácticas basados en teorías, creencias y experiencias indígenas de las diferentes culturas, sean o no explicables”. A lo largo de la historia, los seres humanos hemos recurrido a aquello que encontramos en nuestro entorno, a la naturaleza, para mantener un buen estado de salud, para prevenir enfermedades o para conseguir mejorar los síntomas de esta. Y todo ese conocimiento ha ido pasando de generación en generación.
Muchas hierbas, así como materiales y preparaciones herbarias, son protagonistas del uso tradicional de medicamentos herbarios, de un empleo prolongado a lo largo de la historia y que diversos estudios han reconocido como eficaces para la salud, además de inocuos.
Con todo, hoy forman de nuestro día a día, pero comenzaron a ser utilizadas en la prehistoria. Por entonces, ayudaban a la conservación de alimentos como la carne a causa de bacterias, sobre todo en climas cálidos. Se han encontrado muestras de plantas en enterramientos prehistóricos datados en el Paleolítico, un uso que se desarrolló y perfeccionó a lo largo de la Antigüedad y las etapas históricas que le sucedieron, hasta los siglos XIX y XX.
Fomentando un uso adecuado
Pese su amplio uso, que en muchas ocasiones alcanza la categoría de histórico, las llamadas medicinas tradicionales, donde los medicamentos herbarios tienen gran protagonismo, se encuentran muy poco reglamentadas, a juicio de la OMS. Ya en 2004, la organización observó que, en tres años, las reacciones adversas a los medicamentos inscritos en la medicina tradicional se habían duplicado con creces, y hacía llegar nuevas directrices para fomentar un uso adecuado.
Y es que no se trata solo de que el 80% de la población de los países en desarrollo reciban tratamientos basados en la medicina tradicional en los servicios de atención primaria de salud, sino que, en países considerados ricos, muchas personas recurren a ellos por considerar que lo natural es sinónimo de inocuo. Y no siempre es así.
Ante todo, la OMS recuerda que una información accesible y comprensible es fundamental para orientar a los consumidores a la hora de tomar decisiones. Así pues, invita a estos a hacerse preguntas como si la terapia es adecuada para la enfermedad o afección a tratar, o si la proporciona un profesional calificado, sea de la medicina tradicional o adscrito a la llamada medicina convencional. También ofrecen pistas las garantías de calidad aportadas, la especificación de contraindicaciones o que tengan precios competitivos.
Aloe vera, la planta para todo
Hay plantas cuya eficacia ha sido más que contrastada, y una de ellas es el aloe vera. Tanto es así que se trata del principio activo de algunos medicamentos como Naviblef, una espuma de párpados para la blefaritis, y está incluida en la composición de muchos productos de higiene y cosméticos. Es de hecho, una de las denominadas plantas medicinales más utilizadas en Europa.
Entre sus propiedades, claro, destacan las dermatológicas y es originaria de África. Incluso Cristóbal la llevó en sus viajes por el Nuevo Mundo, como método para garantizar el bienestar de la tripulación. Sin embargo, también se han estudiado sus aplicaciones en oftalmología o contra algunos tumores.
El cantaueso, el gran desconocido
El cantueso o tomillo borriquero, cuyo nombre científico es Lavandula stoechas, es un arbusto cuyas flores se utilizan en aromaterapia y para elaborar aceites esenciales. Las antisépticas, digestivas, antiespasmódicas, cicatrizantes y antibacterianas son algunas de las propiedades del cantueso, según las tiene atribuidas.
Sin embargo, no es una de las más consumidas de Europa, lo que puede tener que ver con la poca literatura científica que existe al respecto.
El gingseng, un gran tonificante
Se utiliza como tonificante y revitalizante, y es la tradición oriental la que nos enseñó sus propiedades. Se considera tan eficaz que también se encuentra entre las más utilizadas de Europa, aunque está contraindicada en personas que presenten tendencia a la ansiedad o al estrés. A este respecto faltan aún estudios.
Sí se han estudiado más en profundidad sus propiedades contra enfermedades neurodegenerativas, como el alzhéimer, si bien también faltan investigaciones contundentes.
La valeriana, siempre asociada a la tranquilidad
Sus efectos sedantes la han convertido en una de las más recurrentes, ya que combatir el insomnio y la ansiedad es un deseo habitual entre la ciudadanía. Tales patologías tiene una alta prevalencia en la actualidad, y sí hay bastante evidencia que avala su eficacia.