Bogotá, 20 mar (dpa) – «El ciclismo colombiano está de vuelta». La frase fue pronunciada por Carlos Betancur al ganar el domingo la carrera París-Niza y refleja lo que ocurrió en los últimos meses con los «escarabajos», como llaman a los pedalistas de Colombia que en los años 80 irrumpieron en Europa.
Las palabras de Betancur no son un cliché porque los ciclistas colombianos regresaron con fuerza al primer plano después de magros resultados durante la década pasada.
El flamante campeón de la París-Niza, que corre en el equipo francés Ag2r, comparte ahora con el australiano Simon Gerrans el primer lugar en el ranking de la Unión Ciclística Internacional (UCI).
«Eso significa que él es hoy el mejor ciclista del mundo, como Rafael Nadal es el mejor tenista, Tiger Woods, el mejor golfista, o la selección española la mejor de fútbol», señaló el diario «El Tiempo» para graficar la importancia de ese lugar.
Colombia, un país lleno de montañas andinas, se ha distinguido por formar a escaladores que en las tres últimas décadas han sorprendido al mundo por esa facilidad casi natural para encarar el ascenso.
La afición por el ciclismo empezó en los años 50 con el surgimiento de la Vuelta a Colombia, pero el furor se apoderó del país 30 años después con la aparición de figuras como Alfonso Flórez, que ganó el Tour de l’Avenir 1980, Luis Herrera y Fabio Parra.
Los «escarabajos» empezaron a llamar la atención de los europeos en las pruebas de ruta, aunque ya antes Martín «Cochise» Rodríguez había ganado el campeonato mundial de la hora en 1970 y el título mundial de los 4.000 metros persecución individual en 1971, en pista.
Tras el triunfo de Herrera en la Vuelta a España 1987 y el tercer lugar de Parra en el Tour de France 1988, los colombianos continuaron cosechando éxitos de menor resonancia y luego del retiro de los ídolos de entonces la representación del país en competencias de importancia mundial declinó.
Santiago Botero se destacó en la última década del siglo pasado y la primera de este, pero su nombre se vio manchado tras resultar comprometido en la Operación Puerto, la trama de doping descubierta en España.
El resurgimiento del ciclismo colombiano quedó en evidencia el año pasado con la actuación de Nairo Quintana en el Tour de France, en el que superó la hazaña de Parra en 1988 y subió al podio como segundo detrás del británico Christopher Froome.
Quintana, de 24 años, es la gran esperanza latinoamericana para ganar algún día el Tour de France, que él mismo asegura que conseguirá más temprano que tarde.
«Pienso que en un par de años podré aspirar a ganar», dijo Quintana cuando regresó a Colombia tras obtener ese segundo lugar. La bienvenida que le tributaron incluyó un impresionante desfile callejero que lo acompañó hasta el palacio de gobierno, donde fue recibido como un héroe nacional.
Sin embargo, eso no ocurrirá este año, pues el equipo Movistar de España ya anunció que Quintana no será el líder de la escuadra en Francia sino en el Giro de Italia.
Betancur, también de 24 años, puede ser la carta del Ag2r para el Tour de France, pues ya se confirmó que el actual número uno del escalafón mundial del ciclismo estará en esa carrera.
El año pasado, mientras Quintana era premiado como el segundo en la clasificación general de esa competencia, su compatriota Betancur era galardonado como el mejor ciclista joven.
Quintana consiguió este martes el segundo lugar en la carrera Tirreno-Adriático, con lo cual los colombianos han subido 16 veces a los podios en competencias del World Tour, la máxima categoría del ciclismo mundial.
Rigoberto Urán, que en los Juegos Olímpicos de Londres ganó la medalla de plata en la prueba de ruta, es el colombiano que más veces ha subido al podio en la categoría, en cinco ocasiones.
«Lo que hicieron Carlos en París-Niza y Nairo en Tirreno-Adriático es la ratificación de que estamos en la élite. Vienen cinco o seis años de buen ciclismo y de triunfos para Colombia», pronosticó Urán.
Por Rodrigo Ruiz Tovar