Sillones de playa: Todo un símbolo de las vacaciones alemanas

Hábil trenzador de cesta, Silvio Riedel prepara el reposapiés de un sillón de mimbre. Foto: Dörte Nohrden/dpa-mag

(dpa) – Carl Martin Harder fundó en 1925 la fábrica de sillones de mimbre de playa que es considerada la más antigua de Alemania, una factoría que facilita que muchos turistas germanos y extranjeros disfruten de cómodos momentos de relax junto al mar.

Ronny Sass es un trenzador experto que lleva 28 años consagrado a la profesión, ejerciéndola en Heringsdorf, en la isla de Usedom, en la costa báltica alemana. Aquellos que intentan trabajar el mimbre acaban necesitando fuerza y habilidad.

“Ahora no podemos por la crisis del coronavirus, pero cuando empiezas a trenzar, te sientes como si fuera un vicio”, dice Dirk Mund, actual jefe de la cestería.

Originario de Schleswig-Holstein, en el norte de Alemania, Mund llegó a Usedom en 2011. “En realidad, solo quería quedarme dos años, pero después me quedé”, dice este hombre de 57 años.

Sus 20 empleados fijos son principalmente carpinteros, costureras, tapiceros y siete cesteros. “Muchos cesteros también pueden construir marcos o coser, y viceversa”, explica Mund.

MODELO DEL MAR BÁLTICO FRENTE A MODELO DEL MAR DEL NORTE

Mientras Sass trabaja en el modelo típico de las playas del Báltico, un colega trabaja en un modelo característico de las playas del Mar del Norte. “Puedes distinguirlos por los paneles laterales”, afirma Mund.

“En el modelo del mar Báltico son redondeados como una ola del Báltico, y en el modelo del mar del Norte son rectos y planos como la marea”, asegura. Nadie sabe el porqué de esta diferencia.

En otro lado, Heiko Stock también trabaja el mimbre, que para conseguir doblarlo debe mantener permanentemente húmedo. Esta vez trabaja con sauce. Con cierto esfuerzo, Stock lo ajusta al armazón.

Dice que lleva haciéndolo casi 40 años, desde la época de la RDA, cuando la empresa fue nacionalizada. “Hace más de 30 años que no trabajaba con sauce”, reconoce.

Trabaja en una reproducción del primer sillón de playa de 1882. Es un pedido especial. “Un museo lo encargó”, explica Mund, quien asegura que rememora la historia de las vacaciones en la playa.

CÓMO SE CREÓ EL PRIMER SILLÓN DE PLAYA

Durante el siglo XIX, en la ciudad báltica de Rostock, la palidez era considerada una virtud y nobleza, y no existían los protectores solares. Una noble anciana llamada Elfriede von Maltzahn, entró en la tienda del cestero Wilhelm Bartelmann y le encargó un sillón de playa, porque debido a su reumatismo no quería prescindir del mar.

El joven Bartelmann pensó que si colocaba un cesto de ropa en la parte superior proporcionaría una excelente protección contra el sol, la arena y el viento. En 1882 el cestero creó el primer sillón de mimbre de playa, en su origen de una sola plaza.

Los primeros ejemplares generaron envidia y aumentó la demanda. Pronto aparecieron modelos de dos plazas, y acto seguido fueron ganando accesorios, como toldos, mesas y reposapiés.

A la emprendedora esposa de Bartelmann, Elisabeth, se le ocurrió que, además de vender los sillones, también podía alquilarlos.

En el verano de 1883 nació el primer negocio de alquiler de sillones de playa en el cercano balneario de Warnemünde. El negocio se extendió a lo largo de la costa alemana.

Celebridades como el padre del psicoanálisis Siegmund Freud, el escritor Theodor Fontane, el físico Albert Einstein o el periodista Kurt Tucholsky usaron un sillón de mimbre en sus estancias junto a la playa. El premio Nobel de Literatura Thomas Mann escribió novelas enteras en uno de ellos.

¿POR QUÉ TIENE TANTO ÉXITO EL SILLÓN DE PLAYA?

“Un sillón de playa ofrece protección contra el viento y el sol, pero también alquilas un trozo de terreno, privacidad, y ese es el motivo psicológico de por qué funciona”, explica Mund.

Según él, un clásico sillón de playa familiar a veces recuerda a una fortaleza, aunque también parece un jardín trasladado a la playa.

Mund afirma que el sillón de mimbre de playa es muy alemán: Sirve pedidos en el extranjero, pero sus clientes suelen ser alemanes que viven en países como Panamá o Australia. Les recuerda su hogar.

“Otros países simplemente no siguen nuestra tradición y a veces las leyes también prohíben poner sillones en la playa”, se lamenta y reconoce que en Alemania los pedidos de hoteles, restaurantes y empresas de alquiler son escasos. “Pero el consumo privado compensa”, reconoce Mund.

La diferencia entre el primer prototipo de Bartelmann y los sillones de casi lujo actuales es evidente. Los extras sorprenden: Con calentador de asiento, con función de masaje, con frigorífico para el champagne o con sistema de sonido integrado. Y las peticiones de materiales especiales también: Teka, maderas africanas, etc.

Sean cuales sean sus colores -azul y blanco, rojo y blanco o multicolores- estos sillones identifican las playas alemanas. Mund estima que hay unos 110.000 de ellos entre Norderney, junto a la frontera con Holanda, y Usedom, junto a la frontera con Polonia.

Los sillones de mimbre de playa son usados para dormir y leer, soñar y disfrutar de las vistas del mar. Probablemente seguirán estando allí con el mismo fin dentro de 100 años.

Cuadro informativo: Sillones de playa en Usedom

Dirección: Korbwerk Usedom, Waldbühnenweg 2, 17424 Seebad Heringsdorf (Tel.: 038378/46 50 50, e-mail: info@korbwerk.de, www.korbwek.de). Visitas a la fábrica todos los jueves a las 10:00 horas.

Más información: Turismo de Usedom, Hauptstrasse 42, 17459 Ostseebad Koserow (Tel.: 038375/244 144, E-Mail: info@usedom.de, www.usedom.de).

Por Dörte Nohrden (dpa)