Venecia en la encrucijada: ¿reinventarse o volver al turismo masivo?

Turistas pasean por la Plaza de San Marcos en tiempos de la Bienal de Venecia de 2019. Foto: Felix Hörhager/dpa

(dpa) – Los carteles como “No sentarse”, “Respeto por Venecia” o “Prioridad para los venecianos” forman desde hace tiempo parte del pasado. Un pasado en el que Venecia aún discutía acerca de restricciones para los turistas.

Una Venecia en la que sus habitantes se quejaban del turismo masivo y de las muchas personas que atiborraban sus callejuelas y hacían picnic en el Puente Rialto. Sobre los cruceros que nadie quiere recibir, pero que tantos necesitan.

Actualmente, es posible escuchar el sonido de los propios pasos en sus callejuelas o el oleaje que golpea en los bordes de los canales en vez del bullicio de las masas de turistas.

Desde las restricciones al turismo por la pandemia de coronavirus, Venecia está en crisis.

Por un lado, los venecianos y los italianos de la región tienen ahora la oportunidad de descubrir la ciudad y disfrutar de una atmósfera casi mágica, pero no hay dinero para hoteleros, dueños de restaurantes, guías turísticos y el municipio. Los daños económicos que causa esto son apenas calculables.

“Hoy en día estamos ante una ciudad que está realmente vacía y en un punto cero”, afirma la guía turística Elena Degan. Esta madre soltera vive al igual que muchos otros de los turistas y no cuenta con ingresos desde marzo.

Al mismo tiempo, no soporta a las masas. “La situación en Venecia, Roma o Florencia alcanzó una dimensión intolerable”, confiesa. Ella vive en el centro de Venecia. Cuenta que en todos los lugares en los que cerró un taller de artesanías surgió un bed & breakfast o un hotel.

La ciudad, declarada patrimonio de la Humanidad por la Unesco, cuenta actualmente con unos 50.000 habitantes. La mayoría de las personas se muda a Mestre, en tierra firme. Por otra parte, el turismo creció de forma continua en los últimos años. El año pasado pasaron la noche allí alrededor de 13 millones de personas, de acuerdo con la región.

Es por eso que la ciudad quería imponer a partir del 1 de julio un controvertido “impuesto al ingreso”. Pero entonces llegó el Covid-19. El impuesto fue aplazado hasta 2021. Y ahora los políticos ruegan que vuelvan los turistas.

“Volvimos a abrir”, anunció el alcalde Luigi Brugnaro. Sostuvo que es necesario enviar al mundo un “mensaje tranquilizador”, que Venecia es segura. Ahora se espera que vuelvan a abrirse las fronteras. Porque sólo entonces puede llegar el turismo internacional, especialmente importante para Venecia.

La mayoría de los visitantes que llega a la ciudad de los canales proviene de Estados Unidos, China, Reino Unido y Alemania. También podrán volver a viajar a Italia ciudadanos de países de la Unión Europea (UE).

El presidente regional del Véneto, Luca Zaia, afirma que su región está “libre de Covid”. Eso no es del todo cierto. El Véneto fue uno de los primeros dos grandes focos en Italia. Pero en comparación con la vecina Lombardía, la región logró controlar la situación con muchos tests y tiene ahora sólo unos 2.000 casos positivos.

Venecia ya experimentó antes de la crisis por el coronavirus lo que significa apostar sólo al turismo y quedarse de repente afuera: en noviembre, una inundación causó grandes daños y las imágenes de una ciudad inundada durante días ahuyentaron a los visitantes.

Las ciudades que viven principalmente del turismo extranjero como Venecia y Florencia sufrirán pérdidas mayores que aquellas que viven también de los visitantes italianos, de acuerdo con un estudio de la Agencia Nacional de Turismo (ENIT). Sin embargo, las estimaciones indican que el turismo no se recuperará completamente hasta 2023.

El alcalde Brugnaro promete clase en vez de masa. Es decir, “un turismo nuevo e inteligente”. Pero qué quiere hacer exactamente para lograrlo no queda del todo claro.

“Actualmente estamos observando un turismo de cercanías, como era hace 50 años”, dice el especialista en medio ambiente Giovanni Cecconi, de la Universidad Ca’ Foscari en Venecia. “No alcanza simplemente con volver abrir y seguir haciendo las cosas como antes”, añade.

No sólo las personas de los alrededores volvieron a Venecia. También lo hicieron peces y pájaros, que ya no se sienten espantados por el ruido de los motores de los muchos barcos. Además, sin tantos motores, mejora la calidad del agua.

Actualmente tampoco atracan cruceros frente a Venecia. Cecconi opina que hay que aprovechar este momento en el que el turismo de cruceros está paralizado para pensar un modelo para el futuro y desplazar el puerto de Venecia a otro lugar. Desde hace años se discute acerca de que los cruceros destruyen el medio ambiente y el espíritu de la ciudad.

La iniciativa No Grandi Navi no sólo quiere poner fin a los cruceros en toda la laguna de Venecia, sino que cuenta con toda una lista de demandas para el futuro: una gastronomía honesta para habitantes y turistas, la ubicación de talleres y artistas en el centro histórico, alquileres asequibles para los locales y un límite a las viviendas para vacaciones.

Venecia se encuentra ahora ante una encrucijada: ¿regresará a un turismo insoportable para sus habitantes y los mismos visitantes? ¿O tendrá finalmente la ciudad el coraje para encaminarse a un nuevo futuro, más sostenible?

Por Annette Reuther (dpa)