Hace unos días estaba haciendo zapping por la TV cuando, de pronto, vi unas imágenes de personas manifestándose por el asunto de las preferentes.
Entrevistaban a una señora, ya mayor, al parecer viuda, y madre de un chico fallecido en accidente de tráfico; circunstancia que había permitido a esta señora colocar 240.000 € del fallecimiento de su hijo en preferentes en una entidad bancaria en la que, para más inri, el director era algo pariente suya y le había animado a realizar la inversión.
¡Qué pena sentí!. Pobre gente. Querían aumentar los niveles de renta en una sociedad de mafiosos y especuladores. Probablemente le ofrecieron el 6% de interés y creyeron que aquella inversión sería un seguro de vida y un dinero bien invertido para sus nietos menores, los hijos de aquel hijo fallecido. Así lo pensó cuando su pariente se lo ofreció.
Hoy seguro que ya no habla con él; es más, creo que, aunque lo intente, el otro no se pondrá al teléfono si algo de vergüenza le queda.
Aquellos sueños maternos se han diluido y aquel 6% es igual a NADA. Adiós ahorros.
Hay quien cree que lo que pasó ya pasó y que cuanto primero pase mejor. Que las calles han de quedar vacías de preferentistas. Que el mundo sigue…
¿Qué pasará con los culpables?.
P.D. Recomiendo la lectura de un artículo titulado “La banca, a veces, mata” de Gregorio Morán publicado en La Vanguardia.
Por Ángel Riego.