Sin reglas, no hay motivación: Las desventajas del home office

Foto: Christin Klose/dpa-tmn

(dpa) – De la mesa del desayuno a la de trabajo, de papá a empleado, de lo privado a lo laboral y viceversa. Vincular mejor la vida privada y el trabajo es la meta de muchas personas que trabajan en modalidad de home office. Y, de hecho, trabajar desde casa puede tener sus ventajas.

“El home office es una oportunidad de aumentar mi flexibilidad, responder mejor a mis compromisos privados y profesionales y reducir el estrés que supone viajar de ida y de vuelta al trabajo”, dice el profesor Conny Antoni, psicólogo laboral de la Universidad de Tréveris.

Para muchas personas, la falta de tiempo es un factor agobiante. Con el home office, se puede ganar tiempo. Claro que hay que asegurarse de que en casa no se sume un nuevo factor de estrés.

Una jornada que no termina nunca

Un factor de estrés puede ser el hecho de estar permanentemente disponible. Expertos como Ufuk Altun del Instituto de Ciencias Laborales Aplicadas (Ifaa) recomienda por eso comunicar ya previamente las reglas del home office y estipularlas por escrito.

En ellas se puede incluir, por ejemplo, un horario fijo en el que uno está disponible. Así, en algunas empresas a las 18:00 se apaga el servidor de correo electrónico y/o no se reenvían los correos durante las vacaciones del empleado.

Sin acuerdo rápidamente se pierde la motivación

Si el trabajo en casa no se encara de forma estructurada, eso puede llevar rápidamente a que el empleado se sobreestime. Y que pierda de vista los límites entre trabajo y tiempo libre.

“Según estudios, las empresas que no establecen reglas ni acuerdos claros, constatan una y otra vez que en vez de motivación la situación más bien conduce a una desmotivación del empleado”, dice Altun.

Los horarios de trabajo y de descanso en general están regulados por ley. A diferencia del llamado trabajo móvil, la ley no establece condiciones concretas de horarios, seguridad en el trabajo y protección de datos en los casos de home office.

Por lo tanto, conviene aclarar primero la terminología, recomienda Ufuk Altun. “¿Hablamos de home office o de trabajo móvil o de teletrabajo? Si eso no está claro, pueden producirse confusiones”.

Al contrario del “trabajo móvil”, en el que el empleado decide por sí mismo cuánto tiempo y dónde trabaja, “también en el home office deberían respetarse horarios de trabajo, horarios de descanso y duración máxima del trabajo”, dice Nathalie Oberthür, abogada experta en derecho laboral.

Los empleados deberían prestar especial atención al derecho a la seguridad social, recomienda Oberthür. “Porque en el home office uno goza sólo de manera limitada de la protección de un seguro de accidentes. Si se cae por la escalera de camino al baño, en el home office no estaría asegurado”, explica la experta.

“Por eso, siempre me parece muy importante que los empleados tengan un seguro contra accidentes en el home office”.

El debate espontáneo impulsa las ideas

A algunos les gusta trabajar sin charlar con los colegas o sin llamados telefónicos que distraigan. Otros, en cambio, sufren el aislamiento social que conlleva el trabajar desde casa.

“La medida del aislamiento social depende en gran parte de si trabajo constamentemente desde casa o sólo una o dos veces por semana”, señala Antoni.

En la oficina surgen charlas de forma espontánea. “Uno intercambia opiniones y así pueden surgir ideas. Estas interacciones espontáneas claramente se dificultan en el home office”.

Otra cosa podría verse afectada: La percepción de los colegas. “Cuando el trabajo se reparte, puede ser que sea menos visible lo que aporta cada uno al equipo. Eso puede entrañar el peligro de que los colegas se pregunten qué hace este en casa”, reflexiona Antoni. En esos casos, puede ayudar una distribución clara de las tareas y un software colaborativo.

Por Anke Dankers (dpa)