Se rompe el consenso: el coronavirus polariza la sociedad alemana

Foto: picture alliance / Rolf Vennenbernd/dpa

(dpa) – “Me he convertido en el enemigo público número uno porque descubrí la verdad detrás del coronavirus”, anuncia el cómico alemán Phil Laude en un video en el que aparece como “Klaus Cuarentena”.

En el video se ve cómo se envuelve en una sábana y revela los nombres de “los que tiran las cuerdas tras toda esta estafa del coronavirus”: Bill Gates, Greta Thunberg y Angela Merkel. El video de Laude es una sátira, pero lo que ocurrió después en las redes sociales o incluso en parte durante las manifestaciones vividas en Alemania difiere de ello sólo gradualmente. En una de las pancartas de la manifestación se podía leer: “El coronavirus es mentira. Se trata de cómo los multimillonarios pueden comprar el resto de nuestro sustento a bajo precio”.

El jefe de policía de la ciudad de Colonia, Uwe Jacob, dijo que los manifestantes que salieron a la calle eran una “masa difusa”, incluyendo familias con niños pequeños. “Tengo que decir que estoy terriblemente molesto por lo acontecido”, señaló. “Hemos paralizado el país durante casi dos meses y ahora estos ignorantes y teóricos de la conspiración vienen y pisotean la protección de la infección y la protección civil”.

Pero, ¿qué es lo que ha pasado para llegar a esta situación que también se está viviendo en otros países europeos? En primer lugar, el estado de ánimo parece haber cambiado. Todo ello recuerda un poco a la crisis de los refugiados de 2015. Al igual que entonces hubo al inicio un amplio consenso social de que a las familias sirias de las zonas en guerra no se las podía rechazar en la frontera. Pero como es bien sabido, todo ese consenso no duró mucho tiempo.

“En toda la evolución del coronavirus se puede incluso distinguir entre diferentes fases”, explica el psicólogo Stephan Grünewald. “La primera fase se caracterizó por la solidaridad entre políticos, virólogos y ciudadanos. Pero en el momento en que se implementó el confinamiento, comenzó la segunda fase. El cierre social y privado intensificó los sentimientos de impotencia frente a la pandemia. Y ahora estamos en la fase de polarización, donde las dudas son cada vez más fuertes”, argumenta.

Grünewald es el director del Instituto Rheingold de Colonia, que busca comprender el estado de ánimo de la población con entrevistas en base a la psicología. Su último estudio reveló una dicotomía en la sociedad: “A la mitad de la población nada le gustaría más que ver recuperar al máximo la normalidad previa a la pandemia porque tiene que dar clases a sus hijos mientras estén en casa y no el colegio o porque temen por su futuro laboral”, señala.

La otra mitad está básicamente bastante adaptada a los ritmos marcados por esta situación de encierro: “Está la madre que se ocupa de su bebé todo el tiempo. Los padres que vuelen a tener a sus hijos estudiando en casa otra vez o las parejas que tienen más sexo que nunca antes”, añade el psicólogo.

Estos dos bandos entran ahora en conflicto, pues el primer grupo, que sufre el encierro, se siente a merced de las decisiones del Estado. Este sentimiento se refuerza por el hecho de que no se vislumbra el final de la crisis que ha provocado esta enfermedad. “Psicológicamente, podemos soportar bien el ayuno durante la Cuaresma porque sabemos que en Pascua acaba, y después se puede volver a derrochar de nuevo”, explica el psicólogo. “Pero ahora es diferente. La esperanza inicial de que ahora uno se queda quieto durante dos meses y después se recupera la vida de antes, resulta ser una suposición equivocada”.

La gente que se sienta impotente será más propensa a las teorías de conspiración. “En tiempos de polarización por el coronavirus están surgiendo nuevos frentes, coaliciones políticamente dudosas”, apunta Bernhard Pörksen, analista de medios de comunicación y autor del libro “El arte de hablar con los demás”. “Defensores a ultranza de las teorías de la conspiración salen a la calle a manifestarse junto con aquellos que consideran que las restricciones a los derechos fundamentales son excesivas”. En los tiempos que corren actualmente, de gran temor e inseguridad, parte de la clase media carece de inmunidad frente a los ideólogos inflexibles.

Pörksen también ve una dicotomía en el mundo de los medios de comunicación. “Por un lado están los medios clásicos y el periodismo serio, que mucha gente está empezando a apreciar de nuevo. Por otro lado, simplemente resulta chocante hasta qué punto incluso académicos, médicos y personas que no figuran en ningún extremo de la sociedad están difundiendo teorías de conspiración y basura de desinformación sobre la pandemia del coronavirus”, señala. Por lo tanto, la lucha no es sólo contra la pandemia, sino también contra la “infodemia”, destaca.

En uno de los noticieros de la televisión alemana, un manifestante de Erfurt dijo: “Obtengo mi información de Internet. Y eso no concuerda con lo que recibo todos los días en la televisión y en la prensa”. Esta discrepancia, que se ha observado con acierto, aparentemente no lleva a muchos usuarios a darse cuenta de que hay muchas estupideces que circulan por Internet, sino a sospechar que la prensa y la televisión les ocultan información esencial.

En este punto Pörksen ve una “enorme falta de educación en los medios de información”. “A menudo hay una falta de conocimiento elemental de las fuentes. En la pantalla del teléfono móvil y en las redes sociales fluye información de muy distinta calidad de manera relativamente indiscriminada y, puesto que llega a través de amigos y conocidos, se percibe como creíble”, argumenta.

Los derechistas radicales saben cómo utilizar las protestas contra la “dictadura del coronavirus” para sus propios fines, advierte Matthias Quent, director del Instituto para la Democracia y la Sociedad Civil en la ciudad Jena. “Sin embargo, debido a que el tema de la protesta va más allá de los temas clásicos de la derecha radical y populista, se está llegando a más gente, sobre todo a esas personas que orbitan en la onda de la oposición a la vacunación y a la globalización”. El común denominador es el rechazo al Gobierno, los medios de comunicación establecidos y la construcción de consenso democrático.

Básicamente, tras la crisis de los refugiados y el debate sobre el cambio climático, la sociedad está experimentando ahora la tercera ola de polarización y radicalización en pocos años, dice Pörksen. Por lo tanto, la mayoría de las personas moderadas se ven ahora ante “un desafío como rara vez se ha vivido antes”.

Por Christoph Driessen (dpa)