La mirada del coche, elegante, agresiva o clásica.

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Von niedlich bis aggressiv: Wie Gesichter das Autodesign prägenBERLÍN (dpa) – Cuando los humanos ven algo, buscan formas conocidas y descubren en muchos objetos una cara. No es diferente en el caso de los coches, por lo que los diseñadores juegan con ello muy conscientemente y buscan despertar emociones, lo que no siempre es una ventaja.

La parte delantera de un coche ofrece más margen de interpretaciones que ningún otro producto industrial.

«El patrón de ojos, nariz y boca sirve a un niño como orientación en la búsqueda de la madre y esa mirada se mantiene cuando somos adultos», afirma el experto en diseño de vehículos Paolo Tumminelli.

Por ello es normal que se busquen rostros en objetos inanimados. Los expertos lo saben. «Los ojos son los faros; el parachoques, la boca; y la parrilla, la nariz. El coche ya tiene así algo humano y uno lo siente más cercano emocionalmente», explica Tumminelli, profesor de diseño en Colonia (Alemania).

Sin embargo, no es una novedad dar una cara al vehículo. Los paralelismo fisionómicos están determinados por la tecnología y los reglamentos, explica el profesor Lutz Fügener, experto en diseño de transporte. «Mientras plante dos faros en los extremos, ya tengo media cara. El resto ya lo puede hacer por sí mismo el cerebro del que observa», agrega.

En los últimos años, las firmas han fortalecido el juego de las caras en el diseño. Con ello se pretende influir en el mundo de las emociones del comprador.

Los diseñadores siguen dos corrientes diferentes: los coches pequeños y los pensados para mujeres juegan con esquemas infantiles que despiertan instinto de protección, dice Fügener. «Ay, qué bonito, quiero tenerlo», es casi el mensaje que envían.

Por otra parte, los vehículos deportivos, lujosos y más rápidos reciben una expresión mucho más agresiva que infunde respeto y confianza en el conductor. «Por ello se recurre mucho al mundo animal», explica.

A veces los diseñadores pueden pasarse de la raya. «Con el cambio de milenio se ha acelerado la tendencia de pasar de caras simpáticas a agresivas y en todas las partes se ven pinturas de guerra y ojos rasgados», afirma Tumminelli.

Tumminelli y Fügener están convencidos de que un diseño exagerado es dañino. Un ejemplo positivo puede ser el Porsche 911: el deportivo tiene por supuesto una cara, pero no una apariencia distorsionada. «Por ello sigue siendo tan actual 50 años después y no requiere de cambios», afirma Fügener.

En Mini los diseñadores juegan con el mismo look desde hace generaciones. El nuevo modelo, que fue presentado en el Salón del Automóvil de Los Angeles, tiene de nuevo la típica «cara feliz», afirman los británicos.

A veces, sin embargo, se intenta cambiar la impresión poco a poco. Kai Sieber, que trabaja en el equipo de diseño del Smart, promete que la próxima generación del Mini-Mercedes será un poco más seria.

«Hemos mirado cientos de fotos de caras humanas hasta que estuvimos satisfechos con el nuevo rostro del Smart», asegura. «Seguirá siendo amigable, pero no será tan mono y poco a poco parecerá más serio y adulto», agrega Sieber.

Una corrección de ese tipo puede resultar arriesgada, opina el experto Tumminelli. Si el diseño de la cara de un automóvil se dirige en una dirección emocional muy determinada, la reacción del que observa puede ser negativa. «Una cara tonta puede no convencernos; una que sea demasiado simpática puede no parecer seria; y una de malo puede incluso repeler».

Por Thomas Geiger