La pubertad: Una etapa difícil también para los perros

Katja Krauß es entrenadora de perros en una escuela y trabaja como especialista del tema en Berlín. Foto: Robert Günther/dpa-tmn

(dpa) – Richard no sabe bien qué le pasa. Hasta ayer, este labrador de ocho meses se dejaba intimidar por los machos adultos, mientras que ahora sólo busca líos. Un perro más viejo le gruñe nervioso. A Richard le da igual: lo sigue molestando, hasta que recibe un “no” rotundo. Como cualquier adolescente. El diagnóstico indica: pubertad.

Al igual que los niños, los perros también atraviesan esta difícil etapa hasta la adultez. En qué momento difiere, depende de cada perro. En el caso de los machos, el inicio de la pubertad varía entre los seis y los 12 meses. En el caso de perros grandes y determinadas razas, el inicio de la pubertad puede tardar incluso unos 24 meses.

Una edad de cambios

En el caso de las perras, este inicio es de fácil de reconocer: lo marca la primera menstruación. En el caso de los machos, no hay un indicio tan claro. En estos casos, hay que fijarse en otras cosas: ¿levantan la pata para marcar su territorio? ¿Se despegan de su dueño más de lo que este quisiera para ver qué hay alrededor? ¿Están interesados de repente en el otro sexo y ya no se llevan tan bien con sus congéneres?

Todo esto indica un cambio en el estado hormonal. Sin embargo, el sólo hecho de que levante la pata no indica automáticamente la pubertad en el macho. A veces sucede incluso antes. A lo que más deberían estar atentos los dueños es al cambio en el comportamiento, ya que éste es definido por cambios en el cerebro.

Hay momentos que son bastante sorprendentes. De repente, al perro se siente amenazado por cosas que antes no le molestaban. O reacciona muy sensiblemente a determinados estímulos: sale corriendo, no escucha, se olvida de todo.

El ser humano debe saber evaluar los riesgos

Hace poco, el labrador conoció un caballo. Primero pasó a su lado con temor. El enorme animal le inspiró tanto miedo que inicialmente buscó alejarse. Pero después lo ganó la curiosidad y se acercó e incluso lo alentó a jugar. Su dueña logró alejarlo a tiempo de la patada del caballo. Richard no imaginaba cuán peligrosa podía ser una de ellas.

Para muchos veterinarios, este es un comportamiento clásico. El cerebro está creciendo y apenas se está formando la evaluación emocional. Por eso, los dueños de los perros deben aprovechar la pubertad del perro para poner a prueba su paciencia. Lo ideal es darle su tiempo al animal y no exagerar siendo demasiado estricto.

Lo que suele sacar un poco de quicio a los dueños es que los perros parecen olvidar de pronto cosas que ya habían aprendido como “siéntate” o “quédate”. La realidad es que no buscan ignorar a su dueño, sino que se olvidan.

Sin embargo, no hay que desesperar: en algún momento, este conocimiento adquirido regresa. Cuando rondan los 12 meses, los perros de tamaño mediano suelen haber superado esta etapa crítica.

Así y todo, puede llevar hasta tres años que el animal alcance la madurez emocional plena. Cuanto más grande la raza del perro, más tarda en llegar esta etapa. ¿Pero qué hacer cuando la situación se pone peliaguda? Los expertos recomiendan brindarle al perro una rutina estable y evitar determinadas situaciones de conflicto.

Actúe de inmediato en caso de peleas

Dado que se trata de una etapa especial, los dueños también deben extremar los cuidados. Antes de creía que, en caso de conflicto, había que dejar que los perros “se las arreglaran solos”. Hoy en día se considera que esto no es muy productivo.

Para evitar conflictos, se recomienda llevar al perro más seguido de la correa, ya que si otro perro lo muerde durante la pubertad, lo más probable es que éste lo recuerde toda la vida. Y esto tendrá un impacto drástico en su comportamiento posterior frente a otros perros.

Para algunos podría ser tentador creer que se puede evitar la pubertad del perro castrándolo tempranamente. Pero nada más lejano: una castración temprana le quita al perro la posibilidad de desarrollar de forma completa su personalidad.

Además, una castración en esta etapa podría llevar a que este comportamiento indeseado se perpetúe, se consolide la inseguridad del animal y que la etapa finalmente no pase más.

¿Que quede atrapado para siempre en la pubertad? La realidad es que ese es el peor de los escenarios. A fin de cuentas, el único consuelo, tanto con los humanos como con los perros, es que en algún momento la pubertad pasa.

Por Marie von der Tann (dpa)