Mutismo selectivo: Cuando los niños no hablan

(dpa) – A veces los maestros lo notan y les cuentan a los padres algo que ellos no pueden creer: sus niños en casa hablan sin parar, pero en el jardín de infantes pueden pasar meses sin decir una palabra. ¿Qué sucede allí? ¿Es normal? No, no lo es, y “los padres reaccionan con mucha preocupación”, cuenta Katja Subellok, directora de un servicio de logopedas ambulante. La buena noticia es que si esos niños reciben ayuda pueden ir superando el miedo a hablar.

En Alemania entre un 0,7 y un 1 por ciento de los niños tienen este “mutismo selectivo”. Se llama así porque callan en determinadas situacions sociales y en otras se expresan como si nada. ¿Pero cómo saber si tus hijos sufren ese “mal” o no son más que tímidos?

Uno de los indicadores es el factor temporal. Todos suelen necesitar cierto tiempo para acostumbrarse al nuevo contexto del jardín de infantes, pero ese proceso no debería llevarles más de dos o tres meses. Si pasa ese tiempo y siguen sin hablar, no está de más hacer una consulta.

Katja Subellok dice que lo que le sucede a un niño con mutismo selectivo es equiparable a un ataque de pánico. “El mutismo es una especie de petrificación. Los niños no tienen ni una tendencia a escapar ni a agredir, pero lo que les sucede es que no pueden actuar y por momentos se sienten totalmente vacíos. No es que tengan miedo”, comenta.

Eso también es una diferencia con la timidez. Si un niño es tímido, puede decir “tengo miedo o no me gusta hablar adelante de un grupo”. Un niño mutista no llega a decir eso.

Las causas no son claras. Sin embargo, puede llegar a tener alguna componente genética, porque se da con frecuencia que otros miembros de la familia han pasado por síntomas similares.

Si la sospecha de que tu hijo puede sufrir de mutismo se asienta, consulta a un especialista. Cuanto antes, mejor. El camino no es presionar al pequeño para que hable. “Ni se te ocurra preguntarle: ¿pero por qué no hablas si sabes hacerlo?”, advierte Subellok. La experta dice que es importante transmitirles a los niños que ellos pueden hacerlo. Es mejor decirles “tú sabes hablar bien. A veces puede que te cueste, pero se puede aprender. No te preocupes, ya veremos cómo lo hacemos”.

Para estos casos se recomiendan terapeutas especializados en técnicas de la respiración, del habla. Búscalos, porque esperar a que la lengua se suelte sola en algún momento no es la mejor opción. Es más, Subellok dice que en muchos casos los problemas se acentúan si no se busca ayuda. “Cuanto más dura el silencio, más difícil se vuelve después”.

Nosotros, los padres, tenemos que armarnos de paciencia. En algunos centros especializados se trabaja con marionetas, y van avanzando poco a poco, alentando como primer paso a los niños a desenvolverse en lo que les genera seguridad.

Cuanto más coraje van teniendo, más se atreven a ir dejando el silencio. Los más pequeños suelen dibujar fantasmas. Al principio, el niño aparece muy pequeño y el fantasma como una figura enorme, explica una logopeda. Pero cuanto más se va avanzando en el trabajo, más pequeño se va volviendo ese fantasma en relación con el niño. Una vez llegado a ese punto, destruimos la primera imagen y de ese modo sabemos algo muy claro: nunca más tendremos que regresar a ese lugar. Eso ya no existe.

Por Christina Bachmann (dpa)

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