Las personas sin hogar, cada vez más jóvenes y con mejor formación

5996619wMadrid, 1 mar (EFE).- “Cada día son más jóvenes y tienen mejor formación las personas sin hogar que acuden a nosotros, y eso me preocupa muchísimo”, cuenta sor Soledad Sánchez, responsable del centro de acogida e inserción Albergue San Vicente de Paúl, ubicado en Aranjuez y que este año alcanza los treinta años de existencia.

Al estar situado en el centro de España, el albergue es un lugar de paso para personas sin hogar que proceden de toda la geografía nacional.

Normalmente son españoles, ya que los inmigrantes acuden más a los centros de las capitales.

“Debido a la crisis, ahora nos vienen muchos que han perdido el trabajo y como consecuencia de ello a su familia, además cada vez más jóvenes”, explica sor Ascensión.

Antes, el perfil del usuario del albergue era el de una persona mayor con algún problema añadido de alcoholismo o drogadicción; ahora llegan más jóvenes, aunque la mitad de los asistentes en 2013 tenían entre 45 y 60 años.

Es muy complicado calcular el número de personas que vive en la calle, porque solo se pueden contabilizar las que pasan por albergues, pero Cáritas maneja unas cifras que se sitúan entre las 30.000 y 40.000 personas en España, y más de 3.000 en Madrid, explica Pepa Rodríguez, trabajadora social de la institución.

En el caso concreto del albergue de Aranjuez, cuya dirección está compartida entre las Hermanas Mercedarias de la Caridad y Cáritas Diocesana de Getafe, un 77 % de las personas que llamaron a la puerta del centro el año pasado eran españolas.

“En 2013 realizamos 800 atenciones y repartimos 30.000 servicios de alimentos, entre desayunos, meriendas y cenas”, señala la trabajadora social de Cáritas en el albergue.

El centro tiene dos programas: uno de ellos consiste en una atención de emergencia que dura en torno a tres días y el otro supone una atención integral, en el que se puede permanecer en torno a los siete meses.

Este último se destina sobre todo a personas que llevan poco tiempo en la calle y que están buscando empleo, con el objetivo de que el albergue sea “un puente entre la vida y la inserción social”, en palabras de Pepa Rodríguez.

El curso pasado, 37 personas realizaron el curso, de las que 26 salieron del centro o consiguieron ir a otros. “Pero ninguno ha ido a la calle, incluso tenemos algunos que encontraron trabajo”, añade.

Para Cáritas, el albergue de Aranjuez es una prioridad, porque realiza asesoramiento personal en el terreno jurídico, administrativo, formativo, psicológico, laboral, y se imparten talleres ocupacionales.

Además de los profesionales y voluntarios que acuden al albergue, el centro está atendido por cuatro Hermanas de la Caridad, Ascensión, Valeriana, Francisca y Carmen.

Sor Ascensión relata que algunos usuarios tienen situaciones complicadas, pero otros se han visto en la calle a causa de la crisis.

“Ahora mismo tenemos un chaval que lleva desde los cuatro años en reformatorios, centros de menores y que incluso ha estado en la cárcel, ya que su madre era heroinómana y a su padre no llegó a conocerle, siempre ha estado vigilado y aquí ha encontrado libertad, por lo que se ha dado cuenta de que quiere conocer otro mundo”.

Lo que no ha cambiado con la crisis es la solidaridad de la gente, ya que el albergue sigue recibiendo los mismos donativos, sobre todo de vecinos de Aranjuez y otros municipios cercanos, así como la colaboración del Ayuntamiento, que contribuye con el mantenimiento de las instalaciones.

Margarita Martínez