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Ciencia

Neumayer III, una nave espacial en la Antártida

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Bremerhaven/Antártida, 20 feb (dpa) – La barrera de hielo de Ekström es un desolado desierto blanco en el Polo Sur, en el que un objeto colorido asoma en el horizonte casi como un espejismo.

La estructura roja, blanca y azul se asemeja a una nave espacial suspendida sobre pilares que ha aterrizado sobre el hielo: se trata de la estación Neumayer III.

Desde hace diez años este es el principal bastión de la investigación polar alemana, como antes lo fueron las estaciones Georg von Neumayer y Neumayer II.

El médico Eberhard Kohlberg, de 71 años, ha trabajado a lo largo de las últimas tres décadas en las tres estaciones antárticas. Superó numerosos inviernos polares, castigado por temperaturas de menos 50 grados y en los que durante tres meses reina la oscuridad total.

Durante la época más fría, la estación antártica está casi aislada del mundo exterior y sólo es habitada por un cocinero, un médico, tres ingenieros y cuatro técnicos.

“En 1981, en la primera estación Georg von Neumayer, sólo contábamos con una radio y, para casos de emergencia, con un teléfono satelital”, recuerda Kohlberg.

Las alejadas estaciones antárticas de Alemania, el Reino Unido y la India se intercomunicaban por radio para vencer el aburrimiento e intercambiar noticias. “Con la estación de la RDA (la antigua República Democrática Alemana) esto se dificultaba, porque en el equipo de radio se sentaba un oficial político para controlar la línea”, dice Kohlberg.

Esto cambió en 1989, cuando los investigadores de la RDA fueron sorprendidos por la caída del Muro de Berlín y se convirtieron en locuaces interlocutores: querían que los colegas de Alemania occidental les contaran qué estaba pasando en casa, relata Kohlberg.

Luego, los investigadores antárticos de la antigua Alemania oriental fueron recogidos por el buque rompehielos alemán “Polarstern” y meses después regresaron a su patria, un país totalmente distinto al que habían conocido.

La comunicación moderna, con internet y correos electrónicos, arribó en 1992 a la entonces nueva base Neumayer II. Como su antecesora, es una construcción levantada en base a tubos estructurales.

En dos extensos túneles de 90 metros se distribuyen las áreas de vivienda, laboratorios, el hospital y los talleres. Pero como con el tiempo se acumulan más capas de nieve sobre su estructura, la base se hunde cada vez más en la superficie blanca. Con el paso de los años, se va hundiendo severamente por el peso y el movimiento de las capas de hielo para finalmente ser inhabitable.

Un estilo de construcción totalmente nuevo permitirá a la estación Neumayer III tener una mayor vida útil que sus dos antecesoras.

La inauguración oficial de la nueva estación tuvo lugar el 20 de febrero de 2009, luego de siete meses de construcción. El edificio descansa sobre 16 pilares. Una vez por año, las bases de los pilares son levantadas hasta dos metros mediante un sistema hidráulico, y los expertos acumulan nieve pesada debajo de la construcción.

De esta forma, los pilares permiten que la base antártica se mueva hacia arriba y vaya creciendo junto con la capa de nieve.

“Esto funciona y ha demostrado su eficiacia a lo largo de estos diez años”, destaca el ex director del proyecto Saad El Naggar, del Instituto Alfred Wegener para la Investigación Polar y Marítima (AWI, por sus siglas en alemán) de la ciudad alemana de Bremerhaven.

Un molino eólico y modernos equipos diésel aportan energía a la estación Neumayer III, que reemplazó la angosta conexión de internet que poseía anteriormente por una potente cobertura satelital.

La mayor y más confortable base antártica de Alemania debería estar en funciones al menos hasta 2035 y “quizás aún durante más tiempo”, estima El Naggar.

La naturaleza establecerá su fecha de vencimiento. A diferencia de las estaciones antárticas anteriores, que quedaron hundidas como submarinos en el hielo, la construcción sobre pilares no puede ser aplastada por la nieve.

Sin embargo, la plataforma de hielo que cubre gran parte del continente antártico se mueve hasta 40 centímetros diarios en dirección a la costa: en algún momento la base donde se asienta la estación se quebrará como un iceberg y flotará por el océano antártico.

“Antes de que esto suceda, dentro de más de cien años, la estación Neumayer III puede ser totalmente desmantelada”, asegura El Naggar.

La estación construida sobre pilares cuenta asimismo con varias ventajas más, por ejemplo los expertos tienen por primera vez una ventana panorámica para disfrutar de una gran vista del desierto helado. Desde allí se pueden observar incluso pingüinos, los únicos habitantes permanentes en este ambiente desafiante para los humanos.

Por Hans-Christian Wöste (dpa)

Foto: Hans-Christian Wöste/dpa

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