Los concursos de comer triunfan en Estados Unidos

Nueva York, 4 jul (dpa) – “Tres, dos, uno”, grita el público y comienza la comilona. Entre el griterío de los curiosos Joey Chestnut se mete un perrito caliente tras otro en la boca en el barrio de Coney Island, Nueva York. Junto a él hay otros que se han propuesto engullir más salchichas en panecillos que el defensor del título. Al final gana el campeón: Chestnut se come 72 perritos calientes en solo diez minutos. ¿Lo conseguirá de nuevo este año?

La palabra “comer” es una manera de hablar, en realidad los concursantes se meten los “hot dogs” hasta la faringe. También está permitido remojarlos en agua para que las salchichas pasen mejor por el esófago. Es un espectáculo grotesco que tiene lugar cada año en Estados Unidos por el 4 de julio, el Día de la Independencia. A la victoria de Chesnut de 2017 asistieron 20.000 personas y la cadena de deportes ESPN y decenas de medios nacionales e internacionales lo emitieron en directo.

En el país de las porciones XXL los concursos de comida se han convertido en una disciplina propia. Esto es así también gracias a George Shea, que llama a la mesa a competidores de todo el país con la asociación Major League Eating (MLE).

Hay concursos de todo lo que se pueda comer fácilmente con la mano: pizza, hamburguesas, tacos, sándwiches, pollo, mazorcas de maíz, huevos duros, helados, roscos e incluso tarta de calabaza. Y también de forma regional puede haber concursos de comer langosta en Maine, de patatas en Idaho y de ostras en Orleans, cuenta Shea a dpa. Detrás de los eventos suele estar un productor de alimentos que quiere promocionar sus productos.

“Es un deporte extremo”, dice Drew Cerza, que organiza un popular concurso de comer alitas de pollo en Buffalo, en el estado de Nueva York. “La gente está obsesionada con la comida y la cultura de la comida”.

Al igual que con la lucha libre, también juegan un papel importante los personajes, los nombres y su historia. Chestnut, por ejemplo, es un buen comedor de grandes cantidades. Según su página de Wikipedia este hombre de 1,85 metros y 104 kilos de peso se comió una cantidad increíble de salchichas, hamburguesas, pizza, sándwiches de “corned beef”, empanadillas de gambas, entrecots y macarrones con queso en el menor tiempo posible. Es un hombre fornido, pero no sufre sobrepeso.

Un buen “speed eater”, como se les llama, debe actuar de forma estratégica y pensar “cuántos mordiscos da, cuánto mastica y cuándo tomar el siguiente pedazo mientras traga”, explica el comedor profesional Bill Myers a la revista “Atlantic”.

El entrenamiento también puede incluir ayunos, hipnosis o ejercicios de coordinación de manos y ojos, otros beben litros de agua y amplían su estómago hasta que vomitan. Hasta ahora no se ha demostrado que esta práctica suponga un riesgo para la salud, pero estos concursos sí que transmiten el mensaje de que darse un atracón de vez en cuando es aceptable.

El 40 por ciento de los estadounidenses padecen obesidad, según la autoridad sanitaria CDC. Mientras que la ex primera dama Michelle Obama fomentaba la comida sana con su huerto, el presidente actual, Donald Trump, amante de la comida rápida, representa un ejemplo de lo contrario.

Según la asociación de fitness IHRSA, está aumentando el número de gimnasios y sus socios en el país. En 2017 había 38.000 centros con 61 millones de usuarios. Pero al menos en la liga de los comedores profesionales el comer hasta el límite parece algo presentable.

El presidente de MLE, Shea, insiste en separar los concursos de las costumbres alimentarias de los estadounidenses. “Esto no tiene nada que ver con la obesidad. Hablamos de 200 concursantes por año”.

Y el exceso de comida en Estados Unidos y en otros países es una realidad triste, destaca. “Se tiran millones de toneladas de comida apta para el consumo. Ojalá no fuera así”, dice. La cadena Nathan’s, que organiza el concurso de perritos calientes, dona cada año 100.000 “hot dogs” a comedores sociales.

Los comedores profesionales de Nathan’s se están imponiendo y el concurso ya se ha extendido a otros estados. Joey Chestnut espera este año conservar su “cinturón de mostaza” contra la contrincante Carmen Cincotti y obtener su decimoprimera victoria. Al igual que en los concursos de la MLE, en el evento hay siempre un médico presente y solo se permite la participación a mayores de 18 años. Hasta ahora no ha habido accidentes, pero la asociación advierte: “No prueben el ‘speed eating’ en casa”.

Por Johannes Schmitt-Tegge (dpa)

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