Sacerdote alemán en Nara: El budismo en Japón “se está extinguiendo”

Foto: Lars Nicolaysen/dpa

Nara (Japón) (dpa) – Gyoei Saile sostiene su rosario budista entre las manos y reza. Frente a él, el venerable templo japonés de Kofukuji se eleva hacia el azul del cielo invernal sobre la antigua ciudad imperial japonesa de Nara.

Un grupo de turistas curiosos echa un breve vistazo. Con su cabeza afeitada y su amplia túnica negra, a primera vista Saile se parece a cualquier otro sacerdote japonés. Pero no es nipón. “No puedes convertirte en japonés con esta cara”, bromea con una sonrisa el hombre nacido en 1978 en Hamburgo como Florian Saile.

Gyoei Saile desempeña un rol particularmente inusual en Japón, no solo porque es el único sacerdote extranjero ordenado en uno de los templos más famosos de Japón.

Saile también acaba de lograr algo que le valió el respeto entre los sabios japoneses: un debate altamente filosófico con venerables monjes budistas durante varias horas, mantenido completamente en japonés clásico.

El examen tras una clausura de tres semanas, durante la cual el alemán se mantuvo apartado del mundo en una habitación en el templo, estudiando y alimentándose con una dieta vegana, equivale a una prueba oral para un trabajo de doctorado.

“En los últimos 150 años solamente lo rindieron 15 sacerdotes”, relata. Y él ha sido el primero en lograrlo desde hace ocho años. Si hubiera fracasado, entonces debería haber abandonado para siempre el templo y, de esta manera, su hogar.

Todo comenzó cuando, poco antes de la caída del Muro de Berlín, Saile emigró con su familia a Estados Unidos, donde su padre trabajaba como físico. Sus progenitores son grandes amantes de Asia. “De ellos aprendí a comer con palillos”, cuenta.

Influido por sus padres, comenzó a estudiar japonés en Estados Unidos. Posteriormente se graduó en literatura clásica japonesa en la prestigiosa Universidad de Berkeley y continuó investigando en Japón.

“Entonces daba vueltas en torno a la pregunta: ¿Existe un dios? ¿Cómo se explica el mal?”, rememora el alemán sobre su camino al budismo.

“En el budismo no hay un dios. Hay leyes, tesis sobre cómo funciona el universo”. Además, explica que el budismo no brinda respuestas. “Existen propuestas sobre cómo se puede llegar a la respuesta por uno mismo”, indica.

De regreso en Berkeley, se cambió a los estudios de budismo poco antes del examen doctoral. Como área de investigación eligió las enseñanzas de la escuela budista Hosso en el templo de Kofukuji en Nara, procedentes del siglo VIII. “Quería hacer algo que prácticamente no hubiera sido investigado”, recuerda.

Su investigación se transformó luego en el contenido de su vida. Ingresó al templo, se convirtió en sacerdote en 2011 y adoptó el nombre budista de Gyoei.

El hombre procedente del norte de Alemania admite que, cada tanto, percibe que a los ojos de los japoneses es un extranjero. Pero en su templo siente que es tratado desde el primer día como todos los demás. “Si cometo un error, me gritan al igual que a los niños japoneses”, aclara.

A diferencia de en siglos anteriores, los sacerdotes como él tienen permitido casarse, beber alcohol y cultivar hobbys. En su tiempo libre, Saile se informa con noticias en inglés y alemán sobre el giro mundial hacia la derecha, también en Japón, y mantiene contacto con su hermana en Estados Unidos y sus padres en Alemania.

Por lo demás, se dedica enteramente a la vida y a la enseñanza en su templo. Entre sus tareas se cuenta enseñar a los jóvenes sacerdotes los muchos ritos en el templo.

También trabaja como traductor, guía a grupos de extranjeros y se ocupa de la investigación en Kofukuji, con sus numerosos e importantes tesoros culturales. Asimismo, a menudo viaja por el país para dar conferencias en japonés sobre historia del arte y las enseñanzas budistas.

El sacerdote alemán explica que justamente porque él es un extranjero, y además un blanco que habla el japonés con fluidez, la gente lo encuentra interesante y puede explicarle la doctrina del budismo a personas “que por lo general no escuchan”.

Saile observa que el budismo en Japón está “out” y que es considerado como algo anticuado por las generaciones más jóvenes. “La mayoría de los japoneses sabe más de filosofía occidental que de budismo“, indica.

El budismo, que llegó a Japón desde India a través de China, juega un papel cada vez menos importante en la vida de los japoneses, admite Saile, y agrega que se encuentra en “extinción”.

Lo contrario ocurre con el sintoísmo, cuya importancia es subrayada por el Gobierno japonés, según lo demostraron recientemente los festejos para la coronación del nuevo emperador de Japón, Naruhito, con sus ancestrales rituales shinto.

Kofukuji existe desde hace 1.300 años, puntualiza el sacerdote. Saile cree que es incierto si en el templo -que actualmente vive en un 80 por ciento de los billetes que pagan turistas de todo el mundo para visitarlo- seguirán habiendo enseñanza budista y sacerdotes como él en el futuro.

De los otrora 5.000 sacerdotes en Kofukuji, actualmente solamente hay siete. “Para mucha gente, los sacerdotes terminan siendo irrelevantes”, comenta Saile. “Y eso es lo que verdaderamente nos da miedo”.

Por Lars Nicolaysen (dpa)