Bangkok, 31 ene (dpa) – Tailandia debe elegir este domingo un nuevo Parlamento en unos comicios adelantados ante las fuertes protestas de los opositores que exigen la marcha del gobierno actual de la primera ministra, Yingluck Shinawatra. La votación estará acompañada de un masivo despliegue policial y militar, ante el boicot al que ha llamado la oposición, que pretende además bloquear las calles de Bangkok para evitar que los tailandeses acudan a las urnas.
Las autoridades pueden prohibir manifestaciones y decretar toques de queda en cualquier momento para evitar complicaciones. Ante las protestas, el gobierno ya decretó el estado de excepción, pero por el momento la medida no tuvo consecuencias.
Pese a todo, no se espera que estos comicios, plagados de irregularidades, pongan fin a la lucha de poder interna y a la profunda división del país, sencillamente porque el mayor partido de la oposición no participa.
En el sur del país los manifestantes rodearon oficinas de correo e impidieron así el suministro de papeletas electorales. A finales de diciembre ya torpedearon el registro de candidatos en 28 distritos electorales y el pasado domingo impidieron la votación adelantada en numerosos distritos.
Con ello, ya está claro que sin una elección complementaria el Parlamento no podrá constituirse.
Los manifestantes acusan a la primera ministra y a su «clan» de doblegar a los electores, políticos e instituciones con sobornos y favores. Y por eso quieren «erradicar» el que llaman «régimen de Taksin», en referencia al hermano de Yingluck, considerado el verdadero poder en la sombra tras su derrocamiento por el Ejército en 2006 y su autoexilio para evitar cumplir una condena en Tailandia por corrupción y nepotismo. Sin embargo, el pueblo volvió a elegir en 2011 a un miembro de su familia, su hermana, para dirigir el gobierno.
Las protestas -que ya han dejado diez muertos, el último el domingo- comenzaron precisamente a raíz de una ley de amnistía que el gobierno impuso en el Parlamento con su mayoría absoluta en noviembre de 2013 y que permitía a Thaksin, condenado a dos años de cárcel por abuso de poder, volver al país sin antecedentes. El líder de las protestas, Suthep Thaugsuban, un prominente diputado del partido opositor Los Demócratas, dejó su escaño para salir a la calle. Defiende un cambio de sistema y propone la formación de un consejo de gobierno que haga reformas para reducir la influencia de Thaksin antes de celebrar elecciones.
«No estamos contra las elecciones en sí», afirma Akanat Promphan, portavoz del Comité Popular para la Reforma Democraática (PDRC), el grupo organizador de las protestas en las calles del país. «Primero queremos reformas y después, votar».
Ante la presión de las multitudinarias protestas, Yingluck disolvió el Parlamento a comienzos de diciembre y convocó elecciones anticipadas, pero volvió a presentarse como candidata. «Sólo estamos haciendo nuestro trabajo y si quieren quitarnos de en medio sólo se puede hacer con elecciones», señaló.
Los seguidores del gobierno son mayoritariamente las capas más pobres del norte y noroeste del país, que se benefician de las medidas que adopta el gobierno y de la concesión de pequeños créditos y precios subvencionados al arroz. Durante el gobierno de Thaksin, el producto interno bruto (PIB) aumentó en un tercio y los gastos en sanidad en un 50 por ciento. «Los electores tienen buenos motivos para volver a elegir a Thaksin y sus aliados», afirma Andrew Walker, de la universidad nacional de Australia.
Los opositores, por el contrario, pertenecen principalmente a los círculos más acomodados y acusan a la cúpula política de comprar los votos de los pobres con el dinero de los contribuyentes. «En el fondo, la batalla en las calles de Bangkok es entre elitismo y populismo», escribió Vikram Nehru, del think tank Carnegie Endowment for Internacional Peace, apuntando a una profunda división social.
«Estas elecciones tratan de poder y control, no de democracia», afirma Kriengsak Chareonwongsak, director del instituto de análisis IFS.
Analistas como el abogado Verapat Pariyawong temen que Suthep provoque una intervención del Ejército con sus acciones de bloqueo. En 80 años, Tailandia ha vivido 18 golpes de Estado, el último en 2006. «Espero que haya una alta participación para enviar una señal al Ejército de que el pueblo no quiere más golpes de Estado, sino que el país avance» señala.
Por Christiane Oelrich