Ortega cierra las puertas a una salida negociada de la crisis en Nicaragua


Managua, 8 jul (dpa) – Al descartar este fin de semana un eventual adelanto de las elecciones previstas para el año 2021, el presidente Daniel Ortega cierra las puertas a una pronta y negociada solución a la violenta crisis que envuelve a Nicaragua desde hace dos meses y medios.

Ortega, de 72 años, rechazó el sábado de un tajo, sin mencionar a la opositora Alianza Cívica, una propuesta planteada en el diálogo nacional para convocar a comicios presidenciales en marzo próximo.

«Aquí las reglas las pone la Constitución de la República, a través del pueblo. Las reglas no pueden venir a cambiarlas de la noche a la mañana porque se le ocurrió a un grupo de golpistas», dijo ante simpatizantes Ortega, que no escatimó calificativos para sus adversarios, a quienes también llamó «asesinos», «delincuentes» y «terroristas»

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«Ya habrá tiempo, tal como manda la ley, habrá tiempo para elecciones, todo tiene su tiempo», agregó el ex comandante en un discurso precedido por canciones de combate de la década de 1980, cuando gobernó por primera vez durante la revolución sandinista y un conflicto bélico que dejó decenas de miles de muertos.

La propuesta de adelanto de elecciones fue planteada por los obispos de la Conferencia Episcopal, mediadores en el diálogo, como única salida a la crisis y después de que la prensa informara sobre una supuesta anuencia de Ortega a la misma, en una reunión con un enviado de Estados Unidos hace aproximadamente un mes.

Lejos de acceder al reclamo de miles de personas que exigen su salida del poder, el gobernante arremetió incluso contra los empresarios que apoyan las protestas y contra las «instituciones religiosas» que lo «maldicen», según dijo, en evidente alusión a las autoridades católicas comprometidas en la mediación.

También dijo que tendrán que «desaparecer de toda Nicaragua» los «tranques», como se conoce a los más de 100 retenes de protesta de estudiantes y campesinos que mantienen bloqueadas varias carreteras del país y el acceso a numerosas ciudades del interior.

La aparente orden presidencial fue cumplida casi de inmediato, pues la noche del sábado fuerzas paramilitares atacaron a balazos a manifestantes en la ciudad de Matagalpa (sur) y en las primeras horas del domingo otros grupos fuertemente armados hicieron lo propio en las ciudades de Diriamba y Jinotepe (sur), con un saldo preliminar de varios muertos y heridos.

«El presidente Daniel Ortega quemó ayer los últimos puentes que le ofrecían la posibilidad de entablar una negociación política para lograr su salida del poder en condiciones de gradualidad», escribió el periodista Carlos Fernando Chamorro en la publicación que dirige, «Confidencial», uno de los medios más críticos del Gobierno.

«Es probable que al subir la parada, Ortega se está preparando para negociar con el Gobierno norteamericano, al que hace un mes ofreció adelantar las elecciones y ahora debe rendir cuentas, después de las sanciones impuestas contra tres operadores de su círculo íntimo», señaló Chamorro.

Los sancionados por la Ley Magnitsky, que supone entre otras restricciones el congelamiento de cuentas bancarias en Estados Unidos y el retiro de la visa norteamericana, son el secretario general de la Alcaldía de Managua, Fidel Moreno; el subdirector de la petrolera Albanisa, Francisco López, y el segundo jefe de la Policía, Francisco Díaz, que además es consuegro del presidente.

«El mensaje inequívoco de Ortega es que el régimen ha llegado a un punto de no retorno y por lo tanto, todos sus allegados deben proclamar su lealtad absoluta, descartando cualquier posibilidad de negociación con la salida que ofrece la rebelión cívica», señaló Chamorro.

Por su parte, el militar retirado Roberto Samcam advirtió que la crisis se agravó tras el discurso de Ortega, porque «le dio la orden a sus paramilitares de arrasar ciudades como Diriamba y Jinotepe con un despliegue desproporcionado de fuerzas contra civiles que siguen resistiendo con piedras y morteros (bombas caseras)».

«Daniel Ortega está empujando al pueblo hacia una guerra civil, está buscando que la gente comience a armarse, porque él nada mejor en esas aguas y porque así tendría el argumento de que está enfrentando una guerra contra su Gobierno», comentó a dpa Samcam, ex mayor del Ejército nicaragüense.

Estimó que los paramilitares han iniciado una «cacería de brujas» contra los opositores, casa por casa, y que el peligro ahora es que la población tome las armas para defenderse. «Miles en el país tienen pistolas y armas de cacería, y muchos están empezando a perder la paciencia», alertó.

La crisis en Nicaragua estalló el 18 de abril con una protesta estudiantil en Managua, donde la violenta acción de la Policía y fuerzas de choque generó una reacción en cadena de más protestas y manifestaciones cívicas en distintas zonas del país.

Según la Asociación Nicaragüense Pro Derechos Humanos (ANPDH, independiente), cuyo trabajo la hizo merecedora del Premio franco-alemán de Derechos Humanos esta semana, la cifra de muertos supera las 309 personas, en su inmensa mayoría jóvenes heridos por armas de fuego, además de casi 2.000 heridos y cientos de detenidos y desaparecidos. El Gobierno reconoce 47 muertos.

Por Gabriela Selser (dpa)