Tristeza y desesperanza en Sarajevo 30 años después de los juegos Olímpicos

Contenidos

30 Jahre nach Olympia in SarajevoSARAJEVO (dpa) – Hace 30 años, los Juegos Olímpicos causaron sensación en Sarajevo. Era la primera vez que la llama olímpica visitaba un país de los Balcanes y que los Juegos de Invierno se celebraban en un país comunista. Sin embargo, apenas queda hoy rastro de ese entusiasmo y alegría.

La visita al pequeño Museo Olímpico en la ahora capital de Bosnia-Herzegovina es como un viaje en el tiempo. Las vitrinas de cristal están empañadas y las obras expuestas, llenas de polvo. Una simple mirada basta para saber que el mobiliario lleva décadas sin renovarse.

Los dirigentes del museo bien podrían tirarse de los pelos. «Crisis, escasez de dinero, como en todas partes», lamenta encogiéndose de hombros el director del museo, Edin Numankadic, también artista contemporáneo.

«El Museo Nacional está cerrado desde hace dos años por falta de dinero, pero nosotros seguimos trabajando igual», señala Numankadic, de 65 años.

Desde el comienzo del asedio a Sarajevo, en 1992, los serbios destrozaron a tiros el histórico edificio del Museo Olímpico.

«Las obras expuestas pudieron salvarse, un milagro», recuerda el artista. «Cuando el voraz incendio terminó después de tres días, recuperé de las cenizas una medalla de oro».

Las piezas fueron guardadas en un trastero del pabellón olímpico «Zetra», pero éste también fue destruido por las fuerzas serbias que tomaron Sarajevo. Al lado del pabellón acabaron  construyéndose varios cementerios.

«Los Juegos Olímpicos es lo único positivo que se conoce de esta región en el plano internacional», señala Numankadic.

A hombros de la mascota Vucko, un lobezno, los Juegos de Sarajevo fueron sencillos y alegres. No había rastro de las restricciones impuestas por las autoridades comunistas. La alemana Katarina Witt, una de las estrellas de la cita con su oro en patinaje artístico, inauguró 20 años después el reconstruido pabellón «Zetra», levantado de nuevo gracias a donaciones internacionales.

Los guardias de tráfico de la ciudad sudaban embutidos en sus trajes de esquí a 10 grados de temperatura. En las montañas Igman y Bjelasnica hubo nieve suficiente gracias a varios depósitos.

Atletas y turistas quedaron fascinados con la atmósfera oriental y musulmana que rodeaba Sarajevo con sus mezquitas, su bazar y su comida de influencia otomana.

La tradicional ciudad multicultural, con muchos matrimonios de diferentes razas y estilos de vida, se ganó mucha simpatía internacional con los Juegos. Uno de sus mayores aficionados fue Juan Antonio Samaranch, entonces presidente del Comité Olímpico Internacional (COI). El español fue el principal precursor de la reconstrucción olímpica de Sarajevo tras el conflicto armado.

La Guerra Civil (1992-1995) frustró la herencia positiva que dejaron los Juegos de Invierno en Sarajevo. El canal de Bobsleigh en la montaña Trebevic fue destruido, mientras que todo lo que se podía desmontar terminó desmontándose.

Aún hoy, las personas que visitan las montañas están advertidas de las minas terrestres que pueden quedar en la zona. A la izquierda y a la derecha de las vías de acceso a las montañas olímpicas hay todavía casas destruidas por la guerra.

La empresa estatal ZOI 84, que impulsó el desarrollo de la zona de esquí, estalló con una deuda millonaria. Y su reconstrucción todavía está por verse a pesar de las enormes ayudas que prometen en Suiza. Las pistas de saltos de esquí se pudren.

Aunque cerca de 20.000 esquiadores visitan cada fin de semana las pistas que una vez fueron olímpicas, los remontes y edificios están en condiciones deplorables. Apenas queda rastro de Saravejo 1984.

Por Thomas Brey