Ocho recomendaciones para disfrutar Aruba

Parque Nacional Arikok
En la piscina natural Conchi, en el Parque Nacional Arikok, las olas entran sobrepasando la rocas. Foto: Andreas Drouve/dpa

(dpa) – El mar se despliega en tonalidades de verde, azul celeste y turquesa. El alojamiento se ofrece en clave de lujo. Gente “cool” bajo un sol abrasador. Hasta allí, las imágenes habituales del Caribe. Sin embargo, en Aruba muchas cosas son distintas y al mismo tiempo en absoluto menos dignas de ver.

La “Happy Island” -así se lee en cada matrícula de vehículo- se extiende de manera mayormente plana y con poca presencia de agua. En lugar de playas de palmeras que se entrelazan ininterrumpidamente, grandes cantidades de cactus se elevan al cielo.

En el interior de la isla no se alza ninguna montaña. Y, en lugar de abundancia tropical, se impone la aridez. Por lo tanto, cada coco, huevo y trago de ron para el cóctel es una mercancía importada.

Aruba puede ser visitada durante todo el año, y en promedio su temperatura se ubica en torno a los 27 grados. La isla se encuentra además fuera del “cinturón de huracanes”.

Los sitios más destacados de Aruba, que es un apéndice autónomo de los Países Bajos, se encuentran dispersos. A continuación, ocho lugares especiales:

EAGLE BEACH: UNA PLAYA DE ENSUEÑO

Por supuesto, no puede haber Caribe sin playas hermosas. Las playas destacadas en Aruba se encuentran únicamente entre la costa noroeste y la suroeste. Eagle Beach es una playa de ensueño, con suave arena blanca, en el norte de acantilados de la isla.

Un emblema de esta playa son dos árboles Fofoti frecuentemente fotografiados, resto de un bosque de manglares. Otro punto que la favorece son las edificaciones bajas, mientras que en dirección al norte se divisa la aledaña Palm Beach, con sus hoteles cuadrados.

Quien extienda su toalla sobre la arena de Eagle Beach podrá disfrutar de las maniobras de buceo de los pelícanos, los extraordinarios vuelos de las fragatas y también tendrá un lugar privilegiado para observar la puesta de sol.

ORANJESTAD: EXPLOSIÓN DE COLORES EN LAS FACHADAS

El término “capital” despierta falsas expectativas. Porque Oranjestad posee el encanto de las pequeñas ciudades, se descubre rápido y brinda testimonio de la prolongada presencia de los holandeses, que construyeron en 1798 el Fort Zoutman para protegerse de los piratas. Es el edificio más antiguo que actualmente se conserva en Aruba.

También llaman la atención las casas históricas, que fueron renovadas con estilo y colores variopintos. Asimismo representan una atracción para los turistas el puerto, los centros comerciales y las tiendas elegantes. Pero cada producto debe ser importado. Por lo tanto, no es raro que quienes salen de compras por aquí se terminen llevando un recuerdo “made in China”.

PARQUE NACIONAL ARIKOK: LA NATURALEZA CRUDA DE ARUBA

La combinación de naturaleza e historia puede vivirse mejor que en ningún otro lugar de Aruba en el Parque Nacional Arikok que ocupa una quinta parte de la isla. La cueva de piedra caliza Fontein conserva además pinturas en piedra de los pobladores originarios, los indígenas caquetíos, así como un saliente de roca que se encuentra enrejado en el Cunucu Arikok Trail de dos kilómetros de largo.

“Las pinturas tienen entre 900 y 1.000 años”, explica el guardabosques Julio Beaujon, a quien también le gusta contar sobre las serpientes cascabel, aunque ya hace tiempo que no ve ninguna.

En cambio, los que pululan por todos lados son los lagartos. Las focas monje del Caribe, las mismas que los habitantes originarios de Aruba eternizaron en las paredes de rocas, se extinguieron.

SAN NICOLAS: STREET ART COMO ESCENARIO DE SELFIES

Convertir un lugar en el medio de la nada en una galería al aire libre es arte en sí mismo y así sucedió en el sur. Detrás estuvo una iniciativa de un festival privado hace años.

Las pinturas en las paredes otorgan brillo a las calles de San Nicolas mientras que las fachadas venidas abajo experimentaron un colorido resurgimiento. El “Street Art” se luce con motivos de pájaros y peces, así como también zapatillas de ballet y naipes de grandes dimensiones.

CAPILLA ALTO VISTA: REZAR EN SOLEDAD

Un Vía Crucis y mares de cactus bordean la estrecha callejuela que conduce a la solitaria Capilla de Alto Vista en la parte noroeste de la isla. A mediados del siglo XVII se construyó su antecesora, una simple construcción de madera, mientras que la actual edificación se inauguró en 1952.

El portal se encuentra abierto, una cálida brisa llega hasta el interior. El flujo de feligreses -muchos en chanclas y remeras musculosas- que ingresan a la capilla no se detiene.

“ZEEROVER”: PESCADO FRESCO

El “Zeerover” -literalmente pirata en holandés- es un muelle de pescadores en Savaneta. De buena calidad, barato y auténtico, está ubicado en la que fuera la primera capital de la isla, en el sur. Se encuentra frente al mar y los pescadores tienen que recorrer solo un breve trecho para entregar su mercancía.

A un par de metros, Fernando Henriques toma el mando de ollas y sartenes. Su rostro curtido por el sol y un arete desenfadado hacen que el chef parezca un viejo pirata. Aunque sus antepasados llegaron pacíficamente hace generaciones desde Portugal.

TRES TRAPI: ESNÓRQUEL CON TORTUGAS

El consejo proviene del capitán Anthony Hagedoorn, quien por lo demás conduce navegando a los visitantes de Oranjestad en su yate a lo largo de la costa suroeste: “Tienes que estar en Tres Trapi a las siete de la mañana, para poder hacer esnórquel con tortugas. También el agua es simplemente fantástica”.

El experimento demuestra que las tortugas justo están fuera de sus refugios y los cardúmenes se encuentran en pleno desplazamiento.

Tres Trapi es una pequeña y aislada área para nadar y hacer esnórquel con una entrada de arena debajo de una meseta de roca coralina. El tema es justamente cómo encontrarlo. En Google Maps está marcado como “Tres Trapi Steps”, entre Malmok y Boca Catalina Beach.

HOOIBERG: LA MEJOR VISTA SOBRE LA ISLA

Son 168 metros de altura y 561 escalones para dominar el monte Hooiberg ocupado por numerosas antenas y al este de Oranjestad. Desde allí, pueden divisarse amplias partes de la isla.

Desde la salida hasta la puesta del sol, uno puede encontrar cabras, corredores y familias con niños pequeños. Y los chinos que han escapado de la oscuridad del aire acondicionado de sus supermercados.

O también a Kenneth Kelly, un suizo que sube con dos niños “para que por fin dejen sus teléfonos móviles”. Algo que pasa tanto en Aruba como en cualquier otro punto del globo.

Por Andreas Drouve (dpa)