San José, 30 mar (dpa) – La polarización y la religión, coincidiendo con la Semana Santa, marcan la recta final hacia la segunda vuelta de las elecciones presidenciales que se disputan el domingo en Costa Rica entre el predicador evangélico Fabricio Alvarado y el candidato oficialista Carlos Alvarado.
El primero, periodista y diputado de 43 años, y el segundo, un comunicador y politólogo de 38 que concurre como candidato del oficialista Partido Acción Ciudadana (PAC), se disputan la presidencia del pequeño país centroamericano de 51.100 kilómetros cuadrados y 4,9 millones de habitantes en una jornada de alta carga religiosa: el domingo de Pascua.
Ambos políticos, que se apellidan igual, se ven abocados a la cita electoral después de que en la primera ninguno de los 13 candidatos se alzara con el mínimo del 40 por ciento de los apoyos requerido para eludir una segunda vuelta. En la primera, celebrada el 4 de febrero, se impuso Fabricio Alvarado con el 24,91 por ciento de los votos.
Al igual que sucedió en la campaña previa a los comicios de entonces, la religión jugó también un papel importante.
Fabricio Alvarado es un predicador evangélico que cuenta con el apoyo del grueso de las iglesias neopentecostales, que se calcula tienen en torno a un 20 por ciento de seguidores entre la población del país, según diversos estudios.
Las dos campañas están consideradas entre las más atípicas de la historia republicana de Costa Rica. En vísperas de la primera vuelta electoral, ninguno de los dos Alvarado aparecía en las encuestas con posibilidades de vencer.
Sin embargo, una resolución de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH) pareció catapultar a Fabricio Alvarado, quien en el término de un mes, se colocó en la cima de las preferencias de voto.
La resolución llegaba en respuesta a una consulta hecha por Costa Rica y obligaba a los estados miembro de la Corte IDH a garantizar los derechos de las comunidades LGTBI (lesbianas, gays, bisexuales, transexuales e intersexuales), incluida la posibilidad de contraer matrimonio.
Fabricio Alvarado, candidato del Partido Restauración Nacional (PRN), es un férreo opositor al reconocimiento del matrimonio entre personas del mismo sexo, al aborto, a la fecundación in vitro y a la denominada ideología de género.
Caso contrario de su rival Carlos Alvarado, que los defiende como derechos que buscan evitar la discriminación y promover la igualdad entre las personas. En medio de la polémica, el candidato del PAC subió como la espuma en las encuestas la semana anterior a la celebración de la primera ronda y ahora disputa la presidencia del país.
La confrontación adquirió un carácter religioso en el que también se implicó la Iglesia católica, coincidiendo con el predicador en sus posturas sobre la ideología de género, el aborto o el matrimonio homosexual y ha vuelto a ser uno de los ejes centrales en la campaña de cara al a segunda vuelta.
El Tribunal Supremo de Elecciones ordenó recientemente al PRN, tras llamadas de advertencia a la Iglesia Católica y a una alianza evangélica, abstenerse de la utilización de estructuras paralelas con connotación religiosa para atraer fondos y apoyo de cara a la votación.
Tras los comicios del 4 de febrero, los Alvarado, como se llama en Costa Rica a los contrincantes, hicieron gestiones para llevar a sus filas a figuras políticas y económicas de las principales agrupaciones que quedaron al margen de la segunda vuelta.
En estas circunstancias, ambos insisten en que, de ganar, impulsarán gobiernos de unidad y alianza nacional.
Sea cual sea el ganador, necesitará una estrategia de ese tipo ante la profunda división en la Asamblea Legislativa, en la que además ninguno de los Alvarado tendría mayoría de diputados.
El resultado está abierto y las dos principales encuestadoras difieren totalmente en sus predicciones: mientras el Centro de Investigaciones Políticas (CIEP) de la estatal Universidad de Costa Rica avanza una elección reñida y un empate técnico, la firma privada Opol Consultores otorga una amplia ventaja, hasta de 12 puntos porcentuales, al predicador evangélico.
Por Ernesto Ramírez (dpa)