Luka Modric, el «10» que brilla en un Mundial sin mediocampo


Sochi (Rusia), 6 jul (dpa) – Luka Modric es uno de los últimos estrategas de Rusia 2018. Tras el hundimiento del «tiki-taka» y en un Mundial revolucionado por los contraataques veloces y los goles a balón parado, el volante que dirigirá mañana a Croacia en los cuartos de final ante Rusia en Sochi encarna aún a los futbolistas que marcaron escuela en la década pasada.

Modric, de 32 años y apenas 1,72 metros de estatura, es el encargado de la creación en el mediocampo croata, como lo eran los «bajitos» Xavi Hérnandez y Andrés Iniesta en la España campeona de 2010, o Toni Kroos en la brillante Alemania de toque de hace cuatro años.

El puesto parece ya un «rara avis» en Rusia 2018, el Mundial que está enterrando el dogma de la posesión de pelota. Modric, el «10» de Croacia, es uno de los últimos defensores del estilo. Tres de los equipos que más control tuvieron en sus partidos, España, Alemania y Argentina, se despidieron hace rato del torneo.

La selección ibérica incluso con un triste récord: completaron 1.029 pases en su partido de octavos, un despliegue estéril de toque y control que no pudo evitar la eliminación a manos de la modesta Rusia.

Entre los ocho equipos sobrevivientes quedan volantes talentosos. Kevin De Bruyne en Bélgica, por ejemplo, o el brasileño Philippe Coutinho. Ambos juegan sin embargo en equipos que brillan sobre todo por sus potentes ataques -Coutinho juega de mediapunta y se suele retrasar a la creación -, mientras que el juego de los croatas depende en mucho mayor medida de lo que pueda hacer Modric en la medular.

El pequeño centrocampista del Real Madrid completó hasta ahora 211 pases en los cuatro partidos que jugó, en los que tocó la pelota 255 veces. El brasileño Casemiro y el francés N’Golo Kanté hicieron más pases, aunque ambos juegan en posiciones más defensivas.

Modric, el «cerebro» croata, lidera ahora a un equipo que aspira a hacer historia emulando a la única selección del país balcánico que llegó a las semifinales de un Mundial: el equipo liderado por el mítico artillero Davor Suker, que tumbó a Alemania en los cuartos de final de Francia 1998 y se quedó con el tercer puesto tras caer en semifinales con los anfitriones y posteriores campeones.

«Tenemos un buen equipo y tenemos la oportunidad de volver a hacer algo así», dijo el central Dejan Lovren tras la llegada de los balcánicos al balneario de Sochi para el trascedental duelo del sábado ante Rusia.

«Espero que podamos ser la sorpresa de este Mundial», señaló por su parte Suker, otro antiguo jugador del Real Madrid y hoy presidente de la Federación de Fútbol de Croacia, tras la dramática victoria por penales (3-2) en los octavos ante Dinamarca.

La diferencia es que para llegar de nuevo a la ronda de los cuatro mejores Croacia no depende esta vez tanto de la pólvora de las botas de Suker, sino de los pases de Modric, uno de los últimos centrocampistas estrella de Rusia 2018.

Por Isaac Risco (dpa)