Chipre, la isla del sol y del buen vino

(dpa) – La carretera que une el sur de la costa de Chipre con la cadena montañosa de Troodos, ubicada el centro-oeste de la isla en el mar Mediterráneo, está rodeada de tunas y parece una región poco fértil. Sin embargo, esta impresión engaña.

El idílico pueblo chipriota de Omodos se encuentra rodeado de viñedos. Foto: Andreas Drouve/dpa-tmn

En los alrededores del pueblo de Doros, en el distrito de Limasol, abundan los viñedos. Aquí el joven Filipos Karseras vigila su imperio de tanques de acero inoxidable, barricas de roble y almacenamiento de botellas.

El precursor de todos los vinos dulces, Commandaria, se produce aquí “de la misma manera que hace 5.500 años”, asegura entusiasmado el viticultor.

El proceso de elaboración es complejo. “Después de la vendimia en septiembre, secamos las uvas al sol durante dos semanas hasta que casi se han convertido en pasas, recién entonces las prensamos”, explica Karseras. El vino permanece al menos dos años en el barril.

Clima marino y aroma de melocotón

Cerca de la fortaleza de Kolossi se encuentra el Museo del Vino de Chipre. ¿Qué hace que la viticultura con tantas variedades de uva autóctonas sea tan especial?

“Las montañas cercanas a los lagos, el clima y los suelos, que alguna vez fueron el fondo del mar”, explica la fundadora del museo, Anastasia Guy.

En lo más alto de su lista de éxitos está el Xynisteri, un vino blanco con notas de melocotón y cítricos, frutado y seco al mismo tiempo. “Si lo plantaras en otro lugar, no sería lo mismo”, asegura Guy convencida, y agrega que el vino Commandaria es de por sí una rareza.

La ciudad de Pafos sirve como punto de partida para descubrir los pueblos vitivinícolas del oeste de Chipre. Además, las zonas rurales en torno a Choulou y Pano Panagia destilan exotismo mediterráneo: aceitunas, naranjas y granadas.

En el pueblo de Letymvou hay sillas de café al costado de las calles, y en el monasterio de Chrysorrogiatissa cinco monjes producen vino. Una escalera lleva del patio de la iglesia a la bodega.

Enólogos innovadores

Por muy antigua que sea, la vitivinicultura en Chipre ha despegado realmente en los últimos tiempos. Enólogos innovadores como Orestis Tsiakkas iniciaron una revolución de calidad, pero al mismo tiempo preservaron los conocimientos de sus antepasados.

El padre de Orestis era en realidad un gerente de banco. Sin embargo, su instinto visionario lo llevó a renunciar a su puesto a principios de los años noventa para desarrollar su bodega Tsiakkas, en la ciudad de Pelendri.

“La nueva tendencia en Chipre es revitalizar las antiguas variedades de uva”, explica Orestis. El futuro de las uvas Promara, Yiannoudin y Mavro es muy prometedor.

Viticultura sin irrigación

Los mismos pasos también sigue el viticultor Marcos Zambartas en el pueblo Agios Amvrosios.

De afuera, la bodega de Zambartas parece una mansión, en cuyas profundidades están las bodegas. Los viñedos, en cambio, están a 40 minutos en coche. Esto es lo que, además de la calidad superior de los vinos, también puede explicar el alto nivel de precios.

Zambartas hace referencia a la falta de irrigación. “Tampoco tenemos infraestructura”, destaca. Las variedades de uva son muy robustas y no hay problemas de plagas.

Buen vino hay en todas partes

Chipre ofrece siete rutas del vino a los viajeros. El Commandaria, que el viticultor Filipos Karseras destaca como compañero “para una tarde relajada”, es el vino omnipresente. El experto asegura que junto con el sol de Chipre es la mejor recomendación para beber sorbo a sorbo.