Madrid, 13 dic (dpa) – Mariano Rajoy se enfrenta al mayor desafío a la unidad de España en la historia democrática del país. Con la fecha y las preguntas fijadas para un referéndum independentista en Cataluña, la pelota bota ahora en el tejado del presidente del gobierno español.
Rajoy ha garantizado que la consulta no se celebrará. «Es inconstitucional y no se va a celebrar», dijo el jueves en La Moncloa, pocas horas después del anuncio del jefe del Ejecutivo regional de Cataluña, Artur Mas.
Sin embargo, y pese a la insistencia de los periodistas, no quiso pronunciarse sobre cómo pretende impedir el referéndum que rechaza por inconstitucional.
Si Mas continúa adelante, una de las posibilidades es que Rajoy tome una medida que jamás se ha tomado desde la promulgación de la Constitución española, en 1977: la de la suspensión de las instituticiones autonómicas de una región del país, una decisión que haría subir la tensión política a niveles máximos y que con seguridad llevaría a decenas de catalanes a salir a las calles.
El independentismo ya ha demostrado de hecho su fuerza de manera clara en dos ocasiones: la de la multitudinaria manifestación por la secesión que el 11 de septiembre de 2012 dio alas a Mas para pasar a retar al Estado español y la de este año en la misma fecha, cuando una cadena humana de cientos de miles de personas atravesó Cataluña de norte a sur pidiendo un referéndum de independencia.
En el gobierno español confían en que no haya que llegar hasta la suspensión de la autonomía catalana, según fuentes citadas hoy por el diario «El País».
Rajoy ha rechazado pronunciarse directamente al respecto, pero el jueves recordó que es a él, por su cargo, a quien más compete cumplir y hacer cumplir la Constitución. «Como presidente del gobierno he jurado cumplir y hacer cumplir la Constitución y las leyes, y por tanto les garantizo que esta consulta no se celebrará».
Artur Mas llevó el jueves al límite el desafío soberanista que lanzó hace un año a Rajoy, después de que el presidente del gobierno español se negara a otorgar un financiación preferente a Cataluña.
El líder conservador se convierte así en el primer presidente del gobierno español que afronta un desafío de tal calibre a la integridad territorial de España, el primer intento en democracia de romper la unidad del país mediante un referéndum.
El único antecedente es el del Plan Ibarretxe. En 2003, el entonces jefe del gobierno vasco, Juan José Ibarretxe, impulsó en el Parlamento regional la aprobación de un estatuto que proponía para el País Vasco algo equivalente a un Estado libre asociado.
Luego llevó su iniciativa al Congreso de los Diputados, en Madrid, y allí murió con el rechazo de una abrumadora mayoría de los parlamentarios. En 2008 aprobó una ley de consultas para convocar y regular una en el País Vasco. El gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero la recurrió ante el Tribunal Constitucional y este la declaró contraria a la Carta Magna. El desafío terminó ahí, con los límites legales, y también la carrera política de Ibarretxe.
El camino que ha elegido Mas es distinto, si bien, según algunos analistas de los medios españoles podría terminar igual, con el final de su carrera política.
Cataluña pedirá ahora formalmente en el Congreso de los Diputados el traspaso a su gobierno de la facultad estatal de organizar referendos, una solicitud que será rechazada por abrumadora mayoría.
Si Mas sigue adelante, en el momento que haya un documento oficial que avance en el camino hacia el referéndum, el gobierno acudirá al Tribunal Constitucional, que sin duda anulará el texto.
Y ahí, el catalán tendrá dos opciones: seguir adelante pese a todo -lo que podría llevar a Rajoy a aplicar el artículo 155 de la Constitución, el que permite suspender la autonomía- o pararse y convocar elecciones anticipadas a modo plebiscitario.
Mucho tendrían que cambiar para entonces las cosas en ese último caso como para favorecerle, ya que las encuestas sitúan desde hace ya algún tiempo en primera posición electoral a los independentistas de ERC, los grandes beneficiados del desafío soberanista de Mas.
Por todo esto, y porque Mas ha dicho en un par de ocasiones que pretende celebrar la consulta con la autorización o al menos la tolerancia del gobierno de Rajoy, la sensación extendida, dicen los analistas, es que el referéndum no llegará a celebrarse. Pero nunca se puede pronosticar a ciencia cierta qué pasos dará cada cual.
En base a lo visto hasta ahora, lo que sí se puede anticipar es que 2014 será un año de gran tensión política y de abierto enfrentamiento entre Barcelona y Madrid. Un enfrentamiento que, en tal grado, carece de precedentes.
Por Sara Barderas