¿Sospechas que tu hijo tiene autismo?

Antes de nada, no te asustes, no veas en tu hijo síntomas que no tiene o no creas que cualquier comportamiento que coincida con algunos de los síntomas que te contamos a continuación son suficientes para pensar que tu hijo padece algún tipo de autismo.

Los niños, como niños que son, se desarrollan explorando el mundo que les rodea y, para hacerlo, lo ponen a prueba. Prueban sus juguetes, prueban a sus padres, prueban sus fuerzas, prueban su lenguaje. Todas estas pruebas les llevan a encontrar los límites del entorno en el que viven y les permiten crecer en armonía con el mismo.

Si el niño dice tacos y los padres le riñen, el niño habrá encontrado ahí un límite que tanteará alguna vez más hasta estar seguro de que no lo puede traspasar.

Con la forma de hablar pasa otro tanto, los niños prueban su capacidad para hablar repitiendo cosas que oyen. Y repiten MUCHO, porque la repetición es uno de los pilares del aprendizaje. El cerebro es así.

Cuando un niño padece realmente algún tipo de autismo, sus síntomas son inequívocos y es entonces cuando hay que ponerse en contacto con especialistas que nos asesoren sobre cómo tratarles y cómo curarles.

Síntomas del autismo leve

Según los estudios sobre el autismo, los niños pueden empezar a desarrollar autismo a partir de los tres años, no antes.

Uno de los síntomas más llamativos es la dificultad para hablar con normalidad. Un niño con autismo leve suele hablar desmesuradamente y sobre cosas que no tienen nada que ver con el entorno en el que se encuentra. También suelen hablar sin cambios de entonación, pronunciando una palabra tras otra todas en el mismo tono, como un robot.

Además de esta forma peculiar de hablar, los niños afectados por este trastorno psicológico tienen serias dificultades para entablar relaciones personales. Un niño con estas características seguramente será incapaz de hacer amigos en el colegio. En algunos casos se resistirá incluso a salir al recreo para evitar relacionarse con los demás.

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Dificultades para las relaciones sociales

Otro de los síntomas más relevantes de los niños que padecen autismo leve es la dificultad para relacionarse con los demás. A estos niños les resulta muy desagradable el contacto con los demás. Rehuyen besos, abrazos y caricias.

Rara vez inician una conversación y si se les obliga a participar en una, probablemente no dirán ni una sola palabra o comenzarán a hablar de otra cosa totalmente distinta y sin dirigirse a sus interlocutores.

Un rasgo más del autista leve es el comportamiento obsesivo. Por ejemplo puede comenzar a jugar con un juguete y desconectar de todo cuanto le rodea. Al intentar comunicar con él, no responderá en absoluto, ni verbalmente, ni con los gestos de su cuerpo.

Como ya hemos comentado al principio, hay que observar el comportamiento del niño con tranquilidad, sin pensar de antemano que un ligero síntoma ya es decisivo para considerarlo autista. Por ejemplo, si intentas mantener su mirada como harías con cualquier niño normal y el niño es incapaz de sostenerla, eso puede ser un síntoma de autismo leve, pero también puede serlo de que tiene hambre y sueño y no le apetece hacer eso en ese momento.

Tratamientos

Los especialistas recomiendan redirigir las incapacidades sociales y comunicativas del niño para que su cerebro salga progresivamente del autismo y opere con normalidad. Para redirigirlas hay que hacer que los niños practiquen con tiempo y paciencia todas las capacidades perdidas.

Por ejemplo, hay que acostumbrar al niño a hablar y para ello hay que hablarle e intentar que él hable también. Poco a poco, día a día, sin prisa pero sin pausa.

Se ha comprobado que el cuidado de mascotas es muy beneficioso como escalón para llegar a las relaciones con las personas. Una vez que el niño es capaz de relacionarse con una mascota, de cuidarla y de atenderla, estará mucho más cerca de relacionarse también con las personas.

En resumen, es muy importante detectar este trastorno a tiempo y contactar con un médico especialista para elegir el tratamiento adecuado.

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