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El uso recreativo de marihuana en NY, una medida contra el racismo

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Comunidades Drogas

Foto: picture alliance / Oliver Berg/dpa

(dpa) – En Nueva York muchas veces las personas eran detenidas por violar disposiciones sobre la marihuana. Según datos de 2019 de la organización de derechos civiles ACLU, los delitos vinculados al cannabis eran la causa más habitual para terminar entre rejas.

Y las cifras reflejan -a pesar de que existe el mismo consumo entre blancos y no blancos- un racismo profundamente arraigado.

«En todo el estado, los neoyorquinos negros son detenidos 4,5 veces más por fumar hierba que los neyorquinos blancos. En Brooklyn y Manhattan los negros son detenidos nueve veces más que los blancos», señala la ACLU.

Nueva York, con sus 20 millones de habitantes y la metrópoli del mismo nombre, se convirtió en el décimo quinto estado norteamericano en aprobar el consumo recreativo de marihuana y lo hizo tras una disputa que se extendió durante años.

El hito político y social se produjo a fines de marzo con la aprobación de la ley correspondiente en el Parlamento local en Albany.

De ahora en más, quien sea mayor de 21 años tendrá permitido llevar consigo hasta 85 gramos de cannabis para uso personal. Y el consumo, según indican los medios, estará permitido en algunos espacios especiales.

Más adelante será posible también tener plantas en casa para consumo propio. Aún puede ser que pasen un año o más para la apertura de las primeras tiendas de cannabis.

Esta legalización del consumo recreativo de la marihuana es sobre todo una medida para combatir el racismo estructural. «Desde hace décadas, la guerra contra las drogas es un instrumento para mantener en la mira a estadounidenses negros o marrones y modificar destinos en sus comunidades para millones de personas», señaló el think tank Brookings el año pasado.

Los policías de Nueva York ya no pueden revisar los coches solo porque perciben olor a hierba. Lo que sí se puede seguir haciendo es realizar pruebas antidrogas a los conductores. Los antecedentes por delitos anteriores vinculados a la marihuana que ya no están prohibidos deben borrarse de los expedientes policiales.

Los integrantes de minorías, además, tendrán prioridad en el futuro en la asignación de licencias comerciales, lo que es considerado por los expertos una medida central para el apoyo a los barrios más carenciados.

También hay que tener en cuenta que los ingresos impositivos adicionales que se espera que fluirán a los barrios más afectados por el racismo.

El modo en que se repartirá este dinero fue una de las grandes disputas entre el gobernador Andrew Cuomo y los legisladores de la capital neoyorquina, Albany.

Entre otras cosas, Cuomo insistió para que su gobierno tuviese mayor influencia en esa decisión. Se estima que en el estado surgirá en los próximos años una industria del cannabis de 4.200 millones de dólares que generará ingresos impositivos de unos 350 millones anualmente.

Según los medios, Cuomo, de 63 años, finalmente cedió bastante en las negociaciones con los parlamentarios. Algunos vincularon esto a las acusaciones de acoso sexual presentadas en su contra por varias mujeres. El gobernador, según esta interpretación, necesitaba un éxito político para reducir la presión.

Pero a pesar de que deparará millones de dólares a los barrios de la ciudad con los habitantes más necesitados, la nueva ley constiuye solo un pequeño paso en la lucha contra el racismo sistémico en Estados Unidos.

«La legalización del cannabis no revierte las detenciones pasadas y aunque se borren los antecedentes eso no compensa los años y décadas que se pasó con menos formación, trabajo y otras cosas por haber estado en prisión por drogas», señala el instituto Brookings.

El instituto instó a aprovechear la oportunidad de la reforma para concienciar a los policías de cómo la antigua legislación sobre la marihuana contribuyó al racismo y en el futuro evitar así prejuicios y formas de comportamiento discriminatorias.

«La historia de la política del cannabis demuestra que a través de ella se institucionalizó el racismo contra determinadas comunidades. Ahora con la legalización hay que ocuparse de que estas se recuperen».

Por Benno Schwinghammer (dpa)

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