Simferópol (Ucrania), 3 mar (EFE).- Hombres de todas las edades acudieron hoy a la plaza de Lenin de Simferópol, capital de Crimea, para enrolarse en las patrullas de Autodefensa de la república autónoma ucraniana.
«Debemos garantizar el orden en las calles. La policía no es suficiente. Hay muchos provocadores que son enviados por Kiev para causar desórdenes», aseguró a Efe Vladímir, activista del partido Unidad Rusa, cuyo líder es el primer ministro crimeo.
Los voluntarios, que llevan brazaletes rojos o el tradicional con rayas rojas y negras de San Andrés, son todos rusos étnicos, ya que las minorías ucraniana y tártara mantienen, aunque a duras penas, su lealtad a Kiev.
Tras mostrar un documento de identidad, estampar su firma y escribir un teléfono de contacto, los voluntarios entran a engrosar las filas de las milicias populares, cada vez más numerosas en la capital de la península bañada por el mar Negro.
«Kiev quitó la anilla de la granada, cuando dijo que detendría a aquellos que hablaran en ruso. Ahora, ya no hay marcha atrás», señala el activista, que está sentado con un ordenador portátil junto a una imponente estatua de Lenin.
En su opinión, «el pueblo crimeo no busca la independencia, sino recuperar la autonomía de la que fue privada en 1992, justo después de que Ucrania se independizara de la Unión Soviética».
«Queremos recuperar la figura del presidente de la república de Crimea. Seguiríamos siendo parte de Ucrania, pero tendríamos más libertad para tomar decisiones sobre asuntos políticos y económicos», recuerda.
A escasos metros se encuentran los militares encapuchados y equipados con fusiles Kaláshnikov que acordonan el edificio del Gobierno y que Kiev considera comandos especiales enviados por Moscú.
«Son soldados rusos, pero no tienen distintivos de la Federación Rusa. Son nuestros amigos, son amigos de Crimea. Nadie ha visto que terroristas defiendan a los ciudadanos de Simferópol», señala sonriente Vladímir.
Sea como sea, se muestra convencido de que no estallará una guerra entre Crimea y el Ejército de Kiev.
«No habrá guerra. Al fin y al cabo, somos hermanos. Los ucranianos vienen a descansar a Crimea. Vivimos juntos ya 20 años. Tengo familia en las regiones occidentales. Tenemos ideas diferentes, pero vivimos en paz», asegura.
Mientras, Oleg, un pintor que habla un aceptable español, sostiene junto a su esposa e hija una pancarta en favor del referéndum de autodeterminación convocado para el 30 de marzo.
«Queremos la autodeterminación, la autonomía, pero no estamos a favor del separatismo. Queremos ser independientes, pero junto a Ucrania, siempre que el Gobierno cambie sus políticas», proclama.
Al mismo tiempo, reconoce que no será fácil seguir siendo parte de un país cuyas autoridades quieren ingresar en la Unión Europea y dar la espalda a Rusia.
«No queremos ser parte de la Unión Europea. El poder ilegítimo de Kiev quiere imponer su política a todo el país, aunque en Crimea y en el Este estemos en contra de ingresar en la Unión. Somos eslavos y ortodoxos y nos quieren imponer algo extraño a nuestra cultura», resalta.
Oleg reconoce que «la mayoría de los crimeos sueña con formar parte de la Federación Rusa», pero añade que, «en estos momentos, por motivos geopolíticos no es posible, por lo que hay que ser realistas y conformarse con una autonomía».
«Seguramente, habrá acciones militares, ya que los radicales no piensan ceder. Habrá que coger las armas y pelear contra el régimen que llegó al poder en Kiev. Comprendemos las secuelas de una guerra y queremos evitarla, pero va a ser difícil mantener la paz», aventura.
Mientras, un grupo de medio centenar de madres se encaramó a la escalinata de la plaza y, con altavoces, ha comenzado a entonar eslóganes a favor de Putin y contra las autoridades de Kiev que derrocaron el pasado 22 de febrero al presidente Víktor Yanukóvich.
«Crimea es Rusia», «Putin, ayúdanos», «OTAN, fuera», corean las manifestantes y rezan las pancartas que portan las mujeres, que reciben el apoyo de poco más de un centenar de personas.
Por Ignacio Ortega