Cómo hacer del concurso de acreedores un nuevo comienzo

Cómo hacer del concurso de acreedores un nuevo comienzo parece que es impensable para quien está pasando por el trance. Sin embargo, es posible. La clave está en dejarse asesorar por profesionales de confianza que sean especialistas en estas situaciones. Ellos demostrarán que el concurso de acreedores no tiene por qué ser el final, sino la ocasión para un nuevo comienzo.

Cómo hacer del concurso de acreedores un nuevo comienzo parece una utopía para las empresas y sociedades que entran en dificultades de solvencia y, consecuentemente, en deudas que resultan insalvables. Esto nunca es agradable para las sociedades, ni para sus gestores. El espíritu del empresario es emprender, no finiquitar, y renacer si fuera necesario. Podrá hacerlo si está bien asesorado.

No hay que perder la calma, aunque resulte difícil porque el empresario ve que primero empiezan a brotar los “números rojos” en las cuentas bancarias; que cada vez tiene menos margen de maniobra financiera; que aparecen las deudas; que empiezan las llamadas de las gestoras de cobros, atosigantes, que incrementan la angustia.

El empresario en apuros ve cómo se cierne sobre él la amenaza de ser incluido en una lista de morosos; el descrédito en todo el sentido de la palabra, en tanto que pierde reputación y capacidad de crédito. En definitiva, el empresario en apuros se va sintiendo “marginado, apartado de la sociedad”. Lo más inteligente que puede hacer para remediar la situación es dejarse asesorar por especialistas que le ayuden a pasar el trago.

Menos concursos de acreedores

El año pasado íbamos muy mal en nuestro país. El número de los concursos de acreedores se había disparado en casi un treinta por ciento (27%) desde enero hasta junio. Sin embargo, a comienzos de enero de 2020 España registró un cinco por ciento menos de estos casos con respecto a los ejercicios anteriores. Y eso que diciembre de 2019 fue “terrorífico”: trescientas noventa y nueve empresas se declararon insolventes. En todo 2019, las empresas que entraron en concurso de acreedores no llegaron a las cuatro mil quinientas (4.483).

¿Pero qué es exactamente un concurso de acreedores?

Para explicar lo que es un concurso de acreedores recurrimos a la Real Academia de la Lengua Española (RAE), que lo define como un “juicio universal para aplicar los haberes de un deudor no comerciante al pago de sus acreedores”. Pero no dramaticemos. No se trata de que “el mundo entero” pueda emprender acciones legales contra la empresa insolvente. El concurso de acreedores es, simplemente, un proceso legal en que participan todos los acreedores de la sociedad o empresa insolvente.

En el proceso legal, se busca la mejor manera de ir liquidando deudas. La Ley Concursal protege a los más débiles. Da prioridad a los empleados de la empresa a los que deba las últimas nóminas. Después, a los proveedores. Luego, a los bancos y las instituciones, y así sucesivamente en plazos determinados.

Bajo tutela legal

Todo el procedimiento está regulado y tutelado por las leyes.

Hay dos clases de procesos concursales: “voluntario” y “necesario”. El “voluntario” es iniciativa del deudor. El “necesario” es iniciativa de los acreedores cuando el administrador de la empresa deudora se inhibe y no inicia concurso “voluntario”.

En ambos casos, un administrador concursal dirá si el deudor ha actuado correctamente y su insolvencia es accidental, o si su deuda es la consecuencia de una mala gestión y de una conducta irresponsable o dolosa. En este segundo caso, el deudor tiene que asumir las consecuencias legales y económicas, que pueden ser graves.

La ley contempla un tercer tipo de concurso de acreedores, el “express”, con el que se procede a la liquidación inmediata de la empresa o sociedad deudora, sin liquidación posible de bienes porque ya no existen. Pero se trata de un caso especial que debe de ser aprobado previamente por el juez concursal.

Perder el miedo al concurso de acreedores

De todo lo dicho, se desprende que lo mejor en el caso de incurrir en deudas insalvables es declarar la situación de quiebra e instar el concurso de acreedores voluntario. El empresario es una víctima más de la insolvencia junto con aquellos con los que tiene contraídas las deudas.

Según Igor Ochoa, especialista con más de quince años de bagaje profesional a sus espaldas y despachos abiertos en Madrid y en Bilbao, hay que “perder el miedo al concurso de acreedores”, puesto que no supone el final irremediable de la empresa. Es más: puede incluso representar la oportunidad para un nuevo comienzo, en situación saneada.

Igor Ochoa es economista, licenciado en ADE (Administración de Empresas) y ‘business angel’ para emprendedores. Es un reconocido experto internacional en gestión de crisis de la consultora Dipcom Corporate. Tiene un largo y acreditado recorrido profesional como asesor y consejero en varias sociedades industriales. Es él unos de los principales defensores de que el concurso de acreedores no tiene por qué ser necesariamente “el final”, sino “un nuevo comienzo”.

Dos situaciones posibles

La primera situación se da cuando, el negocio es viable a pesar de las deudas, que vienen ocasionadas por una mala estructura de costes y provocan la insolvencia de forma temporal. De esta insolvencia se puede salir con una reestructuración de costes y la renegociación de la deuda contraída ante bancos, los proveedores y las instituciones.

La otra situación es la peor de las posibles: cuando el negocio es inviable. A juicio de Igor Ochoa, si es inviable es porque el modelo de negocio no ha sido concebido acertadamente. Aunque el problema sea más grave, “no es irresoluble” tampoco.

Es aquí donde se ve más clara la importancia del asesor especializado y de confianza. Este asesor ayudará a afrontar la situación aconsejando la intervención en varias áreas de la empresa, lo que representa casi siempre ajustes de plantilla, reorganización productiva, reestructuración financiera y/o comercial y otras actuaciones.