Victor Conte, un nuevo dedo acusador contra el doping


BALCO labs at centre of doping scandalSAN FRANCISCO (DPA) – Su bigote tiene el mismo meticuloso corte que hace diez años y su apariencia física apenas ha cambiado. Sin embargo, Victor Conte insiste en que hoy es una persona completamente diferente a la de 2003.

Conte, que hasta ese año desarrollaba sustancias dopantes para unos 30 atletas de elite en el laboratorio Balco, ubicado en Gilbreth Road, a las puertas de de San Francisco, se muestra hoy arrepentido.

«Estuvo todo mal, todo mal», admite. «No tuve consideración, no tenía idea de lo afectados que quedarían mis amigos y mi familia y todos los daños que causaría», se lamenta el hombre de 63 años que asegura que nunca más volvería a caminar esa «resbaladiza pendiente».

Conte fundó en 1984 el laboratorio Balco y en los siguientes 16 años se dedicó a analizar, de forma completamente legal, muestras de sangre y orina y a elaborar planes específicos de alimentación para atletas, entre ellos los del equipo de football Denver Broncos o los del conjunto de baloncesto Seattle SuperSonics.

Pero en 2000 ingresó en lo que él llama «la cultura del doping». Balco fue la responsable del desarrollo de la sustancia THG, un esteroide anabólico conocido popularmente como «The Clear». Y para ocultar el consumo de esa droga de diseño, los clientes de Conte ingerían otra llamada «The Cream».

Entre sus clientes se encontraban estrellas del sprint como Marion  Jones, Tim Montgomery y Kelli White, así como el rey de los «home-runs» del béisbol Barry Bonds.

«Catch me if you can» («Atrápame si puedes»), se refería Conte a su juego frente los controladores. Conte estaba varios pasos por delante gracias a sus contactos con un laboratorio del Comité Olímpico Internacional (COI) en Europa. «No voy a decir dónde estaba, pero allí nos hacían pruebas en las que nos podían adelantar si nuestros atletas darías positivo o negativo», asegura.

«Estoy convencida de que los atletas de Balco nunca hubieran sido descubiertos, ya que el sistema de Victor era a prueba de tontos», reveló Kelli White, doble campeona mundial en 2003 en los 100 y 200 metros.

Sin embargo, una prueba de THG enviada anónimamente por el entrenador de Marion Jones, Trevor Graham, a la Agencia Antidoping de Estados Unidos (USADA) marcó el comienzo del fin para Conte y su laboratorio.

El 3 de septiembre de 2003, un grupo de autoridades públicas comandadas por Jeff Novitzky apareció frente a las puertas de Balco y tras incautar innumerable material de prueba hicieron público el mayor escándalo de doping en la historia del deporte estadounidense.

Marion Jones debió cambiar sus medallas y su reputación por medio año de prisión. Kelli White perdió sus títulos mundiales y el propio Conte debió estar cuatro meses tras las rejas.

Hoy, Conte trabaja en el desarrollo de suplementos legales para deportistas y cada mes vende alrededor de 200.000 frascos con sus productos.

Además, tiene a algunos boxeadores como clientes. «El boxeo es el único negocio que quiere tener algo que ver conmigo», confiesa Conte, cuya opinión, sin embargo, siempre es solicitada cada vez que surge un caso de doping.

En agosto criticó duramente la falta de transparencia en los controles que se realizan a los atletas jamaicanos, incluyendo a Usain Bolt. Y advierte que no dudará en elevar la voz cada vez que vea alguna falla en el trabajo de, por ejemplo, la Agencia Mundial Antidoping (AMA).

«Soy un luchador, un tipo que primero golpea y luego pregunta. Y si he pillado al sujeto incorrecto, entonces lo ayudaré y le pagaré la cuenta médica», asegura Conte, que diez años después del escándalo se ubica en la vereda opuesta y advierte que «aún falta mucho por hacer» en la lucha contra las sustancias prohibidas en el deporte.