Nizhni Nóvgorod (Rusia), 7 jul (dpa) – Mientras los jugadores uruguayos se despedían llorando de Rusia 2018 bajo el aliento de una hinchada incansable, un enorme interrogante se abría sobre la continuidad del proceso de renovación más profundo y exitoso vivido por el fútbol «charrúa» en el último medio siglo.
La derrota en cuartos de final del Mundial ante Francia este viernes, las elecciones inminentes en la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF), el fin del contrato de Óscar Tabárez y sus 71 años llenan de incertidumbre el futuro inmediato del hombre que desde hace 12 años es mucho más que un entrenador para Uruguay.
«Conozco pocos casos en los que el entrenador decida si sigue o no. A mí hoy se me terminó el contrato y no voy a hablar del tema porque no me corresponde», señaló Tabárez en Nizhni Nóvgorod después del 2-0 que amargó las ilusiones de Uruguay. El técnico dejó la pelota en el campo de la AUF: «A mí nunca me gustó hacer lobby».
Convertido ya en una institución, el «Maestro» es el corazón de la modernización que vivió el fútbol uruguayo desde que tomó el mando de la selección en 2006 (tras una primera etapa como seleccionador entre 1988 y 1990) y el responsable de éxitos como la semifinal disputada en Sudáfrica 2010 o la Copa América conquistada en Argentina 2011.
Clasificó a Uruguay para cuatro Mundiales e insistió en devolver a la bicampeona del mundo a una tradición futbolística «que se interrumpió en 1950». Con sus dotes de estratega, motivador y autoridad moral, con el respeto que se ganó incluso entre los críticos, Tabárez encarna un proyecto que va mucho más allá del fútbol.
«Todo el mundo sabe lo que significa el ‘Maestro’ para la selección y para todo Uruguay por el respeto que se ha ganado», dijo el viernes Luis Suárez. El delantero dejó un deseo antes de abandonar el estadio de Nizhni Nóvgorod: «Ahora la AUF debe valorar el trabajo del ‘Maestro’ hasta hoy. Y esperemos que sean buenas las noticias».
La primera parte de esas noticias se conocerá el 31 de julio, cuando la directiva de los clubes uruguayos elijan a un nuevo presidente de la AUF. Wilmar Valdez, en el cargo desde 2014, confirmó en pleno Mundial que buscará la reelección y que si gana habrá «Tabárez para rato», promesa que ratificó el viernes.
«Si a mí me toca estar de nuevo al frente de la AUF, lo primero que voy a hacer es sentarme con Tabárez para hablar del nuevo contrato», dijo todavía en el estadio de Nizhni Nóvgorod. El directivo de 53 años celebró la buena imagen que dejó Uruguay en el torneo más allá de la eliminación en cuartos.
También confirmó su candidatura Eduardo Abulafia, empresario que ya perdió las elecciones en la AUF en 2014. Nombrado por el Gobierno en la Comisión Gubernamental que promueve la candidatura de Uruguay, Argentina y Paraguay para el Mundial 2030, Abulafia consideró que «hay que hacer un cambio», sin especificar si aludía a Tabárez.
Más allá del nuevo nombre al frente del fútbol uruguayo, la edad de Tabárez y su delicado estado de salud -lucha desde hace años contra una enfermedad que le afecta el sistema nervioso y que lo obligó moverse con muletas en Rusia- hacen difícil prever si llegará a Qatar 2022. Más cercana y realista parece la Copa América del año próximo.
Lo mismo puede decirse de algunos referentes del plantel, comenzando por el capitán y alma del equipo, Diego Godín, de 32 años. Los delanteros Luis Suárez y Edinson Cavani tienen 31; el arquero Fernando Muslera, 32.
La transición está en cambio asegurada por jóvenes que se foguearon en Rusia como el central José María Giménez, relevo natural de Godín a sus 23 años, el lateral Diego Laxalt (25) o los centrocampistas Lucas Torreira (22), Nahitan Nández (22) y Rodrigo Bentancur (21). Regeneración que es también obra de Tabárez, un técnico que puso en el centro de su gestión la apuesta por los juveniles.
«Sé que Uruguay va a continuar con su cultura futbolística, con su historia», confió el viernes tras la derrota. «Me tiene muy tranquilo». Acabe o no la era Tabárez las próximas semanas, su huella promete perdurar aún varios años.
Por Pablo Sanguinetti (dpa)