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Yosemite, un parque fantasma por los incendios en California

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Valle de Yosemite (California), 12 ago (dpa) – Agosto es la temporada alta en el Valle de Yosemite. Hasta 20.000 visitantes de todo el mundo acuden a diario a ver las gigantescas paredes de granito que rodean el valle. Pero desde hace semanas el corazón del Parque Nacional Yosemite, en California, es un paisaje fantasma.

“No se podía ver a más de cinco metros. Había una enorme nube grisácea en lugar de ver las enormes paredes y las cascadas. No se ve el cielo azul desde hace más de tres semanas”, afirma Jamie Richards, una de las guardabosques del parque.

Se trata de uno de los parques naturales que más público atrae en Estados Unidos, cuenta con unos cinco millones de visitantes al año, pero es una víctima más de los devastadores incendios que asolan California.

El fuego en Ferguson, al oeste del parque, ha calcinado desde mediados de julio unos 400 kilómetros cuadrados de terreno, es decir una superficie similar a dos veces las ciudad de Buenos Aires. Hasta el momento las llamas no llegaron al corazón del valle, pero numerosas carreteras de acceso están bloquedas y densas nubes de humo rodean el parque.

La contaminación del aire, que llegó a superar la de Pekín, alcanzó niveles niveles de tal peligrosidad que el parque cerró sus puertas el 25 de julio a todos los visitantes. Además, los cientos de trabajadores tuvieron que abandonar el valle.

El incendio en esta región no es una excepción. Actualmente hay más de una decena de focos en este estado del sur de Estados Unidos. Miles de bomberos luchan contra las llamas, que al norte de San Francisco, por ejemplo, ya han calcinado unos 1.300 kilómetros cuadrados, lo que lo convierte en el mayor incendio de la historia de Estados Unidos.

Una pequeña esperanza ante este sombrío panorama la ofrece el hecho de que el martes (14 de agosto) el valle de Yosemite volverá a abrir sus puertas tras un cierre de tres semanas, según indicaron el viernes. En ese momento todavía humeaban las cenizas. Por ahora tan sólo los trabajadores del parque pueden entrar para inspeccionar el estado de la naturaleza, conocida por su enorme belleza.

“Aquí normalmente tenemos a cientos de turistas”, señala la guardabosques Jamie Richards. Ahora ella y un grupo colegas acuden con los bomberos a uno de los miradores a los pies de las famosas cascadas del Yosemite en las que el agua cae a 700 metros de altura.

Los senderos están vacíos, el silencio reina en el aparcamiento y en las paradas de autobús. Los campings vacíos con las carpas blancas parecen casi fantasmagóricos. Nunca antes el valle de Yosemite había estado tanto tiempo cerrado por el fuego. Las inundaciones que se registraron por las intensas lluvias en 1997 causaron numerosos daños y entonces el parque estuvo cerrado dos meses, pero era en temporada baja, entre enero y marzo.

Ahora han sido las consecuencias de una persistente sequía de años, las elevadas temperaturas de verano y los fuertes vientos que desataron el infierno de las llamas en la Costa Oeste. “A ello se suman los millones de árboles muertos o debilitados por la plaga del escarabajo de la corteza”, señala el jefe de los bomberos Mark von Tillow.

A fines de 2017, las autoridades responsables de los montes publicaron un estudio en el que se indica que la mortalidad de los árboles en California, entre otros por la sequía y la fuerte incidencia del escarabajo de la corteza, llegaba a la cifra récord de 129 millones de árboles.

Von Tillow, que ha estado dirigiendo el combate a las llamas en Ferguson y es bombero desde hace 33 años, apunta que antes la temporada de incendios era tan sólo de unos meses, “pero ahora hay incendios todo el año, de enero a diciembre”.

A las seis de la mañana presenta el plan del día para hacer frente a las llamas. Cientos de bomberos acampan junto al parque y el cansancio es visible, muchos llevan ya dos semanas trabajando sin descanso.

En las últimas semanas han muerto cinco bomberos. Se trata de la temporada de incendios más letal en California desde 2008 y lleva camino de convertirse en una de las más caras. Tan sólo los costes de los bomberos, que en algunos momentos llegaron a ser 3.000 efectivos, se han calculado en más de cien millones de dólares.

También en las localidad vecinas, como Mariposa, un antiguo pueblo de buscadores de oro, se han visto afectadas por los incendios y el cierre del Yosemite. De camino al parque suelen hacer allí un alto turistas de todo el mundo, pero ahora las aceras de la localidad con sus históricas fachadas de madera están vacías. Las llamas y el humo espantan a los turistas.

“Algunas tiendas no podrán resistir, estamos preocupados”, dijo Heidi Dulcich, una mujer de 46 años que regenta uno de esos negocios en Mariposa. “Es la enésima catástrofe en plena temporada turística. El año pasado tuvimos que abandonar el lugar por el fuego y luego llegaron las inundaciones y ahora otra vez los incencios”, relata la californiana.

Y con cada catástrofe surge una oportunidad de negocio, al menos en Estados Unidos. Junto a la carretera hay un tenderete en el que venden llamativas camisetas en las que se ve “Ferguson Fire” (Incendio de Ferguson) con escenas de llamas y bomberos.

En el parque Yosemite se preparan sin embargo para una avalancha de visitantes. En las tiendas de recuerdos y de comestibles ya se repusieron las estanterías el viernes.

“Los turistas de Europa me dan mucha pena, porque tal vez hayan perdido la única oportunidad en su vida de ver Yosemite”, dijo Cherry, que trabaja de cajera. Desde hace 24 años trabaja de vendedora y camarera en el parque. “Yo tuve que salir dos semanas del parque y eso ya fue suficientemente malo”, añadió.

Por Barbara Munker (dpa)

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