Melilla, 1 mar (EFE).- Cuando se habla de la valla de Melilla no se alude únicamente al perímetro fronterizo entre la ciudad y Marruecos, sino que es mucho más, ya que se trata de la frontera sur de España y también de toda la Unión Europea (UE).
El perímetro fronterizo terrestre de Melilla cuenta con una longitud de unos 11,5 kilómetros, a lo largo de los cuales se sitúan cuatro puestos fronterizos, los puntos habilitados para el tránsito de vehículos y personas.
El más importante es el de Beni Enzar, el único que, junto al de Farhana, permite el tráfico rodado de vehículos y de ciudadanos a pie.
Los otros dos, el de Mariguari y el de Barrio Chino, son peatonales, siendo este último el que concentra el denominado comercio atípico, esto es, el trasiego de bultos con mercancía cargados por porteadores.
El actual concepto de perímetro fronterizo surge en la segunda mitad de la década de los 90, cuando Melilla ya comienza a notar una presión migratoria de argelinos y subsaharianos, que obligan a levantar una verja que se elevaba a unos tres metros de altura.
Antes, únicamente existía una alambrada de púas de aproximadamente un metro de altura colocada por el Ejército en la década de los 70, que los melillenses y los marroquíes superaban sin dificultad para ir a uno y otro lado a realizar gestiones o compras, y en la que, incluso, los niños jugaban a saltar.
Las avalanchas de 2005 supusieron entonces un antes y un después, ya que la valla cambió de forma, con la incorporación de las concertinas, alambre de cuchillas que el pasado año volvieron a ser el centro de atención, por su teórica vuelta, aunque nunca se retiraron del todo, ya que sólo se quitaron las de la parte alta de la valla, permaneciendo en la zona más interna, la que da a Marruecos.
Además, con las avalanchas, la doble valla se elevó de tres a seis metros y, posteriormente, se colocó un obstáculo pionero en el mundo, cuyo nombre entonces sonaba casi galáctico: la sirga tridimensional.
La sirga tridimensional consiste en un cable trenzado situado entre la valla externa y la interna, que impide que se pueda caminar en el pasillo intermedio, un sistema por el que incluso se llegó a interesar Estados Unidos para su frontera con México.
Durante algunos años, fue un obstáculo casi imposible de superar, pero ahora incluso se cuestiona su utilidad, ya que se ha llegado a plantear que ayudan a los inmigrantes a impulsarse y poder acceder a territorio español.
Los inmigrantes superan ahora con cierta facilidad la valla interior de seis metros, la que da a Marruecos, para caer en la sirga, el entramado de cables de acero elevado unos tres metros, que les ayuda a impulsarse para superar el último obstáculo, la valla exterior que da a Melilla, también de seis metros.
En su día, la empresa instaladora hizo pruebas con alpinistas para comprobar la seguridad del sistema. Se tardaba entonces en superar todos los obstáculos alrededor de quince minutos, un tiempo que actualmente se ha reducido a escasos segundos.
La encargada de custodiar el perímetro es la Guardia Civil, por tratarse de un punto no habilitado para la entrada de personas, en tanto la Policía Nacional se encarga del control de los puntos habilitados, esto es, los puestos fronterizos.
No obstante, el Ejército ha colaborado en varias ocasiones en el control de la valla, como ocurrió entre 1997 y 1999 y en 2005.
En la actualidad, no se plantea la incorporación de militares a la labor de vigilancia fronteriza, aunque tampoco se ha llegado a descartar del todo.
El perímetro, además de por agentes del instituto armado, está custodiado por 42 cámaras, entre las que hay algunas térmicas para distinguir a los inmigrantes por el calor de su cuerpo, y también otras cámaras tipo domo, que permiten un ángulo de visión total porque giran 360 grados y pueden ser teledirigidas por los agentes.
A pesar de que los medios son cada vez más avanzados, la inmigración consigue adaptarse a ellos y busca cada vez nuevas fórmulas para conseguir dar el salto a una frontera que tiene la mayor diferencia de renta per cápita del mundo.
Y es que los inmigrantes saben que saltar la valla de Melilla es conseguir entrar en Europa y dejar atrás, sin salir del continente africano, una vida que decidieron abandonar por el anhelo de conseguir otra mejor.
No obstante, dar ese salto en muchos casos no supone alcanzar ese sueño, porque, posiblemente, muchos de ellos serán repatriados nuevamente a sus países.
Noelia Ramos