Oviedo, 29 ene (EFE).- El productor Carlos Saura Medrano ha defendido hoy el coste de la exposición «Luz», diseñada por su padre, el cineasta del mismo nombre, que sirvió para inaugurar el Centro Niemeyer y que, tras ser exhibida durante seis meses y recibir 40.000 visitas, tuvo un coste de 450.000 euros.
Saura ha comparecido hoy ante la comisión parlamentaria de investigación del centro cultural donde ha relatado el proceso seguido para poner en marcha una muestra que, ha asegurado, el director de «La caza» concibió como un acto «de cariño, de amor y de apoyo» a un proyecto cultural que se iniciaba en Avilés.
Tras recordar que fue el «poder de seducción» del entonces director, Natalio Grueso, el que logró convencer a su padre -«y no es fácil»-, el entonces director de cine de Zebra Producciones ha repasado la historia de una muestra para la que inicialmente el Niemeyer se planteó contar con el director de fotografía Vittorio Storaro y con un presupuesto de hasta un millón de euros.
Estas cantidades, ha apuntado, fueron reduciéndose posteriormente hasta los 450.000 euros que costó finalmente, una cantidad, ha afirmado, muy alejada de los más de 800.000 euros que cuesta cualquier muestra «con cierta visibilidad» que se organice en grandes centros culturales de ciudades como Madrid.
Según el productor cinematográfico, su padre, que cobró finalmente 90.000 euros, admitió empezar a trabajar en el diseño «por lo que cobraba por escribir un guión» y que Zebra inició sus gestiones sin contrato desde la confianza en el compromiso adquirido por los gestores del Centro Niemeyer, que adeuda a la empresa unos 22.000 euros «con lo que, prácticamente, no hemos ganado».
No obstante, se ha mostrado crítico con algunas de las actuaciones de éstos como el hecho de que la Fundación pagara directamente a Zebra determinadas facturas del propio Saura y de otros proveedores de la muestra en lugar de hacerlo directamente a ellos como se les había pedido o la inexistencia de seguridad en la muestra, lo que provocó el deterioro de algunas piezas.
Saura, que ha asegurado haber pensado siempre que trabajaba para una fundación privada, ha dicho desconocer por qué la Fundación rechazó la posibilidad, que él mismo les ofreció, de buscar un patrocinador para la muestra y ha lamentado que, tras el «éxito» obtenido en Avilés, no pudiera ser expuesta en otros sitios.
Según ha indicado, el objetivo inicial era que tuviera carácter itinerante dado que los contenidos siguen siendo propiedad del Niemeyer y que les planteó varias propuestas para llevarla a Oporto o al Festival de Cine de Berlín que no llegaron a concretarse al quedarse «sin interlocutores» en la Fundación.
