Un avión de libros busca transformar la violencia en Ciudad de México

Ciudad de México (dpa) – Junto a la escalerilla del avión, el piloto da la bienvenida. Algunos de los pequeños pasajeros suben a prisa para asegurarse una de las 26 computadoras. Les gana la emoción. Una azafata les pide calma y hablar en voz baja: atrás se está leyendo un cuento.

Jesús Arriaga, encargado del programa de promoción a la lectura de la alcaldía Iztapalapa en Ciudad de México – Foto: Andrea Sosa Cabrios/dpa

Anny Sujey, de 10 años, tiene sobre la falda un libro de animales, que hojea sentada en un sofá azul en la pequeña sala de lectura del Boeing 737-200. El avión está estacionado a unas calles de su casa. Ocupa toda una esquina entre autos, semáforos y bocinazos.

“Yo vivo cerca, había pasado y me interesó. Me gustan las computadoras y los libros”, dice la niña. Nunca antes se había subido a un avión y mucho menos sin boleto y sólo para leer.

Ahora es la segunda vez que visita el avión-biblioteca inaugurado a mediados de enero para niños y adolescentes por la alcaldía Iztapalapa, en el este de Ciudad de México.

Con sus dos millones de habitantes y calles grises de casas bajas, Iztapalapa es la alcaldía más poblada de las 16 de la capital mexicana. Y una de las diez más peligrosas del país. Sufre también problemas sociales y de escasez de agua.

La Guardia Nacional, un cuerpo formado en su mayoría por militares, hace rondines de vigilancia desde hace unos meses por algunas áreas conflictivas de la ciudad. Iztapalapa es una de ellas.

“Por acá están algunas de las zonas más inseguras de la alcaldía, con los mayores índices de delincuencia, desintegración familiar, embarazos adolescentes y violencia infantil”, dice a dpa el encargado del programa municipal de promoción a la lectura, Jesús Arriaga.

Por eso lo del avión, que lleva como nombre “Volando a la Utopía”.

“Es como ir generando un oasis en el que se diluya un poco la violencia”, explica Arriaga. “El niño puede imaginarse otro futuro en lugar de ser sicario o ser ladrón. Muchos papás también están entrando en contacto con la lectura con sus hijos y se logra un vínculo más cercano entre ellos”.

El fuselaje y las alas, en posición de despegue, están pintados con flores de colores. En la portezuela se ve a una niña que vuela con los brazos extendidos, con un libro como alas. Los miembros de la tripulación son promotores culturales disfrazados de personal de vuelo.

El Boeing fue comprado por la alcaldía a Aviacsa, una aerolínea mexicana que cerró en 2011. Después de más de dos décadas de uso, estaba fuera de servicio y es el primero de seis que transformará en bibliotecas públicas gratuitas.

Las familias se acercan por curiosidad. Las computadoras blancas tienen juegos educativos, libros electrónicos y audiolibros, mientras que en los libreros y en bandejas de equipaje transformadas en estantes hay por ahora unos 240 libros físicos.

“¿Ya leíste un libro completo?”, le pregunta Marcos López Rico, de 64 años, desde la cabina de pilotos a un niño que quiere probar el simulador de vuelo. Ese es un premio para los pequeños lectores o para quienes hayan visitado diez veces la biblioteca.

López Rico, que durante 25 años se dedicó al mantenimiento de aviones en una compañía aérea y es vecino de la zona, colabora con el proyecto. “El desafío es darle a esto continuidad con los años”, señala.

Vestida de falda y chaleco gris con una camisa de lazo rosa, Maricruz García hace las veces de sobrecargo. Conduce a los niños hacia sus asientos y les muestra las computadoras y los libros. “Aquí hacemos también lectura en voz alta y vamos a dar talleres”, explica.

Alrededor del avión niños de una escuela primaria se entretienen con la lectura animada de un cuento mientras esperan su turno para subir. Corren hacia un lado y al otro, debajo del ala, siguiendo las vicisitudes de los protagonistas.

En la plazoleta donde está el avión, en la que antes había basura y consumidores de droga, se lee ahora en un muro una frase citada por el escritor uruguayo Eduardo Galeano (1940-2015) en uno de sus libros: “La utopía está en el horizonte… Entonces, ¿para qué sirve la utopía? Sirve para caminar”.

Por Andrea Sosa Cabrios (dpa)