La Supercopa de España, el nuevo enredo de Luis Rubiales


Madrid, 10 jul (dpa) – En menos de dos meses como nuevo jefe del fútbol español, Luis Rubiales mostró una personalidad volcánica que no rehúye la polémica y el enfrentamiento, como demuestra su pelea con el Sevilla a causa de la Supercopa de España.

Rubiales sorprendió al «establishment» cuando el 17 de mayo fue proclamado como nuevo presidente de la Federación Española (RFEF) tras derrotar a la vieja guardia representada por Juan Luis Larrea.

El ex jefe del sindicato de jugadores anunció «cambios» en la manera de actuar del organismo, pero lo que no sugirió entonces es que actuaría con mano de hierro.

Su primera memdida trascendente dio la vuelta al mundo. Fue el 13 de junio cuando en una decisión absolutamente personal destituyó al entonces seleccionador español, Julen Lopetegui, a dos días del debut español en el Mundial. A Rubiales le sentó muy mal que el técnico alcanzara un acuerdo para entrenar al Real Madrid y lo fulminó. Incluso en contra de la opinión de los futbolistas.

La selección española se estrelló en la cita rusa, pero Rubiales nunca lamentó su decisión. Al contrario. Y prosiguió con su «revolución». La renuncia de Fernando Hierro, el seleccionador durante el Mundial, le sirvió su próximo movimiento en bandeja y el lunes nombró a Luis Enrique como nuevo técnico y a Juan Francisco Molina como su director deportivo. Una decisión que sigue generando debate.

La designación del nuevo entrenador opacó otro anuncio realizado el mismo día, minutos antes de pronunciar el nombre de Luis Enrique, y fue la elección del día y sede de la Supercopa de España entre Sevilla y Barcelona. Será, si no hay rectificación, el 12 de agosto en la ciudad marroquí de Tánger y a partido único.

La decisión irritó profundamente al Sevilla, que se sintió perjudicado al no poder llevar la disputa del trofeo ante sus hinchas.

Poco después del anuncio de Rubiales, emitió un comunicado: «Resulta evidente que la RFEF ha tomado para la presente edición una decisión específica con la intención exclusiva de solucionar los problemas al Barcelona, desoyendo las peticiones del Sevilla».

El conflicto subió de nivel en la noche del lunes, cuando el presidente del Sevilla, José Castro, volvió a acusar a Rubiales en la radio «Cadena Cope» de «rendir pleitesía» al Barcelona, que no tenía fechas libres para disputar el trofeo a doble partido, a costa de perjudicar a su club.

Y como el presidente de la RFEF no rechaza ningún debate -privado o público- llamó a la emisora, pidió entrar en directo y rebatió las tesis del presidente del Sevilla en una discusión con elevado tono. Rubiales hasta le amenazó con difundir mensajes intercambiados privadamente entre ambos.

«Que un club, para quedar bien con la afición, le eche las culpas a la Federación no nos parece serio ni riguroso», le dijo a Castro.

Lo que está claro es que nuevos tiempos han llegado a la Federación Española. Lejos del carácter elusivo y escurridizo de su anterior presidente, Ángel Villar, que sencillamente no hablaba con la prensa, Rubiales demostró en poco tiempo que no rehúye ninguna discusión y que es capaz de llevar hasta el final sus opiniones.

Por Alberto Bravo (dpa)