Putin comienza un nuevo mandato con importantes incógnitas


Moscú, 7 may (dpa) – El camino que hoy recorrió Vladimir Putin para asumir su cuarto mandato como presidente es largo y solitario. Después de que los soldados engalanados abriesen las puertas del Gran Palacio del Kremlin, el mandatario atravesó sólo un salón tras otro, hasta la sala de San Andrés. Allí juró el cargo, prometiendo servir al pueblo y proteger los derechos humanos, la libertad, la Constitución y la soberanía de Rusia.

Sólo faltaba la unción para que la toma de posesión fuese como la coronación de un zar, comentó despectivamente antes del acto el diario sensacionalista «Moskowski Komsomolez».

Putin, nacido en la antigua Leningrado (hoy San Petesburgo) y ex agente secreto soviético, alcanzó un nivel de poder que recuerda al de cualquiera de los zares. El mandatario de 65 años inicia ahora un cuarto mandato en el que se plantean muchas incógnitas.

En sus 18 años de gobierno en el país más grande del mundo, Putin ha cortado el poder a su medida. En la sala de San Andrés se encuentran reunidos los hombres y (pocas) mujeres que controlan Rusia en su nombre: su portavoz, Dmitri Peskov, el primer ministro, Dmitri Medvedev, o el ministro de Defensa, Serguei Shoigu. También está el director ejecutivo de Gazprom, Alexei Miller, y el presidente de Rosneft, Igor Sechin, que controlan los importantes sectores del gas y el petróleo. Todos ellos tienen que agradecer poder y fortuna a su cercanía a Putin.

Entre esa «corte» está también un ex canciller alemán, Gerhard Schröder, que ya era amigo de Putin cuando estaba en el poder. Desde que lo dejó, en 2005, trabaja para una filial de Gazprom y desde el año pasado está al frente del consejo de administración de Rosneft.

Hace seis años, Putin estaba en una posición más débil. En 2012 muchos rusos no se tomaron bien su regreso al Kremlin, en un intercambio de papeles con Medvedev tras haber pasado Putin una legislatura como primer ministro. Hubo grandes manifestaciones que Putin reprimió con dureza, castigando a sus organizadores. El presidente creía que los impulsores estaban en el extranjero, por lo que impuso restricciones a las ONG financiadas desde el exterior.

Después recuperó su popularidad entre los rusos al anexionarse la península de Crimea en 2014, aunque fuese a costa de fuertes desavenencias con muchos países occidentales.

En las últimas elecciones, celebradas en marzo, Putin consiguió un apoyo récord de casi el 77 por ciento de los votos, un apoyo indiscutible. Pero cientos de jóvenes opositores han vivido hoy la toma de posesión de Putin arrestados tras haber gritado «¡Abajo con el zar!» en las manifestaciones del sábado. La violencia empleada contra ellos arroja una sombra sobre este nuevo mandato. Entre la cúpula y una parte de jóvenes se abre una brecha que amenaza con agrandarse cada vez más.

También se avecinan tiempos turbulentos en política exterior. «No hay una distensión a la vista entre Rusia y Occidente», advierte el International Crisis Group.

Desde el punto de vista occidental, Putin aumentó sus injerencias: en Ucrania, en la guerra de Siria, en las elecciones de Estados Unidos y Francia, el envenenamiento del ex espía ruso Serguei Skripal en Reino Unido. Putin lo ve de otra forma: Occidente no tiene en cuenta los intereses de Rusia, intenta debilitarla y hacerla caer.

Poco después de la ceremonia, el Kremlin anunció la primeras cita diplomática del nuevo presidente: una visita de la canciller alemana, Angela Merkel, que irá a Sochi el 18 de mayo.

Putin conoce Alemania desde sus tiempos como agente de los servicios secretos en Dresde, en la entonces República Democrática Alemana (RDA), y se maneja bien en alemán. La relación con la canciller alemana no es tan fluida como con su predecesor, Schröder, pero Merkel invirtió más tiempo y paciencia que otros líderes occidentales en mantener el contacto con Putin, sobre todo en la cuestión ucraniana.

Pero la principial cuestión al inicio de este nuevo mandato es qué pasará cuando termine. Según la Constitución, Putin no podrá volver a presentarse en 2024 y todavía no hay un sucesor a la vista. Según el experto Konstantin Gaase, del Centro Carnegie de Moscú, Putin podría aclararlo nombrando a un primer ministro fuerte y entregándole después el poder. Pero por el momento decidió mantener al frente del Gobierno a Medvedev, que no es muy querido por el pueblo. Putin seguirá manejando los hilos de Rusia en solitario hasta nuevo aviso.

Por Friedemann Kohler (dpa)